Una señora se acerca a un niño harapiento y descalzo.  El niño entretenido, mira unos zapatos en el vitrinal de un lujoso almacén del centro. Quiere que el Niño Jesús se los regale en Navidad. La dama lo observa detenidamente y luego le toma de un brazo y lo entra al negocio. Le compra tres pares de zapatos y calcetines. Busca un platón con agua y una toalla. Ella misma le lava y le seca los cansados pies. Además de esto, le compra un pantalón y una camisa. Luego despide al niño con un beso y un abrazo. El muchacho más contento que cerdito estrenando lazo, pregunta a la señora: ¿Acaso usted es la mamá del niño Dios? Ojalá que en la frontera se repitiera esta escena. Son muchos los niños pobres que esperan el regalo del Niño Dios. Cuántos papás del Divino Niño pueden sentirse como tales en esta Navidad. Es la manera de vivir el misterio del Señor que llega por los buenos corazones a los necesitados. No nos quedemos con el solo canto de los ángeles o mirando la estrella del Belén. Tampoco nos vamos a contentar con los reyes magos y los príncipes que visitan al niño, con los pastores, ovejas y las pajas del pesebre.  Navidad es algo más. Nos pide una obra y esa acción de Navidad es encontrar al perdido y curar al herido. Navidad nos pide alimento para los pobres y vestido para el necesitado. Una tarea navideña es visitar los enfermos y las cárceles. Ser mensajeros de paz entre los hermanos para que cese la violencia y la corrupción. Obra de Navidad es alegrar los corazones con el canto y la música. Trabajar todos a una por la nación buscando caminos de paz.

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