El joven Ambrosio creció junto con su hermano en la "Puerta Negra" (Tréveris), testimonio orgulloso del Imperio Romano a orillas del río Mosela, en Alemania, ya que su padre era administrador del emperador en las provincias romanas del norte y del oeste. Estudió derecho y el arte de la oratoria.

Ambrosio se destacó tanto como miembro de un juzgado romano, que el emperador Va-lentino I lo nombró administrador de toda Liguria y Emilia, en el año de 373, cuando contaba 40 años de edad. La ciudad de Milán fue su residencia oficial. Ambrosio se encontró en Milán en una situación embarazosa. La enemistad entre arrianos y católicos perturbaba toda la vida pública. Ambos partidos querían obtener su favor, pero él desempeñó su función de tal forma, que practicaba la más estricta justicia contra cualquiera. Así sucedió una cosa muy singular. Al transcurrir un año tanto los católicos como los arrianos lo veneraban y lo admiraban en la mis-ma medida a él el seglar que se habla mantenido alejado de toda rencilla religiosa que ni siquiera estaba bautizado, aunque vivía y obraba como cristiano.

SAN AMBROSIO, obispo de Milán y Doctor de la Iglesia, 339-397

Sin embargo, la muerte del obispo Auxencio a fines del año 374, rompió con la tregua instituida. En la elección del sucesor se llegó a un escándalo y a amenazas abiertas entre los obispos, a tal grado que Ambrosio tuvo que llamar a una compañía militar para separar a los disputantes. Dentro del repentino silencio se oyó una vocecita clara que decía: "Ambrosio deberá ser nuestro obispo".

Se produjo un alboroto de felicidad y miles de personas repetían la misma solución. Tanto los católicos como los arrianos olvidaron sus odios al sonido de este nombre y de nada le sirvió al elegido rechazar esta elección ni de hacer el repetido intento de escapar. El pueblo sitió su palacio hasta que les dio el "sí". El 30 de noviembre de 374 un obispo católico lo bautizó; poco tiempo después fue ordenado de sacerdote y de obispo.

Su primera acción como obispo caracterizó el desempeño de su cargo: regaló su gran fortuna a la iglesia para beneficio de los pobres y llevó una vida de pobreza apostólica y de continuo ayuno. Fiel a sus obligaciones hasta lo último, dividía el día y gran parte de la noche entre trabajo, estudio y oración.

Los conocimientos teológicos que aún le faltaban cuando recibió la ordenación, los adquirió rápidamente con aplicación y dedicación incansables. Todos los domingos subía al púlpito y se dirigía a la multitud, que seguía con mucha atención y casi sin respirar el torrente de palabras del obispo. Cierto día se encontraba también entre los oyentes Agustín. Al lograr la conversión de aquel africano Ambrosio hizo un gran servicio a la Iglesia.

En cuanto cruzaba la calle los mendigos los pobres y los inválidos lo rodeaban como sus guardianes. Tenían el primer derecho sobre su protector. Se le partió el corazón al enterarse de que un emperador cristiano, Teodosio, al enfurecerse mando sacrificar en el circo de Tesalónica a 7,000 personas de todo sexo y edad. En una carta manuscrita invitó al emperador a un arrepentimiento público y no mantuvo relaciones eclesiásticas con él hasta que Teodosio re-conoció su pecado y se arrepintió públicamente de su infame acción.

Como pastor de todos, Ambrosio acompañó al emperador Teodosio en su lecho de muerte y rezó una oración fúnebre ante su tumba.

Dos años más tarde, el sábado santo del año 397, entregó Ambrosio su alma al Señor. Su cuerpo fue expuesto en su basílica y los catecúmenos recibieron el sacramento del bautismo en presencia del cuerpo del obispo difunto.

Ambrosio consiguió que el culto oficial a los dioses romanos fuera finalmente abolido, que el altar de Victoria desapareciera del salón del Senado en Roma y que el emperador reinante reconociera por una ley, en 380, el Credo ecuménico de Nicea.

La Iglesia lo conmemora el 7 de diciembre, porque en este día recibió su ordenación de obispo.

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