Por: Pbro. Carlos Alberto Escalante 

Comenzamos un nuevo año y con él retomamos la gran tarea de educar a nuestros hijos. Viene nuevamente la preocupación de los padres por continuar ofreciendo a los hijos la mejor educción a pesar de las grandes limitaciones económicas y condiciones culturales de nuestra época, que obliga a replantear la manera como estamos educando a nuestros hijos desde la familia, el ambiente de la escuela y la sociedad.

La era que transitamos actualmente se ha denominado como postmoderna y lleva consigo una serie de trasformaciones en la manera como se transmite el saber. A su vez, implica una serie de modificaciones económicas y políticas para la sociedad, que han llevado a hacer un replanteamiento del papel de mucho de lo ya instituido, como son las estructuras organizativas, las interacciones sociales, los procesos de producción tanto de bienes como de servicios y hasta la misma educación.

La vida de las personas, los procesos educativos, las formas culturales y de estructuración de la sociedad han sido tocados de forma radical por la globalización y los fenómenos mercantilistas y materialistas que nos invaden. En este contexto, por educación no debe entenderse solo lo que se imparte en las escuelas, sino el proceso que se desarrolla en la interacción diaria con la sociedad civil, instituciones, medios de comunicación, a través del intercambio cotidiano de información, de intercambios, de modos de organizarnos, de entender el mundo y nuestro papel en la historia de la humanidad.

Hoy afrontar los retos de la educación supone mantenernos en una constante reflexión sobre el fenómeno educativo e innovación permanente. Vale la pena plantearnos la pregunta sobre ¿cuál debe ser la base para un buen ejercicio educativo en un contexto globalizado?

Partimos del hecho de que la globalización ha aparecido en nuestras vidas, estamos inmersos dentro de diferentes imaginarios y redes de conectividad que han trasformado nuestra manera de ser, de relacionarnos y estar en el mundo. Así la globalización ha introducido en nuestra cultura diversos aspectos culturales como:

La sociedad de la información. En nuestros días los adelantos tecnológicos son abismales. Todo cambia rápidamente y se reemplaza por opciones más perfeccionadas de los aparatos y técnicas de trabajo. Estos adelantos han favorecido la producción de bienes y servicios, pero ante todo, han proporcionado la construcción, procesamiento y difusión de la información. Vivimos en la sociedad de la información que ciertamente se ha convertido en una forma de poder.

La sociedad del conocimiento. Nuestra sociedad actual se caracteriza por su gran capacidad de producir conocimiento. La construcción y uso del conocimiento es un hecho cultural. La producción del conocimiento gracias al desarrollo tecnológico hace posible el consumo sin límites de contenidos, que nos invaden por todos lados.

Procesos de hibridación cultural. Al abrirse las fronteras a pobladores, mercancías, medios de comunicación e información vía internet, se da paso a lo que se llama hibridación cultural. Abundan cada vez más complejas transformaciones de las costumbres, que cruzan fácilmente las fronteras, generando mezclas y procesos de interacción que integra diversos elementos y características de las expresiones culturales de los pueblos. Se generan procesos de encuentro y mezclas que interactúan hasta perder la identidad propia.

Desterritorialización. La globalización ha generado la eliminación de las fronteras y de los espacios a la hora de comunicarnos. Es posible compartir información desde cualquier parte del mundo. Un globo interconectado en donde fácilmente podemos cambiar de lugar y entrar en relación con culturas desconocidas.

La sociedad del consumo. Hoy en día nuestra sociedad consume más debido a la cantidad de ofertas de mercancías, servicios y productos puestos que circulan en el mercado y mueven al consumidor a adquirir mayor cantidad de productos actuando como mecanismos seductores y aparentes, gracias al manejo estratégico de la imagen.

Instauración de una racionalidad pragmática. Es el resultado de la instrumentalización de la razón, que sirve a ciertos fines y termina cosificando el individuo y haciendo de las cosas meros objetos desechables para ciertos fines meramente mercantilistas y prácticos.

 

En este contexto actual postmoderno, mercantilista, utilitarista, cambiante y complejo, se hace necesario a partir de una reflexión filosófica y social, ir a la esencia de la educación para hacer frente a los fenómenos que en nuestros días hacen de la tarea de educar, una actividad cada vez más difícil y comprometida.

En palabras de Paulo Freire, “para ser un instrumento válido, la educación debe ayudar al hombre, a partir de todo lo que constituye su vida, a llegar a ser sujeto”. Esto significa según el autor, ayudar al hombre a situarse en el mundo, a comprometerse con él, a través de la reflexión sobre su situación en éste, examinando y criticando los actos diarios que se hacen por rutina, para elegir libremente su relación con el mundo, con los otros y consigo mismo. En otras palabras, la educación debe ayudar a que el joven se entienda como una persona ubicada en el mundo donde bebe orientar con sentido y libremente su propia vida en relación con quienes le rodean.

Edgar Morin, dice que “transformar la especie humana en verdadera humanidad se vuelve el objeto fundamental y global de toda educación”. Esto es, que la educación debe orientarse a propiciar el que se entiendan las implicaciones de un ser humano, y la toma de conciencia acerca de lo que implica la convivencia en una comunidad local y global, lo cual conlleva un compromiso: se requiere entender la unidad y la diversidad, propiciar la autonomía pero también la complementariedad.

Ante este panorama, es determinante apostarle a una educación humanística de la persona humana que logra su verdadera humanidad a través del contacto con los otros, es un ser fundamentalmente relacional, que vive y da sentido a su existencia humana en el mundo que le rodea, asumiendo unos valores y principios que le ayudan a trascender más allá de las condiciones existenciales y ser y obrar de acuerdo a la dignidad que le corresponde como ser humano.

Una educación humanista que a decir de Yurén, es “aquella cuyo horizonte y criterio último es la dignidad humana y cuya vía de consecución es el esfuerzo de realización de los valores que contribuyen a satisfacer las necesidades más radicales de la persona”.

La educación humanista tiene como objetivos

• Generar condiciones didáctico-curriculares para que el educando sea capaz de construir su personalidad y su proyecto de vida como un sujeto libre y responsable.

• Favorecer que el educando eleve su nivel de conciencia y autoconciencia, fomentando en él el asombro, la curiosidad, el deseo de descubrir y la capacidad de interpretar, explicar y criticar.

• Contribuir a que el educando desarrolle las competencias que le permitan interactuar comunicativa y cooperativamente con otros para entenderse con ellos, para coordinar las acciones que permitan resolver problemas y satisfacer necesidades colectivas y desarrollar lazos afectivos.

• Hacer partícipe al educando de forma creativa en la producción, reconstrucción y transformación de la cultura.

• Contribuir a que cada educando construya conscientemente su propia identidad y la identidad de la comunidad, reconociendo tanto a las otras personas como a sí mismo como miembros del género humano y parte de la naturaleza (Yurén, 2000: 49).

Ahora bien, teniendo presente a David Fernández, dice que, “para ser verdaderamente humanista, la educación ha de situarse históricamente dentro de las contradictorias relaciones humanas”. (Fernández, 2000: 4).

Es decir, para lograr una práctica educativa humanista, es fundamental comenzar por convencernos de que todos, como conciudadanos, somos educadores y para ello, es necesario generar espacios y estrategias que posibiliten construir y reconstruir nuestra conciencia ético-antropológica y social, posibilitar el situarnos históricamente dentro de esas relaciones humanas; involucrarnos en procesos de continua reflexión y análisis de formación permanente.

Finalmente diría, el ser humano debe estar continuamente reinventándose a sí mismo, evitando quedar atado en las tradiciones del pasado y obrando con entera libertad para ser lo que debe ser: un ser que todos los días se está construyendo a sí mismo en la realización de las infinitas posibilidades de su existencia humana. El ser humano todos los días deber ser rediseñado y perfeccionado mediante la tarea educativa.

Referencias:

Revista Iberoamericana de Educación

(ISSN: 1681-5653)

FERNÁNDEZ, David S.J. Nuevos paradigmas para una educación humanista.

YURÉN, María Teresa. Formación y puesta
a distancia. Su dimensión ética.

MORÍN, Edgar. Los siete saberes necesarios a la educación del futuro.