Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid

 

Como resultado del trabajo del Sínodo sobre la familia, que se realizó en el Vaticano en el mes de octubre de 2015, el Santo Padre Francisco ha publicado un texto, una Exhortación Apostólica, en la que la Iglesia, la Madre sabia, enseña y traza caminos para la familia cristiana. El título es bien significativo: “La alegría del Amor”, Amoris Laetitia, en lengua latina, como es costumbre nominar los documentos pontificios.

Es un documento que quiere responder a las situaciones actuales de la familia y que quiere fortalecer el camino de respuesta generosa de muchos hombres y mujeres del tiempo actual que vivimos.

Parte de una vocación universal en la que la familia debe vivir: alegría en el amor, continúa con un recorrido admirable por la Sagrada Escritura en el que se describe la identidad de la familia, la realidad de la pareja humana (hombre y mujer), de los hijos y la participación de la familia en la cruz de Cristo y en su victoria (Capítulo I).

La Iglesia, como la Madre sabia, demuestra que conoce la familia y sabe sus realidades, sus límites, sus retos (Capítulo II). La identidad que Cristo le da a la familia genera luego la autoridad con la que la Iglesia propone el evangelio de la familia (Capitulo III), recordando la identidad del Sacramento del Matrimonio, las situaciones complejas de las diversas “modalidades” de familias leídas con caridad objetiva y con las tareas que la Iglesia misma tiene en la promoción y la defensa de esta Institución fundamental para la comunidad humana.

El amor en el matrimonio es presentado en el Capítulo IV, desde una lectura del cántico del amor del Apóstol San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, capítulo 13, en todos los aspectos: paciencia, tolerancia, comprensión, alegría, para pasar luego a la expresión concreta del amor que hace la familia, que se siente y se vive en su manifestación física y emocional. Con valor profético se anuncian también las diversas realidades del amor y la necesidad que tienen de ser iluminadas y acompañadas desde la fe.

El Capítulo V, habla de la fecundidad del amor cristiano, en el inicio de la vida, en la vida de pareja, en la proyección hacia los hijos, hacia los ancianos, hacia las distintas etapas de la vida.

El Capítulo VI presenta una dimensión pastoral, la Iglesia se sabe “Maestra de la familia” para prepararla, para acompañarla en la fe, para ofrecer palabra de vida en el camino, en sus crisis, en las rupturas y en su final.

El Capítulo VII habla de la familia educadora y de la Iglesia que enseña a enseñar en la familia: la familia formada y formadora, su papel en el crecimiento integral de los hijos, de su preparación para la vida en todos los aspectos, incluso de una sana y sabia educación sexual.

El capítulo VIII recuerda que la Iglesia, Maestra de misericordia, sabe orientar las situaciones anormales, las experiencias críticas y dramáticas, sabiendo ofrecer aliento y esperanza sin que se resienta la familia.

El último Capítulo le recuerda a la familia su dimensión espiritual, su carácter de comunidad orante y anuncia una espiritualidad del amor, que le ponga metas y estímulos a la vida familiar, la renueve y haga de ella una comunidad que acompaña, cura y santifica la vida propia y la vida de la humanidad.

El Santo Padre Francisco nos invita a una lectura atenta, cuidadosa, serena de este documento que tanto tiene que regalarnos a todos los hijos de la Iglesia. En otros momentos volveré sobre este precioso recurso pastoral, que ha sido preparado con los aportes de los Obispos del mundo en una profunda reflexión animada de un gran interés pastoral.

Todos conocemos como la familia vive una profunda crisis en el mundo actual, donde es atacada por muchas y muy diversas situaciones sociales y culturales, que han tocado y destruido el valor del Sacramento del Matrimonio.

Este documento es una gran oportunidad para entrar profundamente en los valores y elementos precisos de lo que es la familia, en temas morales, doctrinales y espirituales. Esta reflexión es necesaria, hecha en forma serena y precisa. Creo que el Papa nos ofrece realmente unos elementos fundamentales para el crecimiento de nuestra comunidad, en un tono muy diverso, un tono positivo para todos nosotros.

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