Allí el panadero del barrio quiere conocer a Jasel el gran maestro.  Este va a la panadería disfrazado de mendigo. Toma un pan de la canasta y empieza a comer. El panadero al verlo se enfurece y empieza a darle golpes hasta echarlo a la calle.  Un discípulo que llega en ese momento grita: Pero cómo, ¿tú estás loco? No te das cuenta que acabas de expulsar al gran maestro que querías conocer?

Avergonzado y más obediente que marido pobre, el panadero se acerca al maestro y le pregunta qué debe hacer para que le perdone la falta.  El gran líder espiritual le pide que le invite a cenar a Él junto con sus discípulos.  El panadero los lleva al mejor restaurante y pide los platos más caros.  Estando en la cena el maestro toma la palabra y dice: Es así como se distingue el hombre bueno del hombre malo. Este hombre, señalando al panadero, es capaz de gastar 10 monedas de oro en un banquete, porque soy célebre, pero, es incapaz de darle un pan a un mendigo hambriento que llegue a la panadería. Hoy también se repiten en nuestras comunidades hechos como este, más peligrosos que tiroteo en ascensor. Muchas familias echan la casa por la ventana al celebrar un sacramento para sus hijos, mientras son incapaces de enseñarles a compartir con los vecinos pobres un pedazo de pan.  Cuantas obras parroquiales, Basílicas y Catedrales son muestras de poder y vanagloria mientras los pobres sufren el abandono o se les ignoran simplemente.

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