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custom personal essay http://www.tuzlaorganizasyon.net/college-essay-writers/ college essay writers Consejos prácticos, concretos y simples

Assignment Writing Australia Comparto aquí algunas sugerencias que hizo una mamá de dos bebés que me pidió ayuda, pues pueden ser útiles para alguien más. Los niños de la mamá en cuestión tienen poca diferencia de edad y el más grande ha exigido mucha atención.

mixed methods research proposal 1 – “En primer lugar, prioriza a los niños: la casa no es más importante en ese instante, ésta puede limpiarse en otro momento, los niños necesitan de ti ahora, en este instante.

go to link 2 – Cuando el más chico esté dormido, dale atención al más grande: cárgalo, bésalo, habla con él, juega.

pay someone to do my university work 3 – Cuando sea oportuno, tal vez después de comer, duérmanse los tres: tú y los bebés. Sin el descanso, tu leche puede disminuir y puedes terminar debilitándote física y emocionalmente, y sólo se empeorará todo.

http://elysari.com/?p=acknowledgement-dedication-dissertation 4- No te preocupes por la opinión de los demás. Quien se preocupa de la verdad intenta ayudar en lugar de estar criticando.

source 5 – A veces el más grande necesitará llorar un poco. No te sientas mal. Eres una sola persona y simplemente no llegas a todo al mismo tiempo con dos bebés en los brazos. Pero recuerda priorizar a los niños.

http://www.3pgroup.it/?custom-admission-essay-to-college 6 – Intenta dejar algunas comidas listas al final de la semana para no necesitar cocinar todos los días. Necesitas alimentarte bien para tener leche y cuidar de los dos.

http://gstudyabroad.com/?p=doctoral-dissertation 7 – Recuerda: por más difícil que sea, ese tiempo pasa deprisa y es muy importante para tu santificación, por eso intenta no desesperarte, no murmurar, ni sentir pena de ti misma. Dios sabe lo que eres capaz de soportar y está controlando todo”.

source Abordar la cuestión de llevar a los niños a la Iglesia siempre es una tarea delicada. Hay quien se ofende porque los niños hacen ruido. Hay quien se ofende con quien se ofende a causa de eso. Pero por encima de las justificaciones, melindres y los no me toques, una cosa es cierta: Dios no nos da hijos para que nos apartemos de Él, para acabar con nuestra vida espiritual. Al contrario.

Ahora, más que nunca, estamos llamadas a ser ejemplo y a vivir aquello que alabamos. Así pues, el hijo chico no es ni puede ser un impedimento a la comunión. El hijo ruidoso y sin respeto tampoco. Enséñale a estarse quieto, a ser reverente, a observar en silencio. “Ah, pero es muy fácil hablar”. Si la cuestión fuera fácil, la mejor salida para todos los problemas seria morir de una vez, porque la vida es trabajo, es dificultad, y el paraíso sólo lo conquista quien persevera. Es decir, la tarea más difícil es la que jamás es enfrentada, pero si te esfuerzas por tu hijo, con la gracia de Dios, lo conseguirás.

Al principio, es normal que el niño haga berrinche, desobedezca, o simplemente no tenga la noción de cómo comportarse, y es exactamente ahí que entran los límites y la imitación. Aquí en casa, por ejemplo, la cosa funciona así: Nathaniel, que es el más agitado, ha pasado buena parte de su vida en los brazos de su papá durante la misa, ahora, que está más grandecito, sabe, por las muchas veces que nos ha visto, cómo proceder, al punto de pedir ir a la iglesia. Repito: los hijos no sólo ni pueden ser un obstáculo para la vivencia de la fe, ni en el esfera pública, ni en la esfera privada.

Ellos son los primeros perjudicados cuando la mamá se debilita espiritualmente, así como son los primeros beneficiados cuando ella se fortalece. Dios nos llama a sí en todas las situaciones de nuestra vida: en la tranquila vida de soltera, en la insegura vida de recién casada, en la inexperta vida de madre primeriza, en la atribulada vida de madre de muchos hijos. Él nos llama porque nos ama y porque sabe que necesitamos, más que todas las cosas, de Él mismo.

Por: Encontrando Alegría

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http://www.oalth.gr/order-of-importance-in-a-persuasive-essay/ order of importance in a persuasive essay “Prometo serte fiel“, es una de las promesas en el matrimonio

¿Qué significa ser fiel? A menudo, usamos la palabra “fidelidad” para referirnos a al hecho de simplemente no cometer adulterio, pero la palabra en sí abarca mucho más que eso ¡mucho más!

En el diccionario de la Real Academia Española, encontramos el significado de la palabra fiel, la cual describe así:

Adj. Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él.

Ser fiel es ser enteramente confiable, firme e inquebrantable, y la Biblia habla de este tipo de fidelidad de cuatro maneras:

Un atributo de Dios;
Una característica positiva de algunos hombres;
Algo de lo que muchos hombres carecen;
Un don del Espíritu Santo.
Una PERSONA FIEL es una persona que ha respetado la confianza del otro de manera muy firme.

Algunas personas hacen de la fidelidad un sello distintivo de sus relaciones humanas, pero la fidelidad que más importa es la fidelidad que mostramos hacia Dios y hacia nuestro prójimo

En el matrimonio aplicamos esta fidelidad hacia nuestro cónyuge respetando la confianza que ha depositado nuestro cónyuge en nosotros.

A continuación, 3 grandes significados de la fidelidad conyugal

http://aviusa.org/essay-writers/ essay writers 1.- Ser fiel es ser riguroso en el cumplimiento del deber.

Ser un cónyuge fiel significa cumplir totalmente con todos nuestros deberes y obligaciones tanto por nuestro cónyuge así como en nuestro rol de pareja.

Esto incluye amar, respetar y compartir todos los aspectos de sus vidas entre ustedes. Significa llevar las cargas del otro.

Todo esto significa que el esposo debe amar a su esposa con sacrificio, significa que las esposas deben mantenerse obedientes a sus maridos. Es decir, significa lograr una intimidad exclusiva

Un cónyuge fiel es una persona que cumple con todas las funciones y deberes para con su pareja de todo corazón.

3 blue generic pill viagra 2.- Ser fiel en el cumplimiento de los votos y promesas matrimoniales

“Prometo serte fiel“, es una de las promesas en el matrimonio en el que cada cónyuge se da a sí mismo para el otro en extrema confianza.

Por supuesto que, un cónyuge fiel es aquel que cumple con TODOS sus votos matrimoniales.

Sin embargo, un cónyuge debe mantener todas las promesas que le ha realizado a su pareja.

Aquellos que son de confianza y dignos de ella en asuntos pequeños, con el tiempo, se les puede confiar grandes promesas como las que son dadas en el altar.

Un cónyuge fiel es un cónyuge que siempre mantiene su palabra por encima de cualquier situación

3.- Ser fiel en lealtad y afecto

Un cónyuge leal es mucho más que una persona monógama. Un esposo y una esposa siempre están del mismo lado, en el mismo equipo.

Ellos son una sola carne, hacen funcionar las cosas, perdonan y pasan por alto las ofensas, para permanecer en comunión los unos con los otros.

Al hablar con otras personas, una esposa fiel no habla mal de su esposo, ni se queja de él en frente sus amigas.

Del mismo modo, al hablar con otras personas, un esposo leal tampoco se burla de su esposa.

Un cónyuge que sabe respetar siempre busca lo mejor para la relación, es constante y dedicado a estar conectado y unido con su pareja en todos los sentidos.

Lo más importante, un esposo fiel es un cónyuge que demuestra el amor de Dios.

San Pablo, en su primera Carta a los Corintios nos dice que el matrimonio debe ser la imagen que refleje la alianza de Cristo con su pueblo.

Un esposo fiel es un marido que ama a su esposa tal como Cristo ama a su esposa.

Una esposa fiel es una mujer que se sujeta a su marido, y quien engendra paz y amor, creando un lugar de refugio y alivio en el mundo, al igual que la iglesia.

Un esposo que mantiene su fidelidad es un cónyuge que imita y obedece a Dios debido a su amor el uno por el otro.

“Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser – espíritu, alma y cuerpo – hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará”. (1 Tesalonicenses 5,23-24)

Artículo originalmente publicado por Abogados del amor-Aleteia

Observa una palma. Por mucho que el ventarrón la esté moviendo, se podrá pandear de un lado a otro y quizá doblarse hasta el suelo, pero nunca se romperá y siempre regresa a su posición. Tú y yo podemos ser esa palma. Es una realidad y nos guste o no esta es la gran paradoja de la vida: lo único permanente es el cambio.

Cuando nos visita una persona que no es tanto de nuestro placer y, a manera de broma, cuando se va decimos que hay que poner una escoba detrás de la puerta para que no regrese. Ojalá funcionara, pero con todo. Sobre todo, cuando nuestro compadre “el cambio”, quien muchas veces se convierte en el huésped incómodo nos visita, llega sin avisar. Generalmente, uno no está preparado para recibirle. Y bueno, ojalá siempre llegara con buenas noticias y con la maleta repleta de risas, alegría y felicidad, pero sabemos que no. Casi siempre su baúl viene cargado de lágrimas, tristeza, desolación…tragedia.

Seamos honrados, a casi nadie nos gustan los cambios. Pocas personas -si no es ninguna- irán por las calles gritando: “¡Viva, viva! ¡Qué emoción, un cambio más en mi vida! ¡Qué alegría!” La realidad es que todo cambio genera miedo sencillamente porque lo desconocido y el salir de nuestra zona de confort generan malestar. Eso sí, cuanto más maduros seamos para aceptar lo que sentimos, más sencillo se nos hará salir adelante fortalecidos. 

Definitivamente, estamos viviendo tiempos de cambios y de esos que a nadie le gustan. Tenemos un tsunami de emociones muy intenso y ante estas situaciones lo que nos queda es abrazar el cambio y seguir adelante. Pero ¿de qué dependerá que salgamos adelante? De nuestra fortaleza espiritual y de nuestra capacidad interior para aceptar con valor lo que está sucediendo, de reconocer la realidad como se nos está presentando y reacomodar -o adaptar- nuestra vida al cambio.

Resiliencia. Es una palabra que parece difícil de pronunciar y que, sin embargo, es muy fácil de vivir y hacerla un estilo de vida en cada uno nosotros. Esta no se puede comprar en un supermercado, sino que se va desarrollando. Es un movimiento del espíritu, una actitud – o capacidad, una decisión.

La vida no nos pregunta, ¿de qué tienes ganas hoy? Simplemente nos ofrece, las cosas pasan y punto. Y para adaptarnos a estos cambios contamos con una maravillosa arma interior llamada resilienciala cual es un ingrediente importante para disfrutar de la vida tal y como se nos presenta.

http://ubackparadise.com/writing-a-cv-for-academic-positions-sales-assistant/ writing a cv for academic positions sales assistant Opta por la resiliencia

Resiliencia viene del término latín resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. Las personas resilientes son aquellas que a pesar de sufrir situaciones estresantes, difíciles o dolorosas saben hacerles frente y salen fortalecidas de ellas. Y es que  term papers crossword clue no se trata tan solo de ser sobrevivientes de alguna experiencia, sino de aprender de estas, de tomar cada una de ellas como experiencias de vida.

Es muy importante desarrollar nuestra resiliencia -actitud interior- y que la hagamos parte de nuestra vida. Hay una enorme lista de consecuencias positivas -o ventajas- que podemos experimentar si elegimos ser personas resilientes. Te menciono solo algunos:

Nos permite recuperarnos. Las personas resilientes son como las palmas, quedan erguidas, de pie a pesar de la tormenta. Cuántas veces hemos pasado por situaciones de las que pensabamos que nunca saldríamos adelante y que hoy que las vemos a la distancia nos sorprendemos. Pareciera que nunca hubiéramos pasado por ese infierno. Si hoy seguimos de pie y somos mejores personas después de una tragedia es gracias a nuestra resiliencia.

Activa nuestras habilidades y talentos en momentos difíciles. Las personas resilientes siempre encontrarán un cómo para dar respuestas al “para qué” de los que les está sucediendo. Reconocen que sus mejores armas son las habilidades que en este momento poseen, además de las que descubrirán mientras circulen en el camino del cambio. Cuantas capacidades, habilidades y talentos nos hemos dado que poseemos después de que la tragedia nos golpea. 

Superar la tristeza con más facilidad. Las personas resilientes aceptan que se vale sentir tristeza, pero no hacer de ésta su dirección permanente. Y lo logran gracias a su actitud de guerreros.

Vivir con sentido de humor. En vez de clavarse en el melodrama, en “quejilandia” y “victimilandia”, las personas resilientes saben reírse de ellas mismas y de lo que les pasa porque tienen la certeza de que encontrarán luz al final del túnel. Su lema es: “Me río de la vida antes de que la vida se ría de mi”.

Aprender de los errores. Las personas resilientes saben aprender de los errores, de los propios como de los ajenos. No se sienten víctimas de nada ni de nadie, sino que toman el papel de responsables y toman la parte que les corresponde.

No dejarse vencer. La palabra “no puedo” no existe en el vocablo de las personas resilientes. Y si acaso de verdad no se puede por ese camino, intentarán transitar por otro hasta lograr salir victoriosos. Jamás se dejarán vencer, ni por la tristeza, ni por la desilusión ni el desánimo. Aunque parezca que el mundo se les viene encima, viven con los ojos en el cielo y los pies en la tierra esperanzados de que mañana será un día aún mejor. Siempre encuentran un motivo para salir adelante.

Manejar el estrés y la presión. Si quieres realmente conocer a una persona, observa cómo reacciona en un momento de crisis. Ahí sacará su verdadero yo. Las personas resilientes no se dejan llevar por el estrés o por la presión del momento o de las circunstancias. Al contrario, toman una actitud de “esto sí pasó y ya pasará. Solo es un cambio…”

Saber controlar las emociones negativas. Las personas resilientes toman unos respiros y no se dejan llevar por sus emociones, mucho menos por aquellas que les drenan y les hacen sentir el ánimo deprimido. Es decir, no permiten que las emociones les dominen. Al contrario, ellos se saben dueños de estas y tienen control sobre ellas. Saben sentir, pero también saben salir de ellas y no permiten que estas les venzan.

Crecer a pesar de tener problemas. Las personas resilientes no permiten que la carga de problemas sean un obstáculo para crecer en todos sentidos. De hecho, ven en las tribulaciones oportunidades para ser mejores personas, más virtuosas. Para ellas, cada problema viene cargado de enseñanza.

Capacidad para enfrentar los problemas. Las personas resilientes desarrollan una maravillosa capacidad para darle la cara cualquier adversidad que la vida le presente porque la actitud que les mueve es positiva y esperanzadora. Saben con certeza que si la vida les está permitiendo pasar por un valle de lágrimas es porque tienen en sì todas las capacidades, talentos, la fortaleza y todo lo necesario para hacerle frente.

Saber enfrentar el miedo. Las personas resilientes saben reconocer que sienten miedo, pero no lo dejan que habite eternamente en ellas. Es decir, no permiten que este les paralice y, al contrario, toman la energía que este les genera solo para tomar impulso y hacerle frente.

Fuente: Aleteia /Luz Ivonne Ream

Es importante descubrir al otro en todo lo que comunica, no solamente lo que dice en palabras. Muchas veces experimentamos dificultades a la hora de relacionarnos con los demás, no solo por no saber comunicarnos o expresarnos abiertamente, sino por no comprender a los demás, por no captar realmente lo que nos están diciendo.

1.    Priorizar al otro

Un fragmento del filósofo Heráclito dice: aqa a2 ict coursework help  “Incapaces de escuchar y de hablar, así son los hombres”. Cuando escuchamos a los demás, siempre estamos pensando en algo y vamos al encuentro del otro con preguntas previas (Heidegger), porque cuando escuchamos a otro nos preguntamos qué tiene que ver eso con nosotros, con nuestros intereses. Y sin quererlo, ya no estamos escuchando realmente al otro, sino que seguimos centrados en nosotros mismos, buscando lo que nos interesa.

Hay veces que estamos tan centrados en nosotros, que http://www.treezing.com/essay-writing-services-cheating/ essay writing services cheating  cuando el otro quiere abrirse para contarnos algo, en pocos instantes ya estamos pensando en alguna situación nuestra similar y hasta le interrumpimos contándole lo que nos sucede a nosotros. La autorreferencialidad es algo muy extendido y es difícil encontrar a alguien que escuche despojado de todo interés o ansiedad por contar lo propio.

La costumbre de estar atento al otro solamente en la medida en que lo que tenga para decir tenga que ver conmigo, es el gran obstáculo para la comprensión de los demás.

Solo si amamos realmente al otro, le escucharemos atenta y desinteresadamente, tratando de comprenderle más allá de si tenemos algo para decir o no, de si tiene que ver con nosotros o no. No son pocas las veces que las personas que no se sienten escuchadas tienen que advertirle al otro: “¡Esto no tiene que ver contigo!, solo quiero compartirlo”.

2.    Más allá de las ideas

Para comprender a los demás no alcanza con entender lo que dice, con captar sus ideas, sino también lo que siente, lo que trata de poner en palabras y tal vez no lo diga de la mejor manera.  help with writing a cv Descubrir al otro en todo lo que comunica, no solamente lo que dice en palabras, es escucharle completamente.

El Cardenal Martini aconsejaba siempre comenzar la comunicación comenzando por expresar los sentimientos, por hablar de cómo nos sentimos. Cuando escuchamos a otro, puede ayudarnos prestar atención a la pasión que pone en algunas cosas que dice, en las cosas que repite, en lo que más lo moviliza.

3.    ¿Cómo interpretar mejor?

http://droobtech.com/?p=collegessayhelp-com Normalmente hay una gran distancia entre lo que nosotros entendemos, lo que el otro dijo y lo que realmente quiso expresar desde su interior.  Estar consciente de esto ayuda a evitar muchos malentendidos.

No pocas veces estamos más atentos a lo que significan ciertas palabras para nosotros y a lo que nosotros ya pensamos que el otro dice, que a lo que realmente quiere tratar de comunicar. Si cuando el otro me dice algo, ya estoy pensando que tengo la interpretación de lo que está queriendo decir, muchas veces hasta pensando mal, no sabré nunca que fue realmente lo que quería decirme.

A veces es de mucha ayuda, al finalizar, preguntar si hemos entendido bien: “¿Lo que me dijiste es que…?  Reformular lo que el otro dijo con nuestras palabras, puede ser útil para saber si de verdad le hemos comprendido.

4.    Empatía

http://primelac.com.my/?p=ghostwriter-for-hire Ponerse en el lugar del otro es lo más importante para intentar comprenderlo, vaciarnos de nosotros para recibir lo que el otro tiene para decir. En la vida espiritual se crece en la medida que se aprende a escuchar, porque no es solo “estar” frente al otro y recibir lo que tiene para decirnos, sino hacer de nuestra interioridad una morada para el otro.

Las personas se expresan de manera muy diversa y esto exige recibirlo tal como se manifiesta. Hay quienes se expresan exageradamente, porque necesitan despertar interés en quien los escucha, no porque nos quieran  mentir, sino que buscan que sintamos lo mismo que ellos, con la misma intensidad con la que viven lo que nos están contando.

5.    Cultivar el silencio

next El silencio es lenguaje de amor, de profundidad, de estar realmente presentes ante el otro. El silencio muchas veces es más elocuente y comunicativo que cualquier palabra. Es una forma de estar presentes ante los demás y recibirlos con apertura y sensibilidad.

Escribe Enzo Bianchi que http://dinaraworld.com/?p=uk-dissertation-writing-help-books  “el silencio profundo genera caridad, la atención al otro, la acogida del otro, la empatía hacia el otro. El silencio excava en lo profundo de nosotros un espacio para hacer habitar en él al otro”.

6.    Un consejo práctico

Ayuda mucho estar tranquilo, porque el otro percibirá mi ansiedad. Es cada vez más importante poner atención total al otro, dejando lejos el teléfono y no estar haciendo otra cosa mientras nos hablan, mirando siempre a los ojos y no interrumpir al otro innecesariamente.   resume writing services ventura ca A fin de cuentas escuchar es una forma de amar.

Fuente: Aleteia-Miguel Pastorino

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blank Félix Ramón Celis Gómez, Pbro.

help with write college application essay my Especialista en Bioética

La maternidad es la forma como la mujer, resultado de una madurez humana, cristiana, psicológica y afectiva, cumple con las obligaciones con sus hijos.

Es la manera como una madre proporciona los bienes materiales y espirituales necesarios para sus hijos, para que subsistan ante el mundo. Es un acto lleno de afecto, voluntario y racional para recibir, mantener, educar y amar a esa nueva persona que será su hijo. Sin embargo, la mentalidad de la maternidad ha venido perdiendo espacio y significado dentro de la cultura actual, porque la consideran como un vicio del ser humano en la reproducción de la especie.

Hoy en día hay quienes ni mujeres son; porque ser madres, para muchas jóvenes, es una incomodidad, un fastidio, un problema; y para otras, un problema, una desgracia, un castigo.

Las aspiraciones modernas son diversas: unas desean vivir intensamente y tener relaciones, más no hijos (amor libre); otras desean casarse, pero no atarse con hijos; casarse y tener como máximo dos hijos, es la aspiración de la más decente. Pero en todas ellas, la voluntad de Dios y su gloria, no cuentan.

Ante estas nuevas tendencias o enfoques de ver, juzgar y actuar sobre la maternidad, se constata una percepción muy limitada y viciada, porque se quedan solamente con una apreciación subjetivista, ante el sentido, valor y custodia de la vida humana en general. De esta manera, se descarta el sentido antropológico y sagrado del ejercicio de la sexualidad dentro de la pareja en la dimensión unitiva y pro-creativa. Es necesario ver que la maternidad es un don inherente a la naturaleza de la mujer, donde el hijo es fruto de la relación de amor, de una opción libre, consciente, responsable y de una decisión del corazón y de la razón.

P o r c o n s iguiente, la maternidad responsable enfrenta una serie de atentados que van en detrimento de lo que verdaderamente significa. Es por eso que encontramos cómo la maternidad ha sido sustituida por:

• La fecundación artifi cial- el hijo no es fruto de una relación de pareja sino de la técnica, no es don sino un derecho.

• El alquiler del vientre, es decir, madres famosas que pagan a una mujer para que presten su vientre para depositarle un embrión y se accede al proceso de gestación hasta el alumbramiento o el parto.

• Madres biológicas, se deslindan de su responsabilidad de crianza y lo dejan en manos de hogares sustitutos o con los mismos abuelos.

• Madre solteras, con tendencia de tener un hijo independiente de consolidar un hogar, como lo hacen las mujeres ejecutivas que por su independencia económica y afectiva no se arriesgan a comprometerse con una pareja.

• Adopción de niños en parejas con trastornos afectivos como son el caso de parejas de homosexuales o lesbianas.

Todas estas tendencias anteriormente mencionadas, afectan no sólo el sentido de la maternidad responsable que la Iglesia enseña, sino que los más afectados son los niños que nacen, crecen y maduran independientes de un hogar que les facilite los diversos medios adecuados para un sano crecimiento integral.

Para contrarrestar estas falsas tendencias nos urge sumergirnos en los diversos niveles que implica la maternidad.

La maternidad involucra un conjunto de derechos y deberes que se deben asumir con mucha responsabilidad a nivel personal, de pareja y sociedad.

• A nivel personal, la mujer o la pareja tiene que ser consciente de lo que implica traer un hijo al mundo, porque ella debe ser responsable para proporcionar y satisfacer las necesidades básicas de su hijo como alimentación, vivienda, vestido, educación, salud y recreación, independiente muchas veces de sí la pareja esté a favor o en contra de las decisiones y de su proyecto de vida.

“Es necesario ver que la maternidad es un don inherente a la naturaleza de la mujer, donde el hijo es fruto de la relación de amor, de una opción libre, consciente, responsable y de una decisión del corazón y de la razón”.