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“La verdad os hará libres” (Jn, 8,32)

La Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales es un evento que se realiza cada año y es promovido por la Iglesia católica, en el que simultáneamente en todo el mundo, Conferencias Episcopales y medios de comunicación social, organizan simposios, charlas, para celebrar este día y abrir espacios de reflexión y aprendizaje con respecto a la actualidad en comunicación e información.

El 7 de mayo de 1967, el Papa Pablo VI, llevó a cabo la primera Jornada Mundial; bajo el numeral 18, capítulo II del Decreto Inter Mirifica (sobre los medios de comunicación social), firmada en San Pedro, Roma, el 4 de diciembre de 1963, que solicita: Para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, debe celebrarse cada año en todas las diócesis del orbe, a juicio de los obispos, una jornada en la que se ilustre a los fieles sobre sus deberes en esta materia, se les invite a orar por esta causa y a aportar una limosna para este fin, que será empleada íntegramente para sostener y fomentar, según las necesidades del orbe católico, las instituciones e iniciativas promovidas por la Iglesia en este campo.

Este año 2018, se celebra el 13 de mayo la jornada 52 el y la Santa Sede publicó el mensaje del Papa Francisco para esta ocasión, el cual titula: “La verdad os hará libres” (Jn 8,32), Fake News y Periodismo de Paz.

Las fake news son las llamadas falsas noticias, que hoy día confunde y afecta a toda la población.   “La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo”, afirma el Papa Francisco.

El sumo Pontífice invita a la reflexión, a redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de verdad.  Por eso, en el comunicado emitido por el Vaticano, se enumeran 4 temas centrales para celebrar y vivir la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?

Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.  El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos.

2. ¿Cómo podemos reconocerlas?

La prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15).

3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

4. La paz es la verdadera noticia

El camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

El Papa Francisco inspirándose en una oración franciscana, invita a dirigirse a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.