La Iglesia significa presencia, puente y confianza. Entrevista con Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria.

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Tras la victoria de Gustavo Fran­cisco Petro Urrego como pri­mer mandatario de la República de Colombia, se espera reanudar la negociación de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN); asimismo, poder dialogar con facciones de las Fuerzas Armadas Re­volucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) que no firma­ron el acuerdo de paz; con quienes re­gresaron a las armas luego de firmar el acuerdo, con las Autodefensas Gaita­nistas y demás bandas criminales. 

El mes pasado, el presidente de Co­lombia se refirió a las cartas que reci­be constantemente de dichos grupos: “Estamos llenos de cartas y palabras escritas pidiendo paz, pidiendo nego­ciar. Hay que pasar indudablemente a acciones y deberían significar que si se quiere la paz pues se deje de matar, que se deje de tener conflictos entre ellos mismos, que se ponga la volun­tad desarmada para negociar con los diferentes funcionarios del Estado co­lombiano, tanto del poder Ejecutivo como Judicial, y podamos andar ha­cia las posibilidades de la paz total”.

Por su parte, Álvaro Leyva Durán, mi­nistro de Relaciones Exteriores y Paz de Colombia –quien junto a una gran comitiva- viajó a La Habana, Cuba, a comienzos del mes de agosto para compartir con este gobierno el propó­sito de reconciliación en Colombia, aseguró que se aspira a “reanudar los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional, en esta tierra de paz a fin de iniciar el camino propuesto por el presidente Petro Urrego de alcanzar la paz total”.

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La comitiva estuvo conformada por: Carlos Ruiz Massieu, representante especial del Secretario General de Na­ciones Unidas en Colombia; Jon Otto Brodholt, enviado especial del Reino de Noruega; Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Confe­rencia Episcopal de Colombia (CEC) para las Relaciones Iglesia-Estado; Iván Danilo Rueda Rodríguez, Alto Comisionado para la Paz; Iván Cepe­da Castro, senador de la República; y Álvaro Leyva Durán, ministro de Re­laciones Exteriores y Paz. 

Según lo anterior, la presencia de la Iglesia Católica colombiana es funda­mental en los procesos de paz, porque “ella está dispuesta a colaborar en todo, hay una tradición con respecto a los diálogos con el Eln y natural­mente, los diálogos humanitarios en la Costa Pacífica y en otros sitios del país que son altamente complicados”, aseguró Leyva Durán. El Periódico La Verdad se comunicó con el dele­gado de la CEC para las Relaciones Iglesia-Estado, Monseñor Héctor He­nao, ya que justamente, se celebró del 4 al 11 de septiembre, la Semana por la Paz en su versión número 35, bajo el lema: “Territorios en movimiento por la paz”, donde se visibilizó el esfuerzo cotidiano de miles de personas por reconstruir el tejido so­cial, asimismo, se abrieron espacios de diá­logo y profundización en lo que sería un exitoso proceso de paz. 

La Verdad: Monseñor, ¿cuál es el papel de la Iglesia Católica en los diálogos de paz? 

Monseñor Héctor Fabio Henao Ga­viria: Debemos aclarar que no cum­plimos un papel mediador, sino que ejecutamos dos roles: acompañamien­to y apoyo al proceso, el cual tendrá otras expresiones a nivel nacional y territorial, porque se trata de acompa­ñar a las comunidades y a los sectores que han sufrido el impacto de las con­frontaciones y los conflictos; en ese sentido, la palabra acompañamiento tiene un valor con una enorme impor­tancia, porque fortalece la presencia de la Iglesia y apoya en un momento en el cual el país comienza a enrutar­se en las sendas de la construcción de paz, dando nuevamente oportunidad al diálogo. 

V.: Cuáles son los parámetros que cumple la Iglesia Católica para ha­cer parte de esta comitiva de paz? 

M.H.F.H.G.: Lo defino en tres pun­tos: 

  1. La Iglesia significa presencia junto a las comunidades.
  2. Es puente para que las negociacio­nes avancen o se logren.
  3. Crea un clima de confianza en la mesa de negociación, para que se avance de manera exitosa en la bús­queda de la paz. 

L.V.: Desde cada jurisdicción eclesiás­tica, ¿cómo se participa en un diálo­go y posible acuerdo de paz? 

M.H.F.H.G.: Se ha definido un cri­terio y es la participación ciudadana, que sea muy fuerte en varios sentidos; por una parte, en la construcción del Plan Nacional de Desarrollo, ya que esas discusiones nos van a llevar a reflexionar sobre las situaciones de desigualdad, exclusión en los terri­torios, para tratar de aclimatar la paz y que esta sea posible; pero, por otra parte, se han hablado de unas formas de participación ciudadana sobre las temáticas propias de lo que serán las negociaciones. Esa metodología aún no está definida, no tenemos claridad sobre cuál es el mecanismo que se va a implemen­tar, y que seguramente será en la mesa de ne­gociación donde se to­men esas decisiones de participación ciudada­na, pero en principio, este es el criterio fun­damental. 

L.V.: Cómo se garantiza que un diá­logo de paz no se tiña con tintes po­líticos? 

M.H.F.H.G.: La negociación de paz siempre será un asunto político, que tiene que ver con la construcción de política a alto nivel. Lo que debemos hacer es evitar que caiga en polariza­ción, porque debe apuntar como bien común, bien general de la nación y en ese sentido, sería una sana política, pensada no en intereses particulares, pensando en lo que es el país como tal y la construcción de un proyecto de nación compartida. Eso sería un gran servicio a la democracia y al país sin lugar a dudas.

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L.V.: Un acuerdo de paz, ¿cómo se ga­rantiza más allá de una firma? 

M.H.F.H.G.: Los acuerdos de paz tie­nen una fase de implementación y esta es muy importante, porque se asegu­ra que los acuerdos a los que se han llegado, se lleven efectivamente a la práctica. Entonces, está la parte de la negociación y la firma, sin embargo, se adoptan unas decisiones de común acuerdo para que hallan unas trans­formaciones en la realidad social, en la política del país, y esta es la imple­mentación de los acuerdos, que hacen parte del proceso de paz en un largo plazo. Esto conlleva a unos mecanis­mos propios, luego vendrá otra fase que es el mantenimiento de la paz, indudablemente es la prevención para que no se den nuevas conflictividades con los mismos grupos o con otros. Son etapas que van con características particulares, cada una profundamente entrelazadas. 

L.V.: A la luz del Evangelio y el magis­terio del Papa Francisco, ¿cómo se guía un diálogo de paz? 

M.H.F.H.G.: El Papa Francisco en su Carta Encíclica ‘Fratelli Tutti’ nos habla de una cultura del diálogo y del encuentro, donde indudablemente el diálogo debe tener las características de cercanía, transparencia, que supera una simple conversación, para ir hacia un reconocimiento de lo que son las otras posiciones de las demás perso­nas, y en ese reconocimiento, el diálo­go cree espacios para que la dignidad de cada quien sea reconocida de ma­nera profunda. 

El Papa nos insta a que el diálogo no sea una metodología transitoria, nos pide que sea una forma permanente de convivencia en la sociedad, que cree formas permanentes de encuen­tro, porque según lo que nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia, será un proceso de largo plazo, de escucha, aceptación de la dignidad humana de los demás, donde descubrimos que cada persona con la que estamos en diálogo, es imagen y semejanza de Dios y esa cultura de largo plazo es la que nos ayuda a realizar la voca­ción más profunda que el Señor nos ha dado. 

L.V.: San Francisco de Asís, hablaba de la paz y manifestó un profundo amor por la Casa Común, la misma que ha sido gravemente afectada por el conflicto armando, ¿cómo podremos lograr vivir y compartir esta Casa Común en paz? 

M.H.F.H.G.: En definitiva, uno de los temas que el país tendrá que abordar para la construcción de la paz tiene que ver con el cuidado de la Casa Común y la forma cómo vamos a realizar las metas propias de nuestra sociedad, en términos de que somos una sociedad bendecida por Dios con una biodiver­sidad muy importante y una geografía impresionante. La paz pasa también a ser reconciliación con la naturaleza. Nuestro medio ambiente requiere que nos reconciliemos, las tierras han sido destruidas a través de los conflictos, que afectan a las comunidades y todos los entornos.

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L.V.: Monseñor, finalmente, la invita­ción para ser artesanos de paz. 

M.H.F.H.G.: Seamos verdaderamen­te artesanos de la paz, de la reconci­liación y el perdón, eso es una meta que nos ha dado la Iglesia: compro­meternos de una manera decidida, porque la Iglesia considera que van de la mano la paz, la reconciliación y el perdón, y en ese sentido, nos pone esa meta como artesanos, y nos pide que trabajemos en ello de manera decidi­da.

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