El culto a los santos Nereo y Aquileo es muy antiguo en la Iglesia. Con certeza se remota al siglo IV. Lo único que de ellos se puede decir con verdad, es lo que se recoge de la inscripción que el papa san Dámaso (304?-384), puso en el sepulcro de los santos. El texto completo es conocido por las relaciones de los peregrinos que la leían las catacumbas. Los fragmentos coleccionados por De Rossi en 1874 en las excavaciones del cementerio de Domitila, son suficientes para que tengamos el texto por auténtico, fuera de toda duda.

Santos Nereo y Aquileo

De él se deduce que Nereo y Aquileo fueron soldados y que desempeñaban el oficio de verdugos a las órdenes del tirano. Pronto se convirtieron y abandonaron la milicia, despojándose de sus armaduras. Confesaron ser cristianos y recibieron gozosos la palma del martirio.

San Pancracio fue un mártir romano, probablemente durante la Persecución de Diocleciano. Sobre él no se tiene ninguna referencia histórica. La leyenda lo hace natural de Frigia, de noble linaje. A los 14 anos fue a Roma donde lo bautizó el romano pontífice y lo instruyó en la fe cristiana. Arrestado algún tiempo después y habiéndose negado enérgicamente a sacrificar a los ídolos, se le condenó a muerte. De este modo obtuvo la corona del martirio. Una piadosa matrona llamada Octavila, ungió su cadáver y lo sepultó en la Vía Aurelia. Desde 1798 se des-conoce el paradero de su cuerpo: Sobre su tumba levantó el papa Símaco, hacia el año 500, una basílica que llegó a ser iglesia estacional de Roma.

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