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“La oración es la elevación de la mente a Dios para alabarle y pedirle cosas convenientes a la eterna salvación” – San Juan Damasceno

Toda persona que quiera llegar al cielo, porque su único anhelo es estar junto al Padre que le ha creado, debe orar, y orar bien. Existen muchas prácticas católicas o devociones a los santos, o demás cosas con las que se tenga más afinidad. Pero la oración, no es una opción para la vida de un cristiano.

Jesús enseñó siempre la importancia de la oración, y lo realizó en los momentos más importantes en su vida: Cuando el Padre dio testimonio de su bautismo, su Transfiguración, antes de entregar su vida por la humanidad, antes de elegir y llamar a los doce apóstoles, y demás hechos relevantes. Esto para comprender que sin informarle a Dios el plan que se va a realizar, no se puede continuar. Es su voluntad, más no la del hombre.

“El que ora se salva ciertamente, el que no ora, ciertamente se condena”, así lo decía constante san Alfonso María de Ligorio. Por lo tanto, se debe tener en cuenta los frutos que trae la oración:

  1. Saca del pecado: Ya que restablece con su Padre que está en el cielo.
  2. Acrecienta el amor: Al hablar más con Él, las personas comprenden lo importante que es no dejarle de contar todo, al que lo puede hacer todo.
  3. Da a conocer la voluntad de Dios: Enseña a comprender “hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10).
  4. Da fuerza en la tentación: Ayuda a dar un No al Sí (No a la tentación en la que el maligno Sí quiere que caiga).

Para poder tener aquel diálogo con la Santísima Trinidad se es recomendable acomodar el tiempo para no realizar todo con afanes, estar en un lugar cómodo donde nada interrumpa, y mantener una postura adecuada ya que hay que disponer el cuerpo y el alma.

Para una buena oración sigue este método que ayudará a mantener el orden correcto de cómo dirigirse al que tanto les ama:

  • Acción de gracias: por todo aquellos por lo que el Señor bendice su vida.
  • Petición de perdón: por las veces que se le ha ofendido a causa del pecado.
  • Alabanza y adoración
  • Petición por los demás: orar ante el Padre por todas aquellas personas que lo necesitan.
  • Petición por las propias necesidades.
  • Escuchar la voz de Dios, y tener un propósito de cambio.
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