Fotos: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Gracias a la iniciativa del Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor José Libardo Garcés Monsalve, de reactivar toda actividad pastoral, la Casa de Paso ‘Divina Providencia’ (ubicada en el corregimiento La Parada de Villa del Rosario) volvió a abrir sus puertas desde el pasado 16 de febrero, con el objetivo de atender específicamente a mujeres y niños migrantes venezolanos y colombianos retornados.

Después de cerrar el año pasado (13 de marzo de 2020), acatando las normas dadas por el Gobierno Nacional, para evitar la propagación y contagio de la COVID-19, pandemia que recién llegaba al país; la Casa de Paso continuó durante todo el año sirviendo con caridad en las parroquias, llevando mercados a familias vulnerables, alimento a los migrantes caminantes y habitantes de la calle. De todas las formas posibles, aún en medio del confinamiento, esta institución de caridad y misericordia, buscó la manera de llevar ayuda al más necesitado.

Atendiendo las indicaciones del nuevo Administrador Apostólico, se dio apertura en este 2021, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad, se empezaron a atender a 250 personas diariamente. Poco a poco se fue incrementando el aforo y a la fecha se reciben a 350, entre mujeres y niños de diferentes sectores de la frontera colombo-venezolana en Villa del Rosario. Previamente, bajo la coordinación del padre Freddy Martín Celis Celis, junto con los agentes de pastoral de cada sector, se realizó un censo, el cual arrojó un resultado de 3.000 mujeres y niños en situación de vulnerabilidad, debido al fenómeno migratorio.

Cabe destacar que, al ingreso a las instalaciones, se realiza la debida desinfección de los comensales y se verifican sus nombres en el registro. Por otra parte, la Casa de Paso ocupa un espacio de casi 2.000 metros cuadrados, donde la aglomeración es nula, de igual forma y para evitar cualquier tipo de cercanía, cada día se atienden a estas 350 personas en tres bloques: a las 10:00 a.m. ingresa un grupo, 10:30 a.m. otro y a las 11:00 a.m. se recibe al último grupo de beneficiarios. Además, cuando están sentados en las mesas, sólo se permite el núcleo familiar en una sola mesa, las cuales están numeradas y son llamadas así mismo en un orden específico para ir a retirar los alimentos servidos en la barra de la cocina.

Todo esto sigue siendo posible gracias a la caridad del Papa Francisco -que no desampara a la Iglesia aún en medio de las limitaciones-, y a los donantes que, a través del Banco Diocesano de Alimentos, contribuyen para que miles de familias no pasen un día sin un plato de comida.

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