En Estos días todos sentimos profunda tristeza y estamos preocupados por el camino que algunos de los miembros de los hombres que hacían parte de las FARC han asumido, al tomar nuevamente la opción por las armas.

Todos tenemos esperanza de poder recorrer y consolidar las opciones por la PAZ, que tanto necesita Colombia. Con grandes dificultades, con una confrontación ordenada y larga, con la participación de muchos que de buena fe buscaban consolidar un proyecto social y económico para hacer callar las armas, se logró un espacio para la PAZ.  Los acuerdos alcanzados en La Habana, abrieron un horizonte de entrada en la democracia y en un camino de reconciliación para muchos de los alzados en armas, que superan hoy los diez mil.   Ciertamente, tenemos que reconocer las falencias y las imperfecciones del proceso, pero es más importante el horizonte de la reconciliación, la novedad del tiempo de consolidación de la paz que se abrió con estos acuerdos.

En este sentido, las nuevas situaciones de rebelión contra el Estado, no dejan de preocupar a la comunidad entera, también a los hijos de la Iglesia. Deseo compartir, con ustedes, queridos lectores de LA VERDAD, estas sencillas reflexiones, fundamentadas en las palabras del Papa FRANCISCO durante su Viaje Apostólico a Colombia en el año 2017.

Con los ojos puestos en el sufrimiento de las personas concretas

Estas situaciones a las cuales nos enfrentamos tocan al hombre concreto, al colombiano que vive en los territorios alejados y en las grandes ciudades. El Papa FRANCISCO nos invitó a tener la mirada puesta en el hombre concreto, nos decía el Santo Padre:

“Les ruego tener siempre fija la mirada sobre el hombre concreto. No sirvan a un concepto de hombre, sino a la persona humana amada por Dios, hecha de carne, huesos, historia, fe, esperanza, sentimientos, desilusiones, frustraciones, dolores, heridas, y verán que esa concreción del hombre desenmascara las frías estadísticas, los cálculos manipulados, las estrategias ciegas, las falseadas informaciones, recordándoles que «realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium Et Spes, 22). (FRANCISCO, Discurso del  7 de septiembre 2017, encuentro con los Obispos de Colombia).

Es necesario fortalecer el camino de la PAZ, de frente a los grandes sufrimientos de tantas personas, en el recuerdo de las víctimas que han perdido su vida en esta lucha entre hermanos. Cuanto sufrimos, y seguimos sufriendo, con proyectos violentos en nuestra patria tiene que hacernos pensar en que hay un nuevo horizonte posible, un trabajo y tarea a favor de la PAZ en nuestra comunidad.

En estos momentos no podemos olvidar a las víctimas, a todos los que han sufrido en estos decenios de guerra, a tantos hombres y mujeres sencillos que han caído en esta locura de la violencia y de posiciones confrontadas, desde todos los ángulos. Situaciones que han dejado huellas y marcas que no se borrarán fácilmente en el corazón y en la vida de tantos hombres y mujeres de nuestra comunidad. Necesitamos entrar profundamente en la verdad, en los hechos, para encontrar sus causas y con ello, recorrer el camino de la RECONCILIACIÓN.

Un itinerario de Paz y Reconciliación

El Santo Padre FRANCISCO nos invitó a caminar en un itinerario de PAZ y RECONCILIACIÓN, un camino posible para todos nosotros, una llamada que no puede aplazarse más, ni encontrar excusas, tal vez con lecturas políticas, para vivir esta novedad de vida y de esperanza:

“Vengo para anunciar a Cristo y para cumplir en su nombre un itinerario de paz y reconciliación. ¡Cristo es nuestra paz! ¡Él nos ha reconciliado con Dios y entre nosotros! “(FRANCISCO, Discurso del  7 de septiembre 2017, Encuentro con los Obispos de Colombia)

La PAZ y su fortalecimiento pasan necesariamente por la RECONCILIACIÓN, que es una actitud de perdón, de comprensión, de búsqueda de la fraternidad entre hermanos. Siempre con pasos claros hacia la justicia y la consolidación de modelos de vida justa que vaya a dar a cada uno de los ciudadanos la posibilidad de disfrutar de bienes materiales, para completar todas sus necesidades y urgencias, como lo enseña la Doctrina social de la Iglesia.

Es una tarea, la RECONCILIACIÓN, a la que tenemos que apostar todos y empeñarnos en primera persona para vivir realmente espacios de PAZ.  Dice el Papa FRANCISCO:

“Cristo es la palabra de reconciliación escrita en sus corazones y tienen la fuerza de poder pronunciarla no solamente en los púlpitos, en los documentos eclesiales o en los artículos de periódicos, sino más bien en el corazón de las personas, en el secreto sagrario de sus conciencias, en el calor esperanzado que los atrae a la escucha de la voz del cielo que proclama «paz a los hombres amados por Dios»” (Lc 2, 14). (FRANCISCO, Discurso del  7 de septiembre 2017, encuentro con los Obispos de Colombia).

Todos tenemos que hacer esta opción por la reconciliación, en lo profundo de nuestros corazones, opción que nos renueva y rehace la capacidad de diálogo entre todos nosotros, buscando caminos en los cuales de verdad se dejen atrás las armas y las opciones violentas.

La reconciliación pasa necesariamente por la vivencia de la Justicia, en la cual cada uno debe recibir lo que le corresponde, según sus actos y acciones. Una JUSTICIA que pasa por la verdad y por el reconocimiento de los propios errores y fallas, por una  clara opción por dejar la violencia y el recurso a las armas.

Esta opción tiene que ser una opción por la vida, por el respeto de las personas y de ese don sagrado que es el derecho a la vida humana.  Todavía hoy siguen cayendo tantos hermanos y hermanas, hombres y mujeres que están al servicio de la comunidad.  Esto nos llena de tristeza y rompe la esperanza.

La llamada del Santo Padre a dar el PRIMER PASO A LA PAZ, tiene que consolidarse entre nosotros, tiene que hacer que todos hagamos esta opción por la justicia y la misericordia, por el perdón y la reconciliación.

“Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz”. (FRANCISCO, Discurso, Parque Las Malocas, Villavicencio,  8 de septiembre de 2017).

Es el momento de grandes opciones para fortalecer, cuidar, animar a quienes han hecho la opción por la PAZ, haciendo callar las armas y abriendo espacios para la participación en la construcción de una comunidad llena de esperanza y de oportunidades para todos. Es el momento de unirnos todos en torno a la PAZ y la RECONCILIACIÓN.

También es el momento de llamar a la cordura, a una profunda reflexión a quienes han optado por las armas.  En la violencia no hay futuro, hay solo muerte, desorden, violación de los derechos de las personas y el crecimiento de las víctimas.  Todavía hay espacio para consolidar la PAZ y las opciones por ese nuevo tiempo de esperanza en nuestra Patria Colombia.  Es necesario cerrar la “horrible noche” que toca a los colombianos.  El camino de la PAZ es irrenunciable, es el único que podemos recorrer y del cual todos tenemos que convencernos a potenciar y fortalecer.

Para quienes somos creyentes, es bien importante la fe y el claro reconocimiento que CRISTO ES NUESTRA PAZ (Efesios 2, 14-16), con sencillez y humildad pidamos este don precioso.

Con la oración y la confianza en Dios podemos contribuir todos, pidiendo a Dios el don de la PAZ  y la RECONCILIACIÓN.

¡Alabado sea Jesucristo!

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