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Desde la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco, se dirigió a la Iglesia en su Audiencia General de los miércoles, predicando sobre el libro de los Hechos de los Apóstoles, libro escrito por san Lucas que ha reflexionado por varias semanas.

Esta vez, su Santidad alentó a los matrimonios a seguir el ejemplo de Aquila y Priscila, una pareja de esposos que hospedaron en su casa a san Pablo en Corinto (Hch 18, 2), y a ser “Iglesias domésticas”.

“Demostraron tener un corazón lleno de la fe de Dios y generoso hacia los demás, capaz de hacer espacio a quien experimenta la condición de forastero”, explicó el Papa refiriéndose a los esposos.

A todos los que fueron a escucharle en su prédica, les mencionó dos mensajes que tienen estos versículos del hecho de Aquila y Priscila. “Esta sensibilidad les lleva a salir de sí mismos para practicar el arte cristiana de la hospitalidad, y abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así, no sólo acogen al evangelizador, sino también el anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo”, dijo.

“Un año y medio después de permanecer en Corintio, Pablo deja aquella ciudad junto con Aquila y Priscila, que se quedan en Éfeso. También allí su casa se convierte en lugar de catequesis. Por último, los dos esposos entran en Roma y serán destinatarios de un espléndido elogio que el Apóstol incluye en la carta a los Romanos: ‘Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús. Ellos, por salvarme la vida, han arriesgado su cabeza, y a ellos no sólo yo les estoy agradecido, sino todas las Iglesias del mundo pagano’”, relató Francisco.

Los matrimonios deben ser como “modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida con el servicio a toda la comunidad cristiana y nos recuerdan que gracias a la fe y al compromiso en la evangelización de muchos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros”, expresó su Santidad.

“Sepan abrir las puertas de sus corazones a Cristo y a los hermanos, y que transformen sus casas en Iglesias domésticas donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad”, finalizó el Papa Francisco dirigiéndose a todos los matrimonios basados en Dios.

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