Esta es la historia de un muchacho que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día el muchacho clavó 36 clavos. Durante las semanas siguientes y a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos en la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.  

Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada vez que controlara su genio. Pasaron los días, el joven pudo comunicar a su padre que no quedaban más clavos por retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta y le dijo: “Has trabajado duro hijo mío, pero, mira todos esos hoyos en la puerta, nunca más será la misma; así, cada vez que pierdas la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. 

Buena lección para la familia, la escuela y la sociedad. Aquí se nos invita a invertir toda la energía vital en conocer y saber manejar las emociones. Trata de lograr un dominio sobre sí mismo. De esa manera, alcanzarás un autoconocimiento y autocontrol en el camino de la vida. Así podrás ajustar tu vida al arte del amor y hacer que tus relaciones sean gratas y armoniosas sin caer en un perfeccionismo tonto.

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