Por: Pbro. Luis Jesús García Velasco, vicario parroquia San Antonio de Padua (Centro).

El coronavirus ha cambiado en cues­tión de semanas la forma en como percibimos el mundo y gran parte en las maneras de relacionarnos. En mo­mentos de crisis algunos estamentos so­ciales cambian al ritmo vertiginoso que les obligan las circunstancias. La edu­cación por su esencia e importancia va más lento. Aun así debido a la realidad que afronta la humanidad, los procesos académicos han tenido que repensarse, adaptarse y evaluarse a una velocidad im­presionante.

Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación (Unesco), cerca de 1.370 millones de estudiantes de 138 países se han visto afectados por el cierre de colegios y uni­versidades.

Vemos con esperanza y consuelo la ca­pacidad de adaptabilidad de instituciones y profesores, quienes han asumido con responsabilidad y entusiasmo las nuevas condiciones de la educación, por el bien de los estudiantes. Las redes sociales abundan en ejemplos de maestros que se enfrentan al basto océano virtual para llegar a sus estudiantes en cuarentena. Ya es groseramente insuficiente la simple lla­mada por teléfono.

Pero ¡Atención! La educación virtual no se limita a grabar una clase y colgarla en YouTube o a realizar guías en PDF para ser desarrolladas por los estudiantes y reenviar. Se evidencia en medio de esta transición de lo presencial a lo virtual, la injusta y anacrónica brecha tecnológica entre unos y otros sectores de la sociedad.

Algunas instituciones y comunidad edu­cativa han de continuar con sus procesos académicos con clases en vivo y platafor­mas muy bien diseñadas para su interac­ción; por el contrario muchos estudiantes desarrollan actividades no alineadas con el propósito de aprendizaje. Una Sopa de letras NO es suficiente para los estudian­tes.

Lo más grave: Aquellos educandos y for­madores que no han hecho nada ya que no tienen acceso a los materiales o cone­xión a internet. Si se extiende la escola­ridad virtual, la diferencia entre públicos y privados va a ser mucho más grande y desigual.

Los elementos lúdicos y de interacción social se verán seriamente afectados y esto influirá grandemente en la sociedad futura.

Sin embargo los docentes se están aco­plando, se están reinventando. Los pro­fesores han aprendido nuevas habilidades para llegar virtualmente hasta sus estu­diantes, de una manera desarticulada pero muy apreciable. Sin duda están cambiado la forma de enseñar y de formar a sus pu­pilos.

Existen muy buenas ideas de democrati­zación de los procesos de formación vir­tual y un buen porcentaje de instituciones han sido beneficiarias de estos nuevos elementos. La mayoría de colegios de carácter privado han puesto a disposi­ción sus programas académicos para la comunidad educativa; se formaliza una interacción constante y fructífera con los estudiantes y padres de familia.

La atención tanto de las autoridades res­ponsables como la de los ciudadanos de a pie debe estar puesta en aquellas comuni­dades e instituciones que no cuentan con formación, acceso y estructura virtual, esto se presenta como un gran reto a la institucionalidad y a la sociedad. A con­tinuación presentamos algunas ideas con las que podemos aportar a este desafío absolutamente relevante para la sociedad:

  1. Demos prioridad a la relación: Es­tudiantes - profesor y estudiante - estu­diantes. Procuremos que los encuentros virtuales permitan profundizar en estas interacciones sociales.

 

  1. Es imposible hacer lo que se hacía cuando la modalidad era presencial. Es importante examinar los pla­nes de área para enfocarse en lo elemental. Tener en cuenta las limitaciones de tiempo y de espacio.

 

  1. Interacción completa con la comunidad educativa. Es imprescindible el acompaña­miento de los padres de fami­lia en el proceso de formación.

 

  1. Los estudiantes deben ser más inde­pendientes en su aprendizaje. En la me­dida que se brinde a los escolares los mé­todos y las instrucciones correctas, ellos serán capaces de enfrentarse a los proce­sos de enseñanza.

 

  1. Los docentes deben ser más objetivos a la hora de evaluar ya que cada estudian­te tiene una realidad diferente y su am­biente de formación ya no es el aula sino el hogar con sus múltiples realidades.

 

  1. Aprovechemos para quitar lo que so­bra del proceso de aprendizaje y enfoqué­monos en lo más relevante e importante.

 

  1. No todo el que cumple aprendió y vi­ceversa. Si un estudiante no desarrolló un trabajo debemos averiguar porqué y ser flexibles, planteando otra forma de eva­luar tal desempeño.

 

El tiempo que vivimos no está escrito en ningún libro, ni siquiera se narra en una buena serie. Este tiempo nuevo y di­ferente necesita estudiantes y profesores nuevos y diferentes.

A estas alturas de la incertidumbre aún no sabemos cuándo pasará; lo único justo y necesario es la certeza de que no vol­veremos a la normalidad; la normalidad estaba mal. Cuando esto pase tendremos que ser mejores, tenemos este tiempo de reflexión para aprender a ser verdaderos seres humanos a imagen del Creador.

 

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