Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Por: Hernando Perdomo Gómez, Abogado – Politólogo; Consultor Político; Profesor de la Catedra de Ciencia Política, Universidad Libre – Cúcuta.

En condiciones normales el tema de la ayuda humanitaria - imparcial, neutral y con independencia operacional - constituye un bálsamo para las múltiples necesidades de una población, carencias que tienen su origen es calamidades de orden natural, enfermedades, desajustes económicos y/o políticos que impiden el cumplimiento de los fines del Estado.

Es decir, ante la imposibilidad de un Estado de satisfacer las necesidades de la población, es “normal” que se recurra a la comunidad internacional para obtener los recursos que se requieren para paliar sus elementales necesidades, hasta aquí todo resulta claro. El problema radicaría, en que el Estado receptor encuentre en la ayuda humanitaria una violación al principio de no intervención. Y fundamente su posición en la vulneración a la soberanía como un valor absoluto. Máxime cuando esa ayuda proviene, en parte, de un Estado ideológicamente contrario al modelo del socialismo del siglo XXI que impera en la nación venezolana, y que curiosamente hace apenas pocos días era su principal socio comercial.

¿Cómo explicar a la menesterosa población venezolana que la solución a sus necesidades, que se encuentra a pocos metros, no se puede recibir porque se estaría “violando la soberanía nacional”?  Es necesario y urgente que el Gobierno de turno replantee este vetusto concepto de soberanía como un valor absoluto y comprenda, de una vez por todas, que por encima de su manida soberanía se encuentra el bienestar de su población y los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Es posible, que en el marco de esa ayuda humanitaria -provenga de donde provenga- se encuentren las vacunas que hace mucho tiempo no se proveen a la población infantil condenándolos a enfermedades que se creían erradicadas del territorio venezolano.  Ya se habla en los círculos científicos de una generación perdida.

No hay duda de que en esa ayuda humanitaria se juega un pulso político importante, la oposición obtendría una victoria al lograr el ingreso de esos contenedores a territorio venezolano. Por otra parte, se constituye en un punto de honor, y apenas consecuente con su discurso antiimperialista, para el oficialismo el no permitir el ingreso. Sería la punta de lanza del ingreso de fuerzas extranjeras a territorio venezolano y el comienzo del fin para un gobierno déspota y espurio.

En estos casos la historia ha demostrado una y otra vez que la responsabilidad de romper este perverso esquema cegado por intereses mezquinos, radica en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), factor decisivo y cimiento de la dictadura. El daño ya está hecho: torturar, atropellar a la población y desconocer el legítimo derecho a la protesta, constituyen delitos de lesa humanidad. Es un momento crucial, la historia condenará al Ministro Padrino, comandante de las FANB, quien, teniendo la oportunidad de evitar un innecesario derramamiento de sangre, se muestra incondicional y firme al lado del dictador.

 

Columnas de hoy