Por: Rafael Sierra, docente. 

Foto: compartirpalabramaestra.org

Es indiscutible que la actual época en que se vive,  se caracteriza por un mundo moderno y tecnológico,  con un fuerte impacto en la información que  ella trae, lo cual permite conectar con el entorno de diversas maneras  y es ahí donde surge  la lectura, como puente que relaciona al individuo con una realidad llena de datos que ya no solo se encuentra  en libros físicos sino en las plataformas virtuales.

Dentro de este mundo cada ser humano desempeña un rol sin importar la edad que se tenga, y su eficacia va a depender en cierto modo, de qué tanto lee,  convirtiéndose la lectura  en lo más parecido a lo que el astrónomo, inventor y matemático de la antigua Grecia, Arquímedes dijo en su momento: “Dame un punto de apoyo y moveré al mundo”, entendiéndose la función de tal “palanca” como la multiplicadora de fuerza y poder.

¿Pero ante esa realidad, de vivir en la era de las comunicaciones y la información, por qué el nivel de lectura del colombiano no  supera el promedio de un libro leído al año, comparado con los niveles de lectura de países con alto desarrollo social y económico?

Justamente esta reflexión permite establecer una radiografía para determinar los orígenes de una sociedad que le da la espalda a la gran oportunidad y deja escapar los grandes logros de una mejor calidad de vida a través de un elemento esencial en la educación de un pueblo, como lo es la lectura.

Una de las causas del poco gusto por leer, es  estar dentro de esquemas educativos muy tradicionales, que por más de doscientos años han llevado a las grandes masas, más a obedecer que a pensar y esto ha llevado a  anestesiar las vidas y el pensamiento, actuando  por imposiciones culturales y no por razones que se ajusten a los cambios y adelantos  continuos, acordes a las necesidades de la persona, para que los pueda materializar, en sueños y logros.

Se observa entonces que  los cambios del mundo y su modernidad tecnológica van por el ascensor y los sistemas educativos tradicionales van por la escalera, impidiendo con esto conectar con la fascinante aventura de leer, dejando de usar dicha “palanca” para mover y transformar la realidad que cada quien vive.

Por otro lado, las costumbres del colombiano dentro del ámbito familiar, deja poco o nada de espacio al tiempo que se debe dedicar  a la lectura, ya que quienes son cabeza de hogar, en la mayoría de los casos no son el mejor ejemplo a seguir para influir  positivamente en sus hijos.

Lo mismo ocurre con el entorno social y cultural que rodea a la persona que por lo general, está invadida de redes sociales y la televisión que “entretienen” y quitan espacio o tiempo al disfrute de la lectura de un buen libro.

Es entonces  imperante desde las instituciones educativas, diseñar y ejecutar modelos educativos centrados  en el hábito de la lectura, puesto que dicha actividad potencializa no solo actividades académicas, sino aquellas habilidades que están ahí en cada ser humano, pero sin explorar ya que éstas fortalecen los rasgos de personalidad, como la habilidad para comunicarse efectivamente con otros, para relacionarse asertivamente, para enfrentar retos, para trabajar en equipo, la honestidad, el compromiso y el desarrollo de actividades proactivas entre otras más.

En el mismo sentido los padres de familia desde el hogar, pueden proporcionar el  ejemplo  y con amor, sabiduría y paciencia, ir creando  momentos especiales donde sus hijos potencializan sus sueños y aspiraciones a través del fortalecimiento de procesos mentales que la misma lectura va dando, ya que este bonito hábito se compara al efecto que hace el ejercicio diario en un gimnasio fortaleciendo sus músculos, igual para con la lectura diaria que fortalece el músculo más poderoso que Dios nos dio: la mente.

Surgen entonces propuestas sencillas pero poderosas para adquirir el hábito de leer si se llevan a cabo con autodisciplina y autodeterminación, como la siguiente: buscar un libro que guste por su contenido y temática, esto puede ser a través de familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo; si  solo se lee diez páginas por día, se habrá leído en doce meses (un año) un promedio de quince libros de doscientos cuarenta páginas como promedio.

En consecuencia los beneficios de una persona que lee, se percibe por la manera como habla, como proyecta su vida, adquiere un nivel superior de pensamiento, adquiere autoconfianza, seguridad personal, obtiene mejores resultados académicos, laborales o empresariales y mejora su nivel de influencia para impactar positivamente en su entorno como un líder, también mejora continuamente su actitud ante la vida ya que ella viene con retos y desafíos y muy seguramente no será inferior a ellos.

Para finalizar, queda claro que la vida de un ser humano que no desarrolla el hábito de la lectura,  no es igual a la de aquel que alimenta su espíritu y su mente de información valiosa, ya que se sentirá empoderado para cumplir su propósito, sus sueños y se convertirá en un referente a seguir, demostrando de esta manera que el recurso más valioso de un país o de una organización, es el recurso humano y con ello viene el desarrollo, el avance, el progreso, la prosperidad y una calidad de vida digna.