Por: Ana María Ibarra.  www.presencia.digital

La enfermedad y el sufrimiento de una persona entristece su espíritu y el de sus familiares, por ello atender y orar por los enfermos no es sólo una responsabilidad de la familia del enfermo, sino de todos los cristianos ya que visitar a los enfermos es una obra de misericordia solicitada por la Iglesia.
Así lo explicó el padre Istibal Valenzuela, párroco de San Isidro Labrador, quien reflexionó sobre la mejor manera de acompañar y orar por los enfermos, así como compartió algunos consejos prácticos para una mejor atención.

Aquí la entrevista:

 ¿Cómo debemos orar por los enfermos?

El sufrimiento y la enfermedad han constituido uno de los más grandes problemas que perturban el espíritu. Una de las cosas que han interesado siempre a la persona humana y por lo tanto a la Iglesia, es el sufrimiento y la enfermedad. Cuando experimentamos dolor pedimos el auxilio de la fe para comprender profundamente el misterio del sufrimiento y también para vivir el dolor con valor.

En nuestra oración hay que pedir a Dios la fe del enfermo para soportar su dolor con valor y que una su sufrimiento al de Cristo, porque el dolor es purificante. Hemos de orar por la persona y su sanación interior, que es lo que importa a Jesús. Recordemos el pasaje del paralítico: lo primero que Jesús le dice es “tus pecados te son perdonados”. Primero le perdona sus pecados y después lo sana físicamente. Aquí queda claro que lo que más le interesa a Jesús es una sanación integral que va desde lo más fuerte. Por lo tanto, debemos orar por los enfermos con fe de que Dios dará la sanación, a su tiempo y a su forma. Además, hemos de orar para que el enfermo, la familia y nosotros los cristianos comprendamos que la mediación más fuerte para sanar que Dios tiene, se llama ciencia médica. Es importante orar por los médicos y enfermeras, porque ellos son el brazo derecho de Dios.

El ritual nos dice que quienes visitan a los enfermos deben ayudarlos a orar, no tanto orar por ellos, sino orar compartiendo con ellos la Palabra de Dios.

En la oración ¿Pueden los seglares imponer las manos a un enfermo?

La Iglesia no tiene algún documento que lo impida. Lo que sí señala nuestro Ritual de enfermos, es que la imposición de manos es un signo que acompaña el sacramento de la Unción, un gesto sacerdotal. Cuando se celebra un sacramento solamente el sacerdote impone las manos, pero hay que tomar en cuenta que la función sacerdotal en la familia la realizan el padre y la madre de familia. Una madre de familia, cuando ora por sus hijos en su hogar, puede orar con todos los gestos, entre ellos imponerles las manos, no como un sacramento, sino como un signo de la potestad divina que tiene sobre los hijos. Algo tan sencillo como un sacramental, por ejemplo, la bendición que un papá o una mamá da a sus hijos, tiene el mismo poder espiritual que la de un sacerdote los domingos en misa, porque ejercen la potestad divina y en nombre de Dios alimentan y educan, y en el nombre de Dios bendicen. Entonces, en tu casa, con los tuyos puedes hacerlo, pero no es un ministerio al servicio de la comunidad. Cuando una persona está enferma, haces un signo para acompañar la oración, pero que se debe usar con mucha prudencia, porque es un signo de los sacramentos. No es que no lo deban hacer, pero si se quiere guardar su fuerza simbólica, se debe aclarar que es para los sacramentos, no para cualquier oración. Lo que sana es la fe de la persona que ora y la fe de la persona que recibe la oración, no la imposición de manos.

 ¿Cuándo se debe pedir la unción?

En la carta de Santiago está el fundamento bíblico de la unción a los enfermos y dice: “Si hay algún enfermo entre ustedes, que llame a los presbíteros de la Iglesia que oren por él y le unjan con aceite. La oración, hecha con fe, sanará a la persona enferma y si tiene pecados, que se le perdonen”.

Se debe pedir la unción cuando empieza una enfermedad grave que puede llevar a la muerte, pero no cuando está en el momento de morir. El Concilio Vaticano II con referencia a la extremaunción pide que la llamemos Unción de los Enfermos ya que concretamente la unción puede administrarse varias veces a la misma persona enferma. En la vejez también se debe ungir a las persona. Recuerdo al padre Jaime Melchor (formador del Seminario) que cada mes ungía a las personas mayores porque una persona mayor está en más riesgos físicos que pueden provocar su deceso.

 ¿Debemos pedir la salud del enfermo o la voluntad de Dios?

La voluntad de Dios es que el enfermo sane, pero no podemos nosotros decirle a Dios cómo hacer las cosas. A veces pedimos hasta la muerte de la persona para que ya no sufra, y es una manera en que Dios sana al quitarle todo el sufrimiento, pero debemos de decir “Señor, que se haga tu voluntad”, como la oración de Cristo en el huerto: “Si es posible que apartes de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

La enfermedad es la experiencia que más une a las familias para rezar, para pensar en la propia muerte y de cada uno de los miembros de la familia. Recomendaría ver la película “Un monstruo me visita”, que habla de la enfermedad de una mujer y el sufrimiento de su hijo.

 ¿Algo más que desee agregar?

Es importante acompañar a los enfermos y orar con ellos, pues ello va a suscitar que ellos oren. Todo cristiano deberíamos hacer esa obra de misericordia varias veces en nuestra vida, visitar a los enfermos, no sólo familiares, sino vecinos, amigos.

Quiero resaltar la labor que están haciendo algunos jóvenes de parroquias que están llevando comida a los hospitales. A veces se nos olvida que hay personas extrañas que están enfermas, pero no dejan de ser hijos de Dios.

Recordemos que los primeros hospitales nacieron en la Iglesia para atender a los enfermos en comunidad. Afuera de los hospitales hay personas que necesitan que les llevemos una oración, una palabra, un burrito.

Pidamos que Dios nos conceda a las comunidades parroquiales poder atender afuera de los hospitales a los familiares de los enfermos. A los sacerdotes, en memoria del padre César Mendoza, los invito a volver a organizar una pastoral de atención a los enfermos más solícita. El Padre César nos reunía los jueves en el Seminario y nos pedía a los sacerdotes una hora para atender los hospitales. Pediría a toda la comunidad que oren para que los sacerdotes podamos organizar la Pastoral de la Salud enviando a nuestros laicos a orar por los familiares, mientras nosotros atendemos a los enfermos adentro.