Las campanas de San José de Cúcuta, suenan alegres a vuelo, los badajos de las campanas alegres nos regalan el timbre sonoro de la gran alegría de los hijos de San Luis, la preciosa obra de sus fieles en honor de la Santísima Virgen, se eleva al título y dignidad de Basílica Menor, regalo del Papa Francisco.

En la historia de nuestra ciudad, de nuestra Diócesis, el Evangelio anunciado con tanto amor por quienes fundaron y acompañaron la vida de estas comunidades, ha marcado siempre el derrotero de la vida espiritual de este pueblo muy noble y muy leal, como dicen nuestros títulos.

Desde el comienzo de la evangelización, la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá ha sido un signo. Ella le habla a nuestro pueblo, ella le dice a la comunidad creyente que el camino que nos lleva a Jesús pasa por su corazón y se alimenta con la fe gozosa y con la alegría con la que Ella nos muestra a su Hijo como luz del mundo y vida de todos.

En momentos de enfrentamiento entre indígenas y españoles, deseó Don Rodrigo de La Parada, dejar una preciosa imagen de fe, de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en los valles del indio KUKUTA, los pinceles y la habilidad del prestigioso pintor Alonso de Narváez nos regalaron esta imagen de preciosa y bella ternura que ha consolado y amado a su pueblo entre los ríos Pamplonita y Táchira.

Sus hijos, edificaron con alegría esta preciosa casa de Dios, el Templo de San Luis, que ha servido de lugar de fe, de celebración para el Pueblo de Dios. La casa de Dios siempre será punto de encuentro. Hogar, mesa de la vida, refugio y consuelo. Nuestros fundadores quisieron que siempre existiera un punto de referencia y un lugar en el que se pudiera alabar y bendecir a Dios y en el que se enseñara la Doctrina Cristiana.

El Lienzo de la Virgen, entregado a los ancestros, los “kukutas”, fue acogido con un título especialísimo: la ‘Kacika’, la Patrona.

Este título trasciende la mera experiencia del afecto y se convierte en una señal de pertenencia al corazón de la Madre que es madre de Dios y madre de los hijos de Dios que aquí peregrinan. El pueblo sencillo, los humildes pescadores, han amado con singular fuerza a la Madre de Dios, Clemente y Pía, que ha escuchado los clamores de sus hijos.

Poco a poco, animados por la fe, los hijos de este pueblo santo quisieron tener un espacio acorde a la grandeza y a la hondura de su fe. Toda Iglesia levantada en el corazón de una comunidad, la retrata, la identifica, la señala como familia de Dios y como pueblo santo que peregrina en la esperanza, pero que se encuentra a los pies del Señor, para escuchar la Palabra y celebrar los Sacramentos. La edificación material representa cuanto se ha construido en la fe, en los profundos valores espirituales y de familia, que los hijos de San Luis y de Cúcuta entera han vivido.

Las Iglesias son distinguidas con títulos especiales: la Catedral, sede del Obispo, es la casa de todos y el signo de comunión de la Iglesia Diocesana; las parroquias, son el hogar de la fe; las capillas y lugares de culto, nos recuerdan cómo Dios quiere estar cerca de su pueblo y lo acompaña santificándolo en estos lugares de oración y celebración.

Por una bondad única y especial, que entendemos como un  reconocimiento a la fe de este pueblo nuestro, el Papa FRANCISCO ha acogido la petición que le hicimos, reiterando la que en su momento presentó Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, p.s.s. y ha concedido el título de Basílica Menor a nuestro Templo de San Luis, Santuario de la Santísima Virgen, la ‘Kacika’, honrándonos a todos con su predilección y expresándonos de este modo su cercanía, su estimulante bendición, su reconocimiento a la fe y a la nobleza espiritual de esta comunidad que, de tantos modos, manifiesta que su fe se vuelve caridad, acogida, fraternidad.

La palabra “Basílica” proviene del latín basílica, que a su vez se deriva del griego basiliké que significa “casa real”. En los tiempos del Imperio Romano, una basílica era el lugar donde se ubicaba el tribunal de justicia y donde, los que pertenecían al imperio, se encontraban con su señor y monarca.

Este título prevaleció para algunos edificios que fueron edificados en las mismas basílicas romanas del tiempo del imperio y que se convirtieron en Iglesias. A lo largo de la historia, los Papas han otorgado el título de “Basílica” a un templo por su importancia espiritual e histórica. Una Basílica es el centro espiritual y de evangelización de una comunidad y sirve también para difundir una devoción, una experiencia espiritual singular, como por ejemplo el cuidado de los enfermos, el recuerdo de algún suceso extraordinario.

Por eso, las Basílicas también acogen tesoros sagrados de la Iglesia Católica, como las tumbas y reliquias de santos; las Imágenes que, como la ‘Kacika’, nos indican la permanente experiencia de anuncio del Evangelio, la proclamación de las verdades de la fe y la expresión de un especial culto a Dios que nos ha dado en María, un signo elocuente de su predilección y de su amor paternal.

La Basílica será para nosotros un signo de fe, de vivencia de la liturgia en forma solemne.  Será un lugar de amor al Papa FRANCISCO, orando por sus intenciones, por sus necesidades y esfuerzos en ser el “Centro de la Unidad de la Iglesia”, será el lugar donde difundamos su enseñanza con gran fuerza.

Felicitémonos mutuamente: La Basílica exalta la fe del pueblo que allí se reúne, nos indica cuánto nos ama el Papa que, personalmente, con expresa voluntad, nos regala en este título su muestra de cercanía y su esperanza de que sigamos siendo el Rebaño de Jesús, que, con el cariño de la ‘Kacika’, sigue predicando el Evangelio  y viviendo la caridad.  Felicitaciones a su párroco, Mons. Israel Bravo Cortés, a sus fieles y colaboradores, que han reparado bellamente el Templo Basílica y han dispuesto todo para estas celebraciones que permanecerán en la memoria histórica de la fe de esta noble Ciudad de San José  de Cúcuta.  Es una página de gran valor para la historia de fe de nuestra Ciudad.

A los pies de la Madre del cielo, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, repetimos: “Oh Virgen Clemente y Pía, escuchad nuestros clamores”, protege a Cúcuta, sus fieles, familias, niños, ancianos, trabajadores, a los sacerdotes, los religiosas y religiosas, los seminaristas.

¡Alabado sea Jesucristo!

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