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La idea de que las decisiones que tomamos no dependen enteramente de nosotros, puede resultar aterradora. La consciencia y la libertad son “nuestros superpoderes”, aquellos que nos distinguen del resto de animales. Como dijo el fraile Pico Della Mirandola en el siglo XV: “La criatura humana es la única capaz de avistar un destino y perseguirlo”. Pero ¿y qué pasa si la elección de ese destino está mediada por el inconsciente?

A esta pregunta le da respuesta, John Bargh, psicólogo social de la Universidad de Yale (Estados Unidos), quien durante más de tres décadas ha estudiado la influencia del inconsciente en la conducta y opiniones de las personas: “Los límites de nuestro libre albedrío”, como él los llama.

Su premisa es que, en todo momento, la mente está influenciada por el pasado, la memoria genética y las experiencias previas; por el presente, las respuestas instintivas al entorno, y por el futuro, las motivaciones y deseos que hacen que nos enfoquemos en ciertas cosas y dejemos otras de lado.

Si entendemos el poder del inconsciente sobre nuestras decisiones, ¿es posible que perdamos interés en la vida?, la conclusión a la que ha llegado, es que esos procesos inconscientes de nuestra mente son tan nuestros como los conscientes. No es como si fuéramos controlados por fuerzas ajenas que no reflejan nuestros valores y objetivos, como máquinas sin voluntad. Por ejemplo, algunas veces esas influencias del exterior solo aplican para personas que de antemano tienen una meta o motivación particular. Los estudios en supermercados indican que cuando vemos palabras referentes a ‘dieta’ o ‘comida saludable’, estas influencian más las personas con sobrepeso que han tomado la decisión de actuar sobre este problema. Es decir, la etiqueta dietética solo los influencia a hacer cosas que inconscientemente ellos ya querían hacer. En realidad, creo que estas influencias son impulsos para que hagamos aquello que deseamos.