Por: Pbro. Fredy Ramírez Peñaranda, delegado de la Comisión Diocesana de Catequesis

“Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregal, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó, y por no tener raíz se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento” (Mc 4,3-8).

Este Evangelio en particular ofrece una panorámica de la evangelización en este mundo moderno, con grandes realidades y desafíos. Cada uno de los terrenos recibe la semilla que el sembrador esparce con fe y esperanza. El campo del mundo siempre espera estos sembradores que miran al corazón y realizan su tarea de catequesis con esperanza y amor, pero sobre todo con la confianza puesta en el Señor.

Por ello, el 25 de junio del año en curso, se presentó el nuevo Directorio para catequesis después de un tiempo providencial. Ya que el primer directorio data de 1971 en pleno apogeo del Concilio Vaticano II y sus grandes reformas que planteaban una nueva manera de anunciar a Jesucristo. En 1997, después de 26 años sale la segunda edición del directorio de la catequesis enriquecido precisamente por toda la práctica y el magisterio de grandes Papas que le inyectaron vitalidad. Hoy 23 años después, era necesario realizar nuevamente una lectura de la realidad en estos tiempos modernos cargados de una cultura globalizada y digital, en donde el anuncio de Jesucristo debe permear todas las estructuras y llegar a todos en cada una de las etapas de la vida. Este directorio aparte de tener las directrices del proceso de catequesis quiere iluminar y proponer que el anuncio de Jesucristo debe ser Kerigmático, directo, alegre y que acompañe y transforme la vida.

El nuevo directorio en sus cinco partes propone los principios teológicos-pastorales, los cuales iluminan todo el desarrollo de la actividad catequética de la Iglesia. Veamos algunos puntos importantes y ejes fundantes que propone, para que la catequesis no sea simplemente un producto de consumo, sino una experiencia de fe en Jesucristo. Es decir, frente a un mundo digital y una globalización de la cultura, este nuevo directorio propone una cultura del encuentro mediante el testimonio, la misericordia y el diálogo.

El primer punto importante, es el anuncio Kerigmático, que es el eje trasversal de toda lo propuesta catequética. Un Kerigma, que es el mismo, el anuncio de Cristo muerto y resucitado, pero con la alegría de experimentar su presencia renovadora y salvadora en cada una de nuestras vidas. Es decir, este anuncio gozoso tiene que ir impregnado de vida, de un testimonio que supera los conceptos religiosos, que sale de corazón y se comunica con el corazón del otro. Un Kerigma, que no es simplemente una fórmula de fe, sino que es la vida del cristiano, es la salvación, es la alegría y la felicidad. Por eso, la catequesis más que un espacio para enseñar conceptos, debe convertirse en un caminar en la fe en donde la alegría del Evangelio llene la vida de cada uno. Donde esta experiencia acompañe cada una de las etapas de la vida y no sea un momento para recibir un Sacramento solamente, sino que proyecte la vida del cristiano para que en cada paso que dé, la huella que marque, siempre este impregnada del amor que Jesucristo manifiesta. No es que no se esté haciendo, sino que hoy más que nunca debe resonar este anuncio gozoso del Kerigma en medio de esta sociedad relativista y consumista.

En segundo lugar, nos permite ver que las fuentes de la Catequesis son: La Sagrada Escritura, el Magisterio, la Teología y la Liturgia. Pero en esta presentación profundiza y explicita, por ejemplo, la vida de los santos y de los mártires en el camino de la fe. Por una sencilla razón, y es dar a conocer el testimonio de la fe que ellos encarnaron y anunciaron con su vida hasta el final.

Más allá, de dar a conocer la biografía de un santo, es anunciar una vida llena de amor y esperanza. No simplemente dar a conocer datos históricos, sino reconocer que en esa historia siempre existe algo novedoso que convirtió su vida en la alegría del Evangelio. Es decir, personas de carne y hueso con pecados, en algún momento conducidos por Dios convirtieron su vida en una catequesis permanente, donde el gozo de servir, perdonar y sacrificarse cobra pleno sentido en el anuncio del Reino. Cabe recordar que cada una de las palabras de los santos iluminan también la vida del creyente, porque son fruto del encuentro con Dios.

Y, en tercer lugar, el desafío de la cultura digital que plantea esta sociedad moderna, en donde la catequesis debe llegar sin perder su esencia centrada en le persona humana. No se puede desvirtuar en medio de la virtualidad la libertad y la verdad.

Además, coloca el camino de la belleza, como una manera de descubrir la bondad de Dios. Dios es fuente de todo esplendor y de toda belleza en el Antiguo Testamento. Ya en el Nuevo Testamento está referido a la persona de Jesucristo. Tomando esta realidad la catequesis debe partir de la premisa que toda belleza puede ser un sendero que ayuda al encuentro con Dios, reconociendo que el criterio de autenticidad no solo puede ser estético. Es decir, hoy todo nos parece bonito y eso crea unos sentimientos, pero en el fondo todo es vacío sin contenido ni fe. Ni muchos menos con una conexión hacia lo espiritual o trascendente.  Por ello en criterio paulino es el que marca la pauta “tomen en cuenta todo cuanto hay de verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, virtuoso y digno de elogio” (Flp 4,8).

Este directorio de catequesis quiere que todos entremos en un proceso de fe, en donde se acompañe la vida de la persona no solo para recibir un sacramento sino para que realmente dé frutos abundantes en su vida cristiana. Es decir, que se requiere de una conversión pastoral donde la catequesis no solo sea un instrumento de formación sino un camino de evangelización en donde todos tengan la posibilidad de ir creciendo en la vivencia del Kerigma, que no es otra cosa, que la presencia de Jesucristo en nuestras vidas. “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gál 2,20).

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