Foto: hermandadblanca.org

La idea de que las decisiones que tomamos no dependen enteramente de nosotros, puede resultar aterradora. La consciencia y la libertad son “nuestros superpoderes”, aquellos que nos distinguen del resto de animales. Como dijo el fraile Pico Della Mirandola en el siglo XV: “La criatura humana es la única capaz de avistar un destino y perseguirlo”. Pero ¿y qué pasa si la elección de ese destino está mediada por el inconsciente?

A esta pregunta le da respuesta, John Bargh, psicólogo social de la Universidad de Yale (Estados Unidos), quien durante más de tres décadas ha estudiado la influencia del inconsciente en la conducta y opiniones de las personas: “Los límites de nuestro libre albedrío”, como él los llama.

Su premisa es que, en todo momento, la mente está influenciada por el pasado, la memoria genética y las experiencias previas; por el presente, las respuestas instintivas al entorno, y por el futuro, las motivaciones y deseos que hacen que nos enfoquemos en ciertas cosas y dejemos otras de lado.

Si entendemos el poder del inconsciente sobre nuestras decisiones, ¿es posible que perdamos interés en la vida?, la conclusión a la que ha llegado, es que esos procesos inconscientes de nuestra mente son tan nuestros como los conscientes. No es como si fuéramos controlados por fuerzas ajenas que no reflejan nuestros valores y objetivos, como máquinas sin voluntad. Por ejemplo, algunas veces esas influencias del exterior solo aplican para personas que de antemano tienen una meta o motivación particular. Los estudios en supermercados indican que cuando vemos palabras referentes a ‘dieta’ o ‘comida saludable’, estas influencian más las personas con sobrepeso que han tomado la decisión de actuar sobre este problema. Es decir, la etiqueta dietética solo los influencia a hacer cosas que inconscientemente ellos ya querían hacer. En realidad, creo que estas influencias son impulsos para que hagamos aquello que deseamos.

Foto: rivertownanimalhospital.com

La Navidad es una buena ocasión para cumplir el deseo de tener una mascota y puede ser el mejor de los regalos. Pero si lo está pensando, o ya está decidido, hay varias cosas que debe tener en cuenta, ya que debe entender que los animales no son juguetes y requieren de cuidados para toda su vida.

Lo primero que hay que saber es que se trata de una decisión para tomar con la cabeza fría, se debe pensar en el estilo de vida que se lleva en el hogar, en el espacio de la casa, en las condiciones económicas y en el tiempo que se requiere para la alimentación y los cuidados de un animal de compañía.

La etóloga Carolina Alaguna, experta en comportamiento animal, afirmó “que los niños que crecen con animales de compañía es maravilloso porque les ayuda a crear empatía con la naturaleza; hace que expandan el círculo de compasión, lo que quiere decir que no solo van a ser amorosos, empáticos y compasivos con su mascota, sino con todos los animales y, por su puesto, con los seres humanos”.

Por otro lado, César Millán, el reconocido ‘encantador de perros’, dedica todo un capítulo a cómo elegir el perro ideal en su libro Guía para un perro feliz. Para él, a la hora de decidir sobre qué perro adquirir es importante conocer los grupos de perros que hay: deportivos, sabuesos, de trabajo, pastores y no deportivos, y estudiar bien las características de cada uno para saber cuál se puede adecuar a nuestra familia.

También es importante no recurrir en primera instancia a la compra de perros, ya que hay muchos animales en la calle que necesitan de un hogar.  Lo ideal es acabar con la comercialización de perros y promover el rescate de los canes callejeros.

Por: Heather Kirn Lanier

es.aleteia.org

La primera vez que intenté observar el Adviento, fracasé. Ahora hago estas cosas y la mejoría es evidente.

Cuando era niña, únicamente escuchaba la palabra ‘Adviento’ en conjunción con la palabra ‘calendario’. Para mí, el Adviento conjuraba imágenes de moldes de chocolate ocultos tras diminutas ventanitas de cartón numeradas con formas de renos, estrellas, caras de Papá Noel, etc.

El Adviento significaba una vertiginosa cuenta atrás hasta el gran premio: la mañana en que un deslumbrante árbol arrojaría decenas de cosas fantásticas compradas en el centro comercial, cosas que yo quería y que, dependiendo del año, variaban desde parafernalia de la banda de chicos de moda hasta ostentosos mocasines de marca.

No obstante, el carácter de la temporada de Adviento es distinto, su propósito es ayudarnos a calmar nuestros corazones y esperar con anticipación esperanzadora la celebración del nacimiento de Jesús. “La espera que estamos llamados a hacer durante el Adviento no es un tipo de espera ajetreada, cegada y frenética”, escribe Katie Jensen en A Sacred Journey, “sino una espera silenciosa y fructífera que te conecta profundamente con el presente y con tu auténtico yo”.

No sé tú, pero la descripción de Jensen no suena en absoluto a lo que he vivido en la mayoría de mis diciembres. Mi bandeja de correo electrónico rebosa con folletos que anuncian suculentas gangas. Los anuncios melodiosos se cuelan en mi salón para insinuar que, si de verdad quiero a ese, esa o esos seres queridos, les compraría este artículo brillante, este anillo resplandeciente, este aparato único en su especie. Los titulares compiten por qué artículo ha sacado la última actualización o el último cambio de imagen. Culturalmente, lo habitual es que la sensación de diciembre sea de bastante ruido.

Sin embargo, el Adviento debería ser un tiempo de silencio y de escucha. En medio del ruido cultural, el Adviento es precisamente lo que necesito. Y aun así, la primera vez que intenté observarlo, respetarlo, guardarlo, cumplirlo, declarando al inicio de la estación que esta vez diciembre sería diferente, fracasé.

La energía frenética de la Navidad secular pasó por encima de mí con la fuerza de un tren. Cuando llegó el 25 de diciembre, no me sentía como si acabara de observar cuatro semanas de sencillez y silencio y espera de lo divino. Me sentí como un ratón agobiado que daba vueltas descontroladamente por un remolino de consumismo para luego irme por el sumidero.

Aquel año, me di cuenta de que para disfrutar con profundidad del Adviento, tenía que elaborar un plan. Si tú sientes también que la presión por comprar te está dejando vacío (y quizás también a tu cartera), si tú también tienes sed de un Adviento verdadero, aquí tienes algunas ideas:

1. Ponte minimalista con los regalos

Replantéate la presión consumista de llegar con un saco enorme lleno de regalos y, mejor, establece limitaciones sanas a la hora de comprar regalos.

Algunas familias regalan solamente lo que cabe en sus calcetines en vez de cubrir toda la base del árbol o llenar todo el salón de regalos. Otros rehúyen por completo de los regalos materiales. Rebecca Wiltberger de Kentucky dice: “He reducido drásticamente mis regalos de Navidad a un sencillo regalo para los hombres de mi familia y otro diferente para las mujeres. Algunos años han sido pijamas y bonitas bufandas. Este año, son galletas caseras para los caballeros y pendientes o pinzas para el pelo para las damas”.

Otra opción, si quieres personalizar tus regalos, es ceñirte a la norma de los cuatro regalos:

  • un regalo que desee el regalado,
  • otro que necesite,
  • otro de atuendo
  • y una lectura.

Estas son las directrices que estoy siguiendo este año y me sorprende la rapidez con que puedo dominar mi deseo de añadir un juguete de Disney más a mi cesta virtual.

2. Planifica antes

Confesión: me encanta ir de compras. Y siempre querré dar a todos mis familiares un regalo individual por Navidad. Sin embargo, ir a la caza del mejor regalo vistiendo mi jersey de mezcla de lana parece no concordar con la quietud de vigilia para esperar y anhelar la plenitud de la vida.

Hace dos años, me comprometí a completar todas las compras navideñas familiares antes del 1 de diciembre y he continuado con ese propósito. Esta elección ha sido crucial para ayudarme a cultivar un Adviento calmado y lleno de oración. 

Si hay algunas tradiciones que sabes que quieres mantener durante la Navidad, como el enviar postales navideñas, intenta tener preparado todo lo que puedas antes de encender tu primera vela de Adviento.

3. Deja atrás ciertas tradiciones

Para poder decir sí a la invitación del Adviento a esa escucha profunda, tendrás que decir no a algunos de los ajetreos habituales de diciembre.

Algunas familias, por ejemplo, declinan las invitaciones a fiestas hasta la Nochebuena. Kay Trafton, de Vermont, dice: “Decidí con antelación qué tradiciones eran importantes y cuáles no”. En su lista de cosas no tan importantes: hacer galletas y enviar postales. Ahora retrasa el envío de tarjetas hasta Año Nuevo. “Fue la mejor decisión que he tomado nunca”, afirma.

“He pasado los 12 días entre Navidad y Epifanía escribiendo de seis a ocho tarjetas por noche y de verdad encontré tiempo para rezar por las personas y escribir mensajes personales. Ya no lo siento como un deber tedioso, sino algo que hago con gusto”. Date permiso para posponer o descartar por completo ciertas expectativas que no aportan nada a tus intenciones de Adviento.

4. Prueba una tradición de Adviento nueva para ti

Si reduces la compra y el ir corriendo a todas partes, tendrás más hueco para otras tradiciones y Adviento tiene varias joyas que ofrecer, desde la coronas de Adviento al árbol de Navidad pasando por el portal de Belén.

Melani Daves Moore y su familia usan esta espiral de madera de Adviento que combina la cuenta atrás diaria del calendario con el encendido de velas de la corona. Cuando encienden una vela cada noche a la hora de cenar, hacen un devocional juntos.

Otras familias llenan sus calendarios de Adviento no con chocolates u otros dulces, sino con pequeños papelitos donde han escrito oraciones, cánticos, frases inspiradoras, canciones e incluso actividades que pueden hacer juntos.

A mí me gusta sacar la escena de la Natividad de juguete de mis hijos y descubrir diferentes versiones del villancico de Sufjan Stevens titulado “O Come, O Come, Emmanuel”.

5. Renuncia a algo

Como me atrae la idea de ayunar durante la Cuaresma, no como forma de autocastigo, sino para simplificar y crear espacio, normalmente renuncio a algo también durante el Adviento.

El primer año, “ayuné” de comprar cualquier otra cosa que no fuera alimentación y elementos necesarios del hogar. Esto me permitió centrarme no en adquirir nuevas cosas, sino en valorar lo que ya tenía en mi vida.

El año pasado, renuncié a los medios sociales. Me encanta mantener el contacto con la gente, pero quise experimentar un sentido más profundo del silencio, una introspección intencional.

Quizás se te ocurra algo de lo que puedas abstenerte, no como una versión moderna y cruel de un cilicio, sino para mirar hacia tu interior y reflexionar sobre tus esperanzas por ti y por el mundo.

6. Afronta un desafío

Cuando renuncias a algo, quizás te sorprenda cuánto te libera para abrazar algo nuevo. ¿Qué práctica diaria podría facilitarte escuchar más tu corazón, para atender a tu alma?

Jenn Giles Kemper, creador del fantástico “Planificador de Días Ordinarios Sagrados”, decidió hacer caminatas diarias al atardecer. Kay Trafton se comprometió a escribir en su diario de 10 a 15 minutos al día.

7. Espera la Navidad… ¡con sus 12 días!

Según el calendario litúrgico, la Navidad no es solamente un día, sino 12. Aunque mi familia intenta mantener a raya la fiebre navideña durante la mayor parte del mes, dejamos que arrase cuando llega el 24 de diciembre.

Celebramos tantos días como podemos de los 12. Holgazaneamos y vemos películas. Preparamos comidas magníficas. Visitamos a familiares que rara vez podemos ver. Si puedes limitar los villancicos, la ingesta de mantecados y las cenas festivas hasta la noche del 24 de diciembre, los 12 días de Navidad sirven a tu cuerpo y alma como una fiesta bien merecida, una que se regocija no en los bienes comerciales, sino en el amor y en la luz.

Por: María Álvarez de las Asturias, fundadora del Instituto Coincidirespecializado en el asesoramiento personal y familiar.  España. 

El matrimonio es una decisión con consecuencias tan importantes en la vida de los contrayentes que solo puede surgir desde la libertad. Desde esta aproximación se puede entender mejor qué es un matrimonio nulo.

Cuando una pareja de novios decide casarse, lo deseable es poder alegrarse de su decisión; pero con frecuencia solo nos fijamos en la celebración y no damos importancia suficiente al hecho de que el matrimonio es mucho más que la boda y esta decisión, casarse, va a cambiar sus vidas. Por la relevancia de las consecuencias que tiene, es importante que esa voluntad que manifiestan (de unirse en matrimonio) responda a la verdad de lo que quieren vivir. 

Porque el matrimonio es una cuestión de libertad. Casarse implica elegir a una persona para compartir la vida en una unión de amor; pero, además, supone optar por una forma concreta de vivir esa unión ya que el matrimonio tiene unas características especiales que lo distinguen de otras formas de relación amorosa.

En ocasiones, hay circunstancias personales que limitan la libertad; por ejemplo, dificultades psicológicas que nos dificultan ser dueños de nuestras decisiones, dejándonos llevar por impulsos o miedos que no podemos resistir. Otras veces son circunstancias o presiones externas las que llevan a una persona a hacer algo que, realmente, no quiere; incluso en ocasiones puede haber algún hecho o circunstancia que se nos ha ocultado y que, de haberse conocido, nos habría llevado a decidir no casarnos.

Hemos dicho que casarse implica, además, elegir una forma de unión con unas características especiales: el matrimonio es querer vivir un amor fiel, fecundo y para siempre, siendo una sola carne en los días buenos y en los malos. Si uno de los contrayentes (o los dos) no quiere una unión así y prefiere una relación que, por ejemplo, se pueda romper o esté abierta a relaciones con otras personas, realmente no quiere el matrimonio: aunque lo esté diciendo con los labios, la verdad es que su voluntad, su decisión libre, su “sí” es a otro tipo de unión.

En este punto es donde podemos entender qué es la nulidad de matrimonio. Solo la decisión libre, consciente y voluntaria de ambos contrayentes puede dar origen al matrimonio entre ellos. Si hay alguna circunstancia que les impide elegirlo libremente o si realmente quieren una unión desprovista de alguna de las características del matrimonio, el matrimonio no surge. Aunque aparentemente se hayan casado, en realidad no lo han hecho.

Casi todos los sistemas legales regulan la nulidad del matrimonio: también la Iglesia Católica afirma que una persona solo se casa si realmente quiere casarse. Y eso implica:

  1.  Que nadie puede decidir por ti que estás casado
  2.  Que nadie puede decidir por ti qué tipo de unión quieres.

Y este respeto a la libertad personal es tan fuerte que, en la Iglesia, las cosas no cambian por el simple paso del tiempo: si te has casado, estás casado. Pero si realmente no te has casado, no pasas a estarlo por el paso del tiempo.

Ahora bien, como lo que consta ante la ley (civil y/o eclesiástica) es que los contrayentes dijeron “sí, quiero contraer matrimonio; sí, vengo libremente”, lo que en principio consta es la existencia de un matrimonio válido. En caso de considerar que hay motivos suficientes por los que no es así, es necesario acudir a un proceso para solicitar que se declare nulo y probar esos motivos.

Cuando escuchamos hablar de los procesos de nulidad de matrimonio, muchas veces nos cuesta entenderlo. Es verdad que no en todos los casos de separación o divorcio hay causas que hacen nulo el matrimonio; pero si conociéramos más de cerca la realidad que han vivido las personas que inician un proceso de este tipo, comprenderíamos que las cosas muchas veces no son como parecen; y que conocer la verdad de la situación personal en la que uno se encuentra puede ser una ayuda para curar las heridas de una ruptura y poder afrontar el futuro desde la verdad.

Por: es.aleteia.org 

El Papa Francisco ha remarcado en más de una ocasión que la Iglesia Católica está siempre en misión, es decir, que es misionera por vocación. En efecto, con motivo de la 92 Jornada Misionera Mundial que se celebra el domingo 21 de octubre de 2018, la Agencia Fides presentó algunas estadísticas seleccionadas para ofrecer un cuadro panorámico de la Iglesia misionera en el mundo. 

En general, aumenta el número de los católicos, pero en porcentaje disminuyen, igualmente baja el número de sacerdotes, seminaristas, religiosos y  religiosas. Una buena noticia es el aumento de los diáconos permanentes y del potencial de la obra social y caritativa de la Iglesia que beneficia cada vez más a la infancia y a la juventud y las personas mayores en el mundo. Veamos las cifras preparadas por la Agencia Fides:

 

Católicos en el Mundo 

Hasta el 31 de diciembre de 2016, la población mundial era 7.352.289.000 personas. En la misma fecha, el número de católicos era de 1.299.059.000 personas. 

 El número de católicos aumentó en 14.249.000, pero en porcentaje se aprecia una ligera disminución ya que se pasó del 17,73% de la población del mundo al 17,67%.

El número de católicos crece en todos los continentes, menos que en Europa por tercer año consecutivo (-240.000), que como el año pasado registra una disminución más marcada. En América la cuota de católicos crece en +6.023.000. 

Como mencionamos a nivel global el porcentaje de los católicos ha disminuido del 0,05%.  Aumentan en América (+0,06), Asia (+0,01) y en Oceanía (+0,02), y hay disminuciones en África (-0,18) y Europa (-0,11).  

Habitantes por sacerdote 

El número de habitantes por sacerdote ha aumentado de 39 unidades, alcanzando el número de 3.130. Se registran aumentos en África (+7), América (+74), Europa (+22) Oceanía (+52). Se confirma una disminución, como el año anterior en Asia (-13).  

Sacerdotes y diáconos

El número total de sacerdotes en el mundo este año también ha disminuido, alcanzando una cuota de 414.969 (-687). Una vez más, se señala una disminución importante en Europa (-2.583) a la que se suma este año América (-589). Los aumentos se dan en África (+1.181) y Asia (+1.304). 

Los diáconos permanentes en el mundo este año también han aumentado de 1.057 alcanzando el número de 46.312. El aumento más consistente se confirma una vez más en América (+842), seguida por Europa (+145). 

Obispos 

Los obispos en el mundo ha aumentado de 49 unidades: 5.353. Aumentan los obispos diocesanos y también religiosos. Los obispos aumentan en América (+34).  

Religiosos y religiosas

Los religiosos no sacerdotes han disminuido por cuarto año consecutivo, al contrario de la tendencia de años anteriores, de 1.604 unidades, situándose en 52.625. Las disminuciones, mucho más consistentes que el año pasado, se han registrado en todo el mundo: África (-50), América (-503), Asia (-373), Europa (-614) y Oceanía (-64). 

Se confirma la tendencia a la disminución global de las religiosas, disminuyendo de 10.885 unidades, inferior con respecto al año pasado. Son en total 659.445. Los aumentos se registran otra vez, en África (+943) y en Asia (+533), las disminuciones en América (-3.775), Europa (-8.370) y Oceanía (-216). 

Misioneros laicos y catequistas

El número de Misioneros laicos en el mundo es de 354.743, con un aumento global de 2.946 unidades, particularmente sensible en América (+4.728) y África (+759). Y disminuciones en Asia (-1.565), Europa (-921) y Oceanía (-55).
Los Catequistas en el mundo han disminuido un total de 36.364 unidades, situándose en 3.086.289. El único aumento ha sido en África (+10.669). Disminuyen en América (-20.407), Asia (-12.896), Europa (-13.417) y Oceanía (-313). 

Seminaristas mayores

El número de seminaristas mayores, diocesanos y religiosos, este año también ha disminuido globalmente, exactamente de 683 unidades, alcanzando el número de 116.160. Los aumentos se han registrado en África (+1.455) y en menor medida en Asia (+9), mientras disminuyen en América (-1.123), Europa (-964) y Oceanía (-60).

Los seminaristas mayores diocesanos son 71.117 (+999 respecto al año anterior) y los religiosos 45.043 (-1.682). Para los seminaristas mayores diocesanos los aumentos se producen en África (+1.059), América (+16) y Asia (+310). Las disminuciones han sido en Europa (-381) y Oceanía (-5). Los seminaristas mayores religiosos aumentan sólo en África (+396), mientras que disminuyen en América (-1.139), Asia (-301), Europa (-583) y Oceanía (-55). 

Seminaristas menores

El número total de seminaristas menores, diocesanos y religiosos, este año al contrario del precedente, ha disminuido de 2.735 unidades, situándose en 101.616. Han disminuido en todos los continentes: África (-69), América (-1.299), Asia (-871), Europa (-581) y Oceanía (-5).

Los seminaristas menores diocesanos son 78.369 (-1.729) y los religiosos 23.247 (-1.006). Para los seminaristas diocesanos el aumento se registra en África (+236) y Oceanía (+7). La disminución en América (-684), Asia (-988) y Europa (-300).
Los seminaristas menores religiosos por su parte aumentan sólo en Asia (+207). Disminuyen en África (-305), América (-615), Europa (-281) y Oceanía (-12). 

Institutos de instrucción y educación

En el campo de la instrucción y la educación la Iglesia administra en el mundo 72.826 escuelas infantiles frecuentadas por 7.313.370 alumnos; 96.573 escuelas primarias con 35.125.124 alumnos; 47.862 institutos de secundaria con 19.956.347 alumnos. Además sigue a 2.509.457 alumnos de escuelas superiores y 3.049.548 estudiantes universitarios.

Obras sociales de la Iglesia

Los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia engloban: 5.287 hospitales con mayor presencia en América (1.530) y África (1.321); 15.937 dispensarios, la mayor parte en África (5.177), América (4.430) y Asia (3.300); 610 leproserías distribuidas principalmente en Asia (352) y África (192); 15.722 casas para ancianos, enfermos crónicos y discapacitados la mayor parte en Europa (8.127) y América (3.763); 9.552 orfanatos en su mayoría en Asia (3.660); 11.758 guarderías con el mayor número en Asia (3.295) y en América (3.191); 13.897 consultorios matrimoniales, en gran parte en Europa (5.664) y América (4.984); 3.506 centros de educación o reeducación social y 35.746 instituciones de otros tipos.