Por: Diego Eduardo Fonseca Pineda Pbro.

Subdirector Centro de Comunicaciones 

Durante los próximos días, la Diócesis de Cúcuta desde la labor que realiza la pastoral familiar, vive y celebra la semana de la familia. Es una actividad que desea en reunir del 10 al 17 de junio, a las familias de las parroquias o grupos eclesiales, para reflexionar acerca de temas que son de suma importancia y sobre todo que conduzcan a vivir con mayor entrega la fe católica desde el testimonio en el hogar. Ante lo anterior, la presente edición del Periódico La Verdad se ha unido a la semana de la familia, publicando esta serie de reflexiones y temas que buscan enriquecer los encuentros de las familias y así mismo enriquecer los valores, las hábitos y la fe vivida desde el hogar. 

Hemos escuchado en repetidas ocasiones, que la familia es base y núcleo de la sociedad. Ha sido una de las grandes proclamas de la Iglesia Católica a lo largo de los siglos, que destaca la importancia que tiene en el edificio de la sociedad, tener sólidas las bases o columnas de esta, es decir que esté muy sólida la institución de la familia. Eso implica, que la formación y la educación en los hogares es un tema plenamente indispensable de ejecutar, de manera que se logre conducir por el sendero del bien y de la fe a la iglesia doméstica, es decir a la familia, y a quienes la conforman. 

No se puede esperar tener familias sólidas si los padres entregan la formación integral de sus hijos a personas ajenas a la realidad familiar; es imposible recoger en los hijos los frutos del amor, la tolerancia, la comprensión, el amor y la rectitud de vida, si nunca lo han recibido o visto de sus propios padres. 

El Papa Francisco, con el deseo de fortalecer la institución sagrada de la familia, desde el amor al interior de esta, ha promulgado la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, como un documento oficial de la Iglesia Católica que tiene por objetivo iluminar el sendero actual que recorren las familias y que en ocasiones se ve tentada a abandonar la fe, la integridad y los valores, reemplazando todo esto por propuestas inertes que desdibujan el sentido pleno que el Creador ha asignado a las familias como sagrario de la presencia de Dios en la historia. 

Esta exhortación apostólica, esta compuesta por nueve capítulos, que van desde los desafíos de la familia y su vocación en Jesús, pasando por el amor en el matrimonio, los desafíos pastorales actuales y el fortalecimiento que debe tener en las familias la educación de los hijos. Este ultimo tema es el que queremos abordar en esta reflexión, como una invitación a vivir esta semana de la familia y recordar los compromisos que en torno a la educación tiene el componente familiar. 

Lo primero que hay que decir, es que no existe otro lugar más adecuado para que los hijos aprendan el comportamiento moral y ético, fuera de la familia. Aunque podríamos pensar que ante la realidad del trabajo desmedido de los padres, son las escuelas las encargadas de esta responsabilidad, es bueno aclara que éstas están diseñadas para reforzar las ideas y prácticas o enseñanzas que en casa han aprendido. Es por eso que la responsabilidad de enseñar la honestidad, el respeto, la tolerancia, el ejercicio de la caridad, la rectitud de vida, la transparencia y “el desarrollo de hábitos buenos e inclinaciones afectivas en a favor del bien”(AL #264) recaen únicamente sobre los padres. ¿Cómo hacerlo? Los padres que conocen a sus hijos en los detalles más mínimos sabrán en qué medida y con qué métodos sus hijos aprenden más fácilmente los comportamientos; afirma el Papa, que la educación moral “implica pedir a un niño o un joven sólo aquellas cosas que no le signifiquen un sacrificio desproporcionado, reclamarle sólo una cuota de esfuerzo que no provoque resentimiento o acciones puramente forzadas” (AL 271), eso lo saben los padres cuando han pasado mucho tiempo y muchas experiencias con sus hijos. En la medida de las posibilidades y según la edad se va exigiendo un comportamiento moral que forma la voluntad y la libertad. 

De otra parte, es en el recinto sagrado de la familia, donde se aprende con el ejemplo a reconocer a Dios como prioridad en la vida. Es decir, el primer contacto de los hijos con la fe, los viven con sus padres. Su primer contacto con Dios es a través de papá y mamá; es con ellos donde se vive con la convicción de agradar a Dios. No obstante cuando aparecen las equivocaciones propias de la edad y del desarrollo del ser humano, se debe con cariño y con la convicción de formar mejores cristianos y mejores ciudadanos, siempre y cuando se evite cualquier daño y resentimiento que cause antipatía en los hijos en años futuros. 

No debemos olvidar que es la familia el sostén y guía de sus miembros frente al ataque desintegrador que la sociedad de hoy en día quiere ejercer, de manera que al descomponer esta célula tan importante de la sociedad, sea más fácil, en la división y la falta de perspectivas, promover cuanta cosa “moderna” aparece, llevando a desdibujar el sentido sagrado que el Señor ha asignado a la familia. Ante esta realidad, los medios de comunicación en algunas ocasiones no contribuyen de manera positiva a fortalecer la institución de la familia, sino que por el contrario, propician una imagen equívoca de familia o una falsa idea de felicidad o de amor, procurando rebajar la inmensa bondad del amor, del construir un hogar y de todo lo que ello implica, a simplemente el placer hedonista del gozo momentáneo y de la primacía de lo material o de la tecnología como centro de las relaciones, lo que conlleva a una desintegración del diálogo, de la cercanía, y por ende a la división de la familia. Por ende es necesario que en casa se tenga reglas claras y convicciones serias acerca del manejo del tiempo frente a pantallas electrónicas (celulares, televisores y computadores) para que la tecnología no termine creando daños internos en las relaciones intrafamiliares; ya lo afirma el Papa en el número 278 de “Amoris Laetitia”: “el encuentro educativo entre padres e hijos puede ser facilitado o perjudicados por las tecnologías de la comunicación y la distracción cada vez más sofisticadas. Cuando son bien utilizadas pueden ser útiles para conectar los miembros de la familia pesar de la distancia… pero debe quedar claro que no sustituyen ni reemplaza la necesidad del diálogo más personal y profundo que requiere el contacto físico”. 

Finalmente se debe destacar que en la medida en que se refuercen todas las iniciativas para formar y educar más a las familia, en que se fortalezcan los canales de aprendizaje de lo verdaderamente importante con los hijos y se le asigne tanto el tiempo como la importancia debida a las familias en la sociedad, podríamos llegar a ver grandes cambios sociales ante los conflictos y ante la decadencia que esta sufriendo la humanidad de estos tiempos. Si tan sólo en nuestra familias se reforzara la fe, la comunicación, la enseñanza dedicada de lo que no se aprende en la escuela; el futuro de paz, de reconciliación y de justicia social que tanto anhelamos lo podríamos construir aportando nuestro granito de familia. 

Es un gran aporte al cambio social de nuestro mundo o de nuestro metro cuadrado, participar de los encuentros de la semana de la familia.

Otro de los aspectos que debemos tener en cuenta es que los tiempos han cambiado. Hoy somos testigos no de una época de cambios sino de un cambio de época que nos obliga a tomar acciones en beneficio de nuestra familia.

Muchos de los lectores de este texto vienen de un mundo monocromático, monotemático y totalmente unidireccional, en donde eran simples consumidores de contenidos mediáticos (radio, TV, prensa escrita). Ellos, nosotros, quienes nacimos antes de los años noventa hemos sido denominados “inmigrantes digitales”, es decir, venimos de un mundo muy diferente al que nos hemos visto obligados a adaptarnos.

Y ese nuevo mundo es multicromático, multitemático, digital, táctil y bidireccional. Y quienes vienen naciendo de los años noventa hacia acá, parte de ese mundo recién descrito, han sido denominados “nativos digitales”. Ambos términos fueron acuñados por el profesor Marc Prensky, para intentar denominar dos generaciones marcadas por la entrada de la era digital. Agregaríamos que además de lo descrito, vivimos un momento de tanta carga informativa (contenidos audiovisuales, visuales, sonoros, impresos, chats, mensajes, etc.) que hemos entrado en un estado de “infoxicación”, es decir, totalmente intoxicados de información las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año.

¿Debemos educar a nuestros hijos “nativos digitales” para que usen adecuadamente los entornos tecnológicos? La respuesta es un sí. 

Internet y las redes sociales

No podemos desconocer los grandes beneficios que ha traído la web y las denominadas redes sociales. Información, interacción, comunicación, participación, entre otras, son tan solo algunas de las ventajas que nos ofrecen.

Sin embargo, también debemos conocer que existen riesgos: pornografía infantil en línea (un negocio muy lucrativo…), Grooming (actividad en la cual un adulto se hace pasar por un menor de edad para engañar a un infante y obtener material y favores sexuales…), Sexting (práctica en la cual dos personas intercambias vía mensajería de texto imágenes eróticas o sexuales…), ciberacoso, entre otras, que han prendido las alarmas de muchos padres de familia, educadores y hasta de las autoridades.

Por eso se deben tomar medidas: nunca el computador o la tableta en la habitación de los niños, instalar aplicaciones de control parental, no permitir que un menor de 15 años tenga redes sociales y sobre todo dejar claras las normas de uso de dispositivos, páginas y redes. Recuerde: las normas no coartan la libertad, las normas ayudan a organizar la libertad. 

Los videojuegos, más que realidad

Los tiempos han cambiado, como ya dijimos, pero pareciera que no nos damos cuenta ante ciertos aspectos, como los videojuegos.

Hace tiempo dejamos atrás Pac-man y Marcianitos, y vivimos unos juegos digitales de un realismo impresionante, en donde somos capaces de hacer lo que en la vida real no podríamos. Además, estos juegos generan competencia, desafíos, actividad mental que sanamente utilizada puede ser muy útil.

Sin embargo, cuando no se manejan de forma adecuada se corren grandes riesgos: videojuegos inadecuados para su edad (hay que ser cuidadosos con la clasificación, que se encuentra en la caratula del juego), ausencia de normas de uso de la consola, no manejo del tiempo, entre otros, generan inactividad social, falta de apetito, falta de sueño, dependencia, mal genio, caída del rendimiento académico, entre otros que deben ser tratados por un especialista.

Recuerde: las normas son primero. Si no hay normas, somos responsables de las consecuencias. 

Los celulares

Estos dispositivos, que nos facilitan la vida, también se han convertido en objeto de deseo y estatus. Pero realmente están diseñados es para que nos comuniquemos más fácilmente.

Hoy día, los niños son quienes más piden un celular, y muchos padres de familia les regalan uno más por quedar bien delante de otros padres, o por satisfacción personal, por una real necesidad.

Antes de comprarle un celular a su hijo, debe responder el siguiente cuestionario:

  1.     ¿Para qué lo necesita?
  2.     ¿Será responsable con su uso y las normas que se coloquen?
  3.     Si existe alguna falta, ¿cuál será la sanción?
  4.     Si definitivamente se le va a regalar uno, ¿qué tipo de celular?

Ya con un panorama más claro, se puede tomar la decisión. Y se deben tomar acciones para evitar problemas como la Nomofobia (la fobia a no tener el celular) que, según estudios clínicos y sicológicos genera los mismos síntomas de abstinencia de un adicto a las drogas. No en vano en Asia a los celulares les denominan la “heroína electrónica”… 

Planes de acción

Dentro de lo mencionado, entra en buena parte la televisión, en donde debemos tener en cuenta que ya no es exclusiva del aparato que denominamos televisor. Hoy, cualquier pantalla es un televisor.

Por eso, para no ser testigos del desarrollo de una generación de “huérfanos digitales”, es necesario seguir las siguientes pautas generales para enfrentar los desafíos que tiene la familia en la era digital:

  1. La familia debe formarse para estar al día y así cumplir su fin educativo.
  2. Ser críticos de lo que se ve, oye, navega, juega.
  3. Mejor enseñar que prohibir
  4. Recordar que las pantallas no son neutras y siempre tendrán una intención comunicativa.
  5. Vivir grandes tiempos de familia: dialogar, comer juntos, jugar, abrazarse, amarse. Que la tecnología no sea un escondite por falta de afecto.
  6. Las pantallas no son las “niñeras digitales” de los niños.
  7. Respetar decisiones y gustos, y para eso hay que formar y forjar personalidades fuertes y consistentes.
  8. Trabajo conjunto de todos los miembros de la familia.
  9. Los padres de familia y educadores deben dar ejemplo.
  10. Aprovechar la tecnología de forma positiva. 

Finalmente, recordemos que la tecnología, por muy avanzada que sea, jamás reemplazará a la persona humana, al otro, a la sensibilidad por las necesidades de los demás, al amor por la naturaleza, a los sentimientos, ni al amor. Que eso prevalezca siempre.

Por: Juan Camilo Díaz Bohórquez, Comunicador Social y Periodista, Magíster en Educación y Desarrollo Humano, ex Director de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia para la visita del Papa Francisco. 

Los padres de familia y educadores miramos con timidez, y algo asombrados, la relación que niños y adolescentes tienen con la tecnología. Son cercanos a ésta, la manejan fácilmente, parecieran que la dominan, y nos quejamos al verlos inmersos en sus dispositivos, chateando, navegando, publicando, socializando como si el mundo exterior no existiera.

Reconociendo que la tecnología ha traído grandes beneficios, a continuación, vamos a describir algunos aspectos de gran valor para que la familia mantenga su rol de educador natural de sus hijos, incluidos los aspectos digitales, comprendamos lo positivo y lo negativo de la tecnología y se conozcan algunas pautas para el uso seguro, responsable y constructivo. Comencemos. 

La familia, una educadora natural

Partiendo del hecho de que la familia es el agente educador natural y primario de la persona humana, se debe tener en cuenta que ese derecho – deber abarca todos los aspectos propios del desarrollo de las personas. Valores, hábitos, ciencias, urbanidad, principios, son las áreas propias de la función educativa pero ahora debemos adicionarle el tema digital.

Seamos sinceros: asumir la tarea de ser padre o madre es para valientes. La falta de experiencia se compensa con la buena voluntad que tenemos para educar a nuestros hijos lo mejor posible, pero evidentemente no lo sabemos todo y debemos buscar alternativas, ayudas, complementos que nos faciliten la tarea. El colegio por ejemplo es uno de esos actores complementarios, siempre y cuando su proyecto educativo institucional (PEI) sea afín a nuestro proyecto educativo familiar (PEF). Por eso debemos formarnos, asistir a cursos, seminarios, documentarnos, prepararnos.

No tenemos excusa: o educamos a nuestros hijos o corremos el enorme riesgo de que otros lo hagan. Y a lo mejor sus valores y principios no son nada recomendables…

Foto: google.com

La adolescencia no es una etapa fácil, pues está llena de cambios tanto físicos como emocionales y los padres de familia deben tener en cuenta esto, y recordar que todos pasaron por las mismas situaciones.  Es normal que algunos jóvenes presenten rebeldías, y cambios en su comportamiento, para poder entender lo que le sucede a su hijo es importante saber los conflictos a los que se enfrenta día a día. 

Uno de ellos y el más importante son los conflictos en el hogar con los mismos miembros de la familia, tanto con padres como con hermanos y demás, esto se debe a que la mayoría de los adolescentes pasan por la etapa de “la independencia” y es cuando generalmente los padres adoptan posturas más rígidas y en algunos casos extremas.

El segundo conflicto es con el mundo, los adolescentes desean tener el control de todo y cuando este control no es puesto en límites, se torna  peligroso, ya que su hijo adolescente accederá a todo lo que quiere sin moderación dañándose a él mismo y a la propia sociedad. El pronóstico es que será un  joven y adulto sin límites. 

Algunos consejos que les pueden ayudar como padres de adolescentes son los siguientes:

  1.     El diálogo, siendo el primero y más importante, pues no vas a saber que le sucede a su hijo si solo discuten y no se habla con él.
  2.     Entender que son dos personas diferentes, y como diferentes su percepción al resto del mundo cambia, recuerda que cada cabeza es un mundo.
  3.     Adoptar una postura de amigo y no de enemigo, no es bueno ser extremadamente estricto, u obligar a que su hijo acceda a cosas que no desea.
  4.     Ser consejero y mentor, en sus momentos de debilidad es bueno que lo motives y ayudes a sentir mejor.

Por: Nidya Rojas Casadiego, Psicóloga 

De nuestra madre nacimos, nunca nadie ocupará su lugar, es con quien más estamos unidos, es la causa de nuestra más profunda y primera felicidad. Desde que nacemos venimos con un impulso natural de acercarnos y en el primer contacto nos abrimos a recibir su amor y protección. Esta unión trasciende las características biológicas que compartimos y fundamenta el proceso de  vinculación que inicia desde la misma gestación. El vinculo madre e hijo, es una relación de doble vía; ya que la madre puede favorecer positiva o negativamente la estructuración de la personalidad del hijo y por otra parte, no podemos dejar de considerar que, la experiencia de la maternidad, da paso a un nacimiento psicológico como mamá. 

La consolidación de este vínculo puede aprovecharse desde los primeros momentos, a través de acciones como amamantar, acariciar, besar, abrazar, entre otros; y de esta forma se irán estableciendo lazos de afectividad que promueven en el niño su capacidad para amar y ser amado, fortalece aspectos fundamentales de su personalidad como lo son la autoestima, el autoconcepto y las relaciones asertivas, que son altamente influenciadas desde la primera infancia. Y para las mujeres, es una oportunidad de introducirse a la vivencia de nuevos aspectos del proceso maternal en su naturaleza femenina. 

La psique de una madre 

Durante el embarazo y de forma especial en el nacimiento de un hijo, la mujer se adentra en un estado psíquico muy especial. Se estructura una organización de la vida diferente y adaptada para esta nueva etapa de cuidadora y también en su papel como proveedora en las necesidades emocionales del niño. Muchas mujeres experimentan algo así como un cambio de piel, se aumenta la sensibilidad con relación a su vida anterior. Una  mamá también siente y percibe el mundo como lo hace su bebé. Es el inicio de una conexión profunda e inexplicable, que de acuerdo a las particularidades de cada mujer, puede convertirse en una de las etapas más dulces en su vida o en un incontrolable sube y baja emocional. 

La psique de un hijo 

El niño desde su gestación atraviesa distintas etapas, en su desarrollo físico, motor, cognitivo, perceptivo, emocional afectivo y social. Es desde la infancia donde se estructura una incuestionable transcendencia para la vida, en donde aspectos relacionados con el vínculo de la madre, influyen en gran medida lo que será el adulto. Sin saberlo, la madre realiza tareas esenciales para el establecimiento de bases solidas en la futura salud mental del niño. Es ella quien por su cercanía y cuidado, lo prepara para su afrontamiento con la realidad externa. Acciones básicas y cotidianas relacionadas con su forma de sostenerlo, bañarlo, alimentarlo y demás; va enmarcando la primera idea que el niño tiene del mundo, proyecta cómo será la manera de relacionarse con otros y si puede o no, establecer una relación satisfactoria con lo que le rodea. 

Las particularidades de la madre 

El acto de amamantar propio de las madres, genera una disposición natural a desarrollar una relación más física y afectiva con los hijos. Ellas disponen una mayor facilidad para que el infante  exprese  emociones, sentimientos y puede resultar un muy efectivo puente con papá. No puede dejarse de lado, la importancia que también tiene el padre y que aunque las figuras paternas den sus aportes de forma distinta, los dos son en realidad complementarios a la hora de proporcionar a los hijos, una visión completa del mundo. 

Mamá se convierte en un medio de educación y lo hace a través de su vida cotidiana. Su estancia del día a día, la hace ser mas comunicativa, se relaciona de forma más cercana, transmite amor en línea directa, suele ser mas consoladora, puede ser mas protectora e incurrir en el riesgo de sobre proteger. En la tarea de ejercer su autoridad, esta debe ser respaldada por el padre o de lo contrario se desdibuja y se pierde frente al niño. 

En la ausencia de la madre 

Si la ausencia se da en los primeros años de vida, puede dificultar en el niño la construcción de vínculos amorosos con otras personas. Se puede manifestar en el hijo, inseguridad y mostrarse necesitado de un lazo que lo contenga. En muchos casos, se observa que problemas asociados a consumo de alcohol y drogas, están fuertemente influenciados por una madre ausente.

 ¿Cómo establecer lazos de amor? 

El psiquiatra norte americano Brian Weiss, expresa que el amor es la energía más básica y dominante, al considerar que es el componente fundamental de la naturaleza que conecta y une todas las cosas. Para muchos el vínculo entre una madre y un hijo, representa la forma más pura de ese amor. De allí que esta relación debe estar cimentada más allá de lo básico y esperado: el cuidado, la crianza, la satisfacción de necesidades para los hijos, la reciprocidad que estos deben a la madre, etc. Podría hablarse de muchas formas de fortalecer esta unión irrompible, sin embargo hay aspectos relevantes a la hora relacionarnos a través del vinculo filial. 

- Expresar las emociones, lo que se siente, lo que cada uno piensa acerca de la vida y del mundo. Madre e hijo, son diferentes, han vivido etapas y momentos de la historia diferentes. Tener una relación basada en el respeto de esas diferencias y en la unión de las coincidencias.

- Lo esencial de la cotidianidad en el desarrollo del vínculo. La vida diaria, con sus rutinas establecidas en los roles que madre e hijo realizan, son de gran valor en la afectividad. Los dos están intrínsecamente vinculados y de la forma cómo se correspondan entre sí, en cuanto a su comunicación, el respeto, el lenguaje, el apoyo mutuo, la valoración del otro, etcétera;  determina en gran medida el nivel o calidad de la relación.

- Tomar lo que nos corresponde con agradecimiento. Dar las gracias y tener la capacidad de transformar lo que nos ha sido regalado como madres o como hijos, es asentir (admitir) y abrirle las puertas al regalo recibido. No es una obligación servir y recibir. Es un agradecimiento mutuo por el don de ser madre y la alegría de ser hijo.