Un discípulo y su maestro quieren conocer de cerca los problemas, éxitos y posibilidades del campo.  Visitan una familia muy pobre.  La casa en malas condiciones, una pareja y 3 niños vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin zapatos y tan flacos que las pulgas se fueron cansadas de aguantar hambre.  El maestro pregunta al papá como pueden vivir en tanta miseria.  Este responde que ellos son muy pobres.  Tenemos solo una vaquita que nos da para sobrevivir.  Con la leche hacemos queso para comprar lo necesario.  El sabio observa con atención la finca. No es para vivir tan pobres.  Se despiden y en el camino el maestro pide al discípulo que busque la vaca, la lleve al barranco, empujándola al precipicio.  El joven se inquieta, pues sabe que la vaca es el único medio para vivir.  Mas como recibe una orden va y la tira al abismo donde muere.  A los 2 años el discípulo regresa para contar la verdad y pedir perdón.  Pero se da cuenta que todo ha cambiado. Casa nueva, coche y caballos, árboles y jardín.  Piensa que no es la misma familia.  Pero el papá logra convencerlo que ellos siempre han vivido allí.  Cómo han hecho para cambiar pregunta el discípulo.   Este responde: antes tenía solo una vaquita que murió.  Entonces nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y de desarrollar otras actividades.  Por eso, todo ha cambiado.  Todos tenemos una vaquita que no nos deja progresar.  El mundo se reduce a muy poca cosa.  La pereza, el conformismo y el pesimismo no dejan ver otros caminos.  Es preciso echar a rodar esa vaquita del inconformismo y la apatía, para así poder alcanzar la prosperidad.

Columnas de hoy