Por: Wilkin Magdaniel Carvajalino, Psicólogo, Universidad de Pamplona.

“El dolor es intenso silencioso e inex­plicable sin causa real, pero con muchos efectos en la mente, que va liberando el dete­rioro de las ganas de vivir”. Si este es tu sentir, ¡BUSCA AYUDA DE INME­DIATO!

La depresión se encuentra en la lista de las primeras enfermeda­des en el mundo, se define como un trastorno del estado de áni­mo, donde prevalece la irritabi­lidad, síntomas físicos, emocio­nales y afectivos. Esta patología ha mostrado un gran crecimien­to en los últimos años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 350 millones de personas viven con depresión, un padecimiento si­lencioso que puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de in­tensidad moderada a grave, y causante de gran sufrimiento y alterar las actividades labora­les, escolares y familiares. En Colombia aproximadamente el 5% de la población sufre algún tipo de depresión. Siendo esto una de las principales causas de suicidio a nivel mundial. Se cal­cula que para el 2020 esta será la enfermedad más frecuente en el mundo, superando las cifras de las enfermedades cardiovas­culares y el cáncer.

Expresiones como: ¡tengo la depre!

Comparado con la tristeza, que es una emoción que todos los se­res humanos sienten en alguna etapa de la vida, su duración es corta y puede ser el resultado de la vivencia de alguna situación difícil. Sin embargo, la tristeza es solo una pequeña muestra de lo que puede ser la depresión, ya que este sentimiento infelicidad o angustia se hace recurrente e interfiere en la vida cotidiana de las personas que padecen esta enfermedad mental, al punto que muchas de ellas manifiestan no tener dificultades en su vida personal o no suelen sentirse tristes en lo absoluto, “es un do­lor emocional inexplicable”, la depresión puede ser transitoria o permanente, lo cual genera incapacidad, logra causar un gran sufrimiento emocional, no solo a quien la padece sino tam­bién a su núcleo familiar y so­cial. Esta enfermedad puede ir acompañada de otros síntomas tales como: ansiedad y angus­tia, que afectan el sentir, pen­sar y coordinar las actividades diarias (dormir, comer o traba­jar), también causa irritabili­dad, desconsuelos persistentes, perdida de energía, deseos de aislamiento, perdida de las re­laciones sociales, sentimientos de culpabilidad (no sirvo para nada, soy un desastre), y en los casos más graves pensamientos o intentos suicidas.

Cabe resaltar que la depresión no distingue edad, sexo, raza, posición socioeconómica o cualquier clase de condición, puede presentarse en cualquier circunstancia, aunque prevalece un mayor porcentaje en muje­res, adultos mayores y adoles­centes; según los últimos estu­dios ha aumentado el inicio de esta enfermedad mental en eda­des más tempranas.

No se ha determinado aún con exactitud los factores causan­tes de la depresión, han consi­derado diversos elementos que inciden en el desarrollo de esta enfermedad mental, tales como factores hereditarios, esto por­que es más frecuente que una persona padezca una depresión si tiene algún familiar que haya presentado esta enfermedad mental; factores físicos, como el padecimiento de enferme­dades graves; factores exter­nos, como la pérdida de un ser querido, de un empleo (duelo), o el uso y abuso de sustancias psicoactivas (alcohol, drogas), también el haber sufrido situa­ciones traumáticas como abuso sexual, físico, psicológico vio­lencia; el bullying y matoneo en los colegios y redes sociales puede ser un factor desencade­nante en niños, niñas y adoles­centes.

Existen tratamientos eficaces para la depresión, aunque más de la mitad de los afectados a nivel mundial no los reciben. Entre los factores más rele­vantes está el alto costo de los medicamentos y la atención profesional (psiquiatría y psi­cológica), además, en la actua­lidad aún se estigmatiza a las personas que sufren algún tipo de enfermedad mental.

Si bien no existe un método de prevención definido para la depresión, hay diversas formas que ayudan a evitar esta enfer­medad: mantener un buen esti­lo de vida, relaciones positivas vínculos familiares, desarrollar actividades físicas proporcional a las condiciones de cada per­sona, evitar la soledad en ex­ceso, mantener buenos hábitos de lectura, meditación, ayuda espiritual, oración, mejorar la actitud ante el estrés, que puede ser agudo (un acontecimiento infortunado) o la situación de sobrecarga emocional (estrés crónico). En los niños, niñas y adolescentes también es impor­tante el promover un modelo de pensamiento positivo, aumentar la resiliencia y mejorar la auto­estima para ayudar a manejar los problemas cuando surjan, además de un seguimiento psi­cológico es una herramienta muy eficaz en la prevención de la depresión.

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