Por: Nidya Rojas Casadiego, Psicóloga 

De nuestra madre nacimos, nunca nadie ocupará su lugar, es con quien más estamos unidos, es la causa de nuestra más profunda y primera felicidad. Desde que nacemos venimos con un impulso natural de acercarnos y en el primer contacto nos abrimos a recibir su amor y protección. Esta unión trasciende las características biológicas que compartimos y fundamenta el proceso de  vinculación que inicia desde la misma gestación. El vinculo madre e hijo, es una relación de doble vía; ya que la madre puede favorecer positiva o negativamente la estructuración de la personalidad del hijo y por otra parte, no podemos dejar de considerar que, la experiencia de la maternidad, da paso a un nacimiento psicológico como mamá. 

La consolidación de este vínculo puede aprovecharse desde los primeros momentos, a través de acciones como amamantar, acariciar, besar, abrazar, entre otros; y de esta forma se irán estableciendo lazos de afectividad que promueven en el niño su capacidad para amar y ser amado, fortalece aspectos fundamentales de su personalidad como lo son la autoestima, el autoconcepto y las relaciones asertivas, que son altamente influenciadas desde la primera infancia. Y para las mujeres, es una oportunidad de introducirse a la vivencia de nuevos aspectos del proceso maternal en su naturaleza femenina. 

La psique de una madre 

Durante el embarazo y de forma especial en el nacimiento de un hijo, la mujer se adentra en un estado psíquico muy especial. Se estructura una organización de la vida diferente y adaptada para esta nueva etapa de cuidadora y también en su papel como proveedora en las necesidades emocionales del niño. Muchas mujeres experimentan algo así como un cambio de piel, se aumenta la sensibilidad con relación a su vida anterior. Una  mamá también siente y percibe el mundo como lo hace su bebé. Es el inicio de una conexión profunda e inexplicable, que de acuerdo a las particularidades de cada mujer, puede convertirse en una de las etapas más dulces en su vida o en un incontrolable sube y baja emocional. 

La psique de un hijo 

El niño desde su gestación atraviesa distintas etapas, en su desarrollo físico, motor, cognitivo, perceptivo, emocional afectivo y social. Es desde la infancia donde se estructura una incuestionable transcendencia para la vida, en donde aspectos relacionados con el vínculo de la madre, influyen en gran medida lo que será el adulto. Sin saberlo, la madre realiza tareas esenciales para el establecimiento de bases solidas en la futura salud mental del niño. Es ella quien por su cercanía y cuidado, lo prepara para su afrontamiento con la realidad externa. Acciones básicas y cotidianas relacionadas con su forma de sostenerlo, bañarlo, alimentarlo y demás; va enmarcando la primera idea que el niño tiene del mundo, proyecta cómo será la manera de relacionarse con otros y si puede o no, establecer una relación satisfactoria con lo que le rodea. 

Las particularidades de la madre 

El acto de amamantar propio de las madres, genera una disposición natural a desarrollar una relación más física y afectiva con los hijos. Ellas disponen una mayor facilidad para que el infante  exprese  emociones, sentimientos y puede resultar un muy efectivo puente con papá. No puede dejarse de lado, la importancia que también tiene el padre y que aunque las figuras paternas den sus aportes de forma distinta, los dos son en realidad complementarios a la hora de proporcionar a los hijos, una visión completa del mundo. 

Mamá se convierte en un medio de educación y lo hace a través de su vida cotidiana. Su estancia del día a día, la hace ser mas comunicativa, se relaciona de forma más cercana, transmite amor en línea directa, suele ser mas consoladora, puede ser mas protectora e incurrir en el riesgo de sobre proteger. En la tarea de ejercer su autoridad, esta debe ser respaldada por el padre o de lo contrario se desdibuja y se pierde frente al niño. 

En la ausencia de la madre 

Si la ausencia se da en los primeros años de vida, puede dificultar en el niño la construcción de vínculos amorosos con otras personas. Se puede manifestar en el hijo, inseguridad y mostrarse necesitado de un lazo que lo contenga. En muchos casos, se observa que problemas asociados a consumo de alcohol y drogas, están fuertemente influenciados por una madre ausente.

 ¿Cómo establecer lazos de amor? 

El psiquiatra norte americano Brian Weiss, expresa que el amor es la energía más básica y dominante, al considerar que es el componente fundamental de la naturaleza que conecta y une todas las cosas. Para muchos el vínculo entre una madre y un hijo, representa la forma más pura de ese amor. De allí que esta relación debe estar cimentada más allá de lo básico y esperado: el cuidado, la crianza, la satisfacción de necesidades para los hijos, la reciprocidad que estos deben a la madre, etc. Podría hablarse de muchas formas de fortalecer esta unión irrompible, sin embargo hay aspectos relevantes a la hora relacionarnos a través del vinculo filial. 

- Expresar las emociones, lo que se siente, lo que cada uno piensa acerca de la vida y del mundo. Madre e hijo, son diferentes, han vivido etapas y momentos de la historia diferentes. Tener una relación basada en el respeto de esas diferencias y en la unión de las coincidencias.

- Lo esencial de la cotidianidad en el desarrollo del vínculo. La vida diaria, con sus rutinas establecidas en los roles que madre e hijo realizan, son de gran valor en la afectividad. Los dos están intrínsecamente vinculados y de la forma cómo se correspondan entre sí, en cuanto a su comunicación, el respeto, el lenguaje, el apoyo mutuo, la valoración del otro, etcétera;  determina en gran medida el nivel o calidad de la relación.

- Tomar lo que nos corresponde con agradecimiento. Dar las gracias y tener la capacidad de transformar lo que nos ha sido regalado como madres o como hijos, es asentir (admitir) y abrirle las puertas al regalo recibido. No es una obligación servir y recibir. Es un agradecimiento mutuo por el don de ser madre y la alegría de ser hijo.