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La capacidad de adaptarse, aprender y superar la adversidad cuando abordamos situaciones que implican sufrimiento o retos a los que tenemos que responder para poder seguir caminando en la vida. Solemos asociar los eventos traumáticos  o difíciles como algo negativo y tendemos a sentir compadecimiento o lástima hacia nosotros mismo o hacia las personas que las están atravesando.

La resiliencia es la capacidad para hacer frente a las adversidades de la vida saliendo fortalecido de ellas. Es el resultado de un proceso dinámico que varía según las circunstancias, la naturaleza de la situación, el contexto y la etapa de la vida del individuo.  Lo siguiente son una serie de consejos, los cuales ayudaran a tener una mejor actitud ante la vida frente a cualquier situación.

  1.  Seguridad en sí mismo y en su capacidad de resolver los problemas
  2. Presencia clara de valores en la vida y de la certeza del apoyo social
  3. Actitud de ser causa de lo que sucede a su alrededor
  4. Aprenden tanto de las experiencias positivas como de las negativas
  5. Actitud positiva y creativa ante los nuevos retos de cada día
  6. Curiosidad y apertura a nuevas experiencias

La idea es aumentar la confianza en las propias capacidades para afrontar las adversidades que nos presente el futuro. 

Por: Constantino Celis
Ingeniero de Sistemas

Hoy día para una gran parte de las personas estar conectado a las redes sociales se ha vuelto una necesidad básica comparada con el dormir y el comer ya que al momento de no tener la posibilidad de estar en contacto con el mundo virtual se puede evidenciar un gran impacto negativo que se ve reflejado en el comportamiento y el estado de ánimo y sólo se encuentra descanso y tranquilidad cuando se vuelve a tener conexión a internet.

Según un estudio realizado por la Universidad Estatal de California, Los cerebros de los adictos a las redes sociales y los adictos a las drogas tienen similitudes pues se crea una dependencia o un vicio que se hace inherente a la persona y que se puede convertir en una odisea al querer dejarlo atrás, pero a diferencia de los adictos a las sustancias psicoactivas quienes tienen una dependencia a las redes sociales no tienen afectadas regiones de su cerebro que pueden llevar a ocasionar comportamientos negativos y eso puede ser visto positivamente.

Este problema de la adicción a las redes sociales no es tan reciente como se puede llegar a pensar pues desde 1995 ya se ha empezado a notar la existencia de esta peligrosa adicción y se ha llamado a todos jóvenes nacidos a partir de esta fecha “la generación Z” quienes conciben su vida entre pantallas y más pantallas, se han introducido en un mundo alejado de la realidad existente y consideran su dispositivo tecnológico como una “extensión” más de su cuerpo con la cuál nacieron y de la cual no pueden desprenderse.

Por para saber si se es adicto a las redes sociales, invitamos a realizar el siguiente test realizado por la fundación Libérate para medir que tanto impacto generan las redes sociales en el diario vivir y si se está a tiempo de tomar medidas para controlar esta situación.

Preguntas teniendo en cuenta la siguiente escala del 1 al 5:


0 No aplica
1 Raramente
2 Ocasionalmente
3 Frecuentemente
4 Muy a menudo
5 Siempre

1. ¿Con qué frecuencia ha revisado sus aplicaciones de chat, su correo electrónico y sus redes sociales hoy?
2. ¿Le han llamado la atención en su familia por pasar mucho tiempo conectado a internet?
3. ¿Se ha perdido en una conversación por estar pendiente del celular?
4. ¿Dedica más horas del día a hablar con las personas virtualmente de las que gasta haciéndolo en persona?
5. ¿Ha dejado de hacer cosas de su trabajo o de sus estudios por pasar tiempo en internet?
6. ¿Suele utilizar el celular o algún dispositivo móvil mientras va manejando?
7. ¿Siente ansiedad durante un vuelo porque no puede usar el celular y lo primero que hace cuando aterriza el avión es encender su teléfono?
8. Si se encuentra en una reunión social y su teléfono se queda sin batería, ¿llegaría a considerar la posibilidad de devolverse a su casa?
9. ¿Con qué frecuencia ha intentado cortar el número de horas que pasa en el computador, el dispositivo móvil o la consola de videojuegos, sin tener éxito?
10. ¿Se ha perdido gran parte de espectáculos o eventos por estar utilizando aplicaciones de mensajería, redes sociales o incluso por estar tomando fotografías?


Si al hacer la sumatoria obtuvo entre:

10- 25 puntos

Felicitaciones. Si usted respondió el test con honestidad y obtuvo este puntaje es muy probable que le esté dando un uso apropiado a la tecnología y que, por el momento, no pueda estar en riesgo de convertirse en un adicto, pues se encuentra en el rango de un usuario promedio del mundo digital. Sin embargo, recuerde que cualquier persona puede tener un cerebro adictivo, por lo que hay que estar alerta y encender las alarmas ante cualquier comportamiento compulsivo.

26- 40 puntos

Usted puede estar presentando los primeros síntomas de un adicto a la tecnología. Lo más posible es que ya haya tenido algunos inconvenientes con sus seres queridos debido al uso que le da a internet, los dispositivos móviles o incluso a los videojuegos. Es importante que reflexione sobre el uso que le está dando a la tecnología y que intente tomar medidas para controlar el tiempo que pasa utilizando estos dispositivos para evitar volverse dependiente.

41- 50 puntos

El excesivo uso que le da a la tecnología le está causando problemas importantes en su vida. Es importante que acuda a instituciones especializadas en tratar adicciones o que tome medidas usted mismo para atacar la adicción y hacer frente a los inconvenientes que estas conductas dependientes le ha causado. Según la directora de la Fundación Libérate, “en estos casos lo más importante es reconocer que se tiene un problema y atacarlo antes de que siga avanzando generándole tropiezos en su vida”.


Fuente de la encuesta: Fundación Libérate

Por: Pbro. Alberto Echeverry 

JESÚS ANUNCIÓ SU RESURRECCIÓN Y NUESTRA ESPERANZA DE RESUCITAR. El anuncio de la pasión, muerte y resurrección, ya refleja la estructura del kerigma cristiano pospascual. El elemento constante en estos tres anuncios se refiere al sujeto o protagonista: el Hijo del hombre, (Jesucristo) que debe sufrir un destino de humillación, que culmina en la condena a muerte; pero después de tres días debe resucitar (Mc 8,31; Mc 8,31; 9,31; 10,33-34). Más aún, «se despojó de sí mismo», se vació de sí mismo asumiendo, la «forma de esclavo», la realidad humana marcada por el sufrimiento, por la pobreza, por la muerte; se hizo plenamente semejante a los hombres, excepto en el pecado, para actuar como siervo completamente entregado al servicio de los demás.

San Pablo delinea el cuadro «histórico» en el que se realizó este abajamiento de Jesús: «Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte» (Flp 2, 8). El Hijo de Dios se hizo verdaderamente hombre y recorrió un camino en la completa obediencia y fidelidad a la voluntad del Padre hasta el sacrificio supremo de su vida. El Apóstol especifica más aún: «hasta la muerte, y una muerte de cruz». En la cruz Jesucristo alcanzó el máximo grado de la humillación, porque la crucifixión era el castigo reservado a los esclavos y no a las personas libres: «mors turpissima crucis» (muerte más vil, horrorosa y afrentosa), escribe Cicerón (cf. In Verrem, v, 64, 165)‖27

“La cruz es solidaridad, una expansión hacia todas las dimensiones del mundo, brazos abiertos que quieren abrazarlo todo” y este camino de la Cruz trinitario es contemplación gustosa de toda la mística cristiana. En la solidaridad del Hijo no nos encontramos solos, Dios ha querido y por tanto ha podido hacer camino con cada uno de nosotros y esta solidaridad que se efectúa en la Cruz crece y se derrama como un manantial inagotable de vida y Espíritu, inaugurando de este modo una Pascua-Alianza que restituye las relaciones del Creador con las criaturas. (Von Balthazar)

LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO VISTA DESDE LA OPTICA ACTUAL.

Eusebio de Cesarea, en el siglo IV, afirma: «Tomó sobre sí mismo las pruebas de los miembros que sufren.» Hizo suyas nuestras humildes enfermedades. Sufrió y padeció por nuestra causa y lo hizo por su gran amor a la humanidad».

El «tuve hambre y me disteis de comer, sed y me disteis de beber, desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y fuisteis a verme» (Mt. 25, 35-45) tiene su plena realización y plenitud en la vida del cristiano resucitado.

La resurrección es el triunfo de la vida sobre la muerte ya desde ahora, en las condiciones y en la situación de nuestro mundo y de nuestra historia. Allí donde hay cristianos está presente el Señor Resucitado, porque el cristiano sigue la lucha contra la muerte, contra el hambre, contra la pobreza, contra la injusticia, contra el dolor, contra los delitos y sobre los bajos instintos a los que va sometiendo progresivamente.

La resurrección se hace presente y se manifiesta allí donde se lucha y hasta se muere por evitar la muerte que está a nuestro alcance (hospitales, ancianatos) y por suprimir el sufrimiento que se puede evitar (frente a la pobreza de muchos hermanos que viven en situaciones deplorables) Y aquí es donde, sobre todo, tiene que hacerse patente y tangible la fe en la resurrección: sufriendo por suprimir el sufrimiento y hasta muriendo por evitar la muerte. De tal manera que la fe en la resurrección es lo que tiene que ser en la medida en que se acerca a esta forma de praxis, es decir, en la medida en que se acerca a este compromiso práctico con la vida y en favor de la vida.

Resucitar con Cristo es ante todo preocuparme de mi hermano que sufre; preocuparme de los jóvenes engañados por la droga y el dinero fácil del narcotráfico y de la violencia en cualesquier forma. Sentir nuestros a los niños y niñas violadas por inescrupulosos. Sentir que estamos resucitados con Cristo es devolver a nuestra sociedad un tejido social de valores, cualidades y dones propios del Señor Resucitado. Podríamos decir que hay tantos flagelos que no permiten una vivencia y experiencia del Señor Resucitado y que impiden un crecimiento integral como sociedad.

¿Queremos vivir la resurrección hoy? tenemos que abrirnos al Señor y permitir que su gracia acompañe nuestro caminar de fe y de esperanza. Vivir hoy a Jesús resucitado implica un decálogo de acciones por los cuales nos ayudaran a darle cada día sentido al misterio redentor del Señor en nuestra vida y en la vida de nuestra familia y de nuestra sociedad:

  1. El Señor Resucitado está presente en todos los espacios y momentos de la vida cristiana (Col 2,12-13) (hay mucha indiferencia frente al misterio redentor del Señor)
  2. Estar en comunicación con él por medio de la oración (al mundo le falta oración, dice el Papa Francisco)
  3. Alimentarse cada día del pan de la eucaristía porque es el único camino efectivo para vivir la santidad de vida
  4. Leer y estudiar la Palabra de Dios, porquela resurrección de Cristo Jesús confirma la verdad de las escrituras.
  5. Anunciar el evangelio, ya que la resurrección de Cristo Jesús prueba que Él es el verdadero evangelio y el Hijo de Dios
  6. Dar testimonio de vida para manifestar en nosotros la verdadera imitación de Cristo. El resucitado se hace presente y actúa en la historia precisamente en aquellos hombres y mujeres que tienen ese cor inquietum (J. Moltmann)
  7. Estar atentos a las necesidades espirituales de nuestros hermanos realizando por ellos las obras de misericordia. El que espera en Cristo no puede conformarse ya con la realidad dada, sino que comienza a sufrir a causa de ella, a ser rechazado.
  8. Acoger, aceptar, proteger y favorecer a quienes llegan como refugiados
  9. Recordemos aquello de cabeza, corazón y manos, es decir, saber que conocemos a Jesús, lo amamos con el corazón y lo expresamos por las obras de nuestras manos.
  10. Vivir al estilo de la Virgen María, es decir, fortaleciendo y consolando a los discípulos de su Hijo, en nuestro caso los grupos eclesiales, los E.P.A.P., las comisiones. Intensificando nuestro trabajo con los agentes de pastoral.

COMO FUE LA RESURRECCION DE JESUS Y COMO SERÁ LA NUESTRA.

Empecemos por decir que nadie vio resucitar a Jesús, pero sabemos que resucitó y está vivo y que tiene un cuerpo espiritual. «Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes… Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual».(1 Cor 15:35-44) Tengamos presente que el cuerpo que enterramos en la debilidad, es cuerpo de muerte y el que resucita es un cuerpo celeste.

La diferencia que hay entre este cuerpo y el cuerpo resucitado es abismal: primero, el cuerpo resucitado será espiritual: inmaterial, nadie podrá verle, solo será visible en la dimensión eterna y espiritual; será carnal en cuanto humano. Nuestra humanidad no desaparece ni se funde ni confunde en la resurrección, seremos como ángeles, totalmente espirituales (Mt. 22, 30), seguiremos conservando la identidad bautismal. El hombre ante la eternidad de Dios no perderá nada, al contrario todo lo ganará porque el cielo se abrirá de par en par para el justo. 

El nuevo cuerpo de resurrección será diferente del actual, también es cierto que habrá continuidad con el presente. Este cuerpo será similar al cuerpo glorificado del Señor Jesucristo después de su resurrección. En su caso, él podía presentarse delante de los discípulos y ser reconocido por ellos: (Lc 24:39-40) "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies". Pero también es cierto que su cuerpo era diferente, espiritual, como lo demuestra el hecho de que pudiera entrar en una habitación con todas las puertas y ventanas cerradas (Jn 20:19), o que pudiera ascender al cielo como lo hizo (Hch 1:9-10). Dios Padre permitió que los apóstoles compartieran con el resucitado, hizo posible que sus ojos aunque carnales, lo vieran y se dieran cuenta que no veían un fantasma, sino que era realmente al Crucificado pero resucitado. Los Apóstoles y los discípulos no inventaron la resurrección (y es fácil comprender que eran totalmente incapaces de una acción semejante). No hay rastros de una exaltación personal suya o de grupo, que les haya llevado a conjeturar un acontecimiento deseado y esperado y a proyectarlo en la opinión y en la creencia común como real, casi por contraste y como compensación de la desilusión padecida.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el último día. (Jn 6, 38, 40)

LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA ETERNA

Confesamos la resurrección de la carne, es decir, del hombre entero, como persona que vive en la comunión eclesial en el mundo, con los hombres y con la creación entera. La vida eterna, comunión con Dios, será también la «communio sanctorum», la comunión de los santos y de las cosas santas, de los nuevos cielos y la nueva tierra, de toda la creación liberada de la «vanidad» y «servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rom 8,20- 21). (SAN ATANASIO, Contra Arrianos 11,76; SAN CIRILO DE ALEJANDRIA, De Adoratione in Spiritu et Veritate XVII; In Joannes VII-VIII.)

En la vida eterna, los resucitados realizarrán plenamente la comunión. El gozo de la comunidad eclesial alcanzará la plenitud en la comunión celestial. En ella, cada miembro del Cuerpo eclesial de Cristo descubrirá su puesto «indispensable» (1 Cor 12,22) y, por ello, sin envidia, «tomando parte en el gozo de los demás» (1 Cor 12,26). El amor, llegado a su cumplimiento pleno, dará sentido y valor a todos y cada uno de los diversos carismas (1 Cor 13). (SAN CIPRIANO, Sobre la unidad de la Iglesia 26; Sobre la peste 2-26.)

La resurrección «en el último día», al final de la historia y en presencia de todos los hombres, manifestará la «comunión de los santos». El cristiano, que ya vive resucitado, vivirá plenamente su resurrección en la comunión del Reino, gozando con los hermanos que vivieron la misma fe en Cristo. La muerte no ha tenido el poder de separarlos. En el Cuerpo glorioso de Cristo, a quien le unió el bautismo, el cristiano encuentra a sus hermanos, miembros con él del «Cristo total» (S. Agustín). Cristo «es la resurrección y la vida» (Jn 11,25). Quien se une a Cristo, es conocido y amado por Dios y tiene, por tanto, «vida eterna» (Jn 3,15): «Pues tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16.36; 5,24).

El infierno es la imagen invertida de la gloria. Al «ser en Cristo», se opone el ser apartado de Cristo, «no ser conocido por El» (Mt 7,23), sin comunión con El; al «entrar en el Reino» se opone el «quedarse fuera» (Lc 13,23-27); el «sentarse en el banquete» corresponde el ser excluido de él, o sea  «no participar en el banquete» (Lc 13,28-29; Mt 22,13); el novio «no conoce a las vírgenes necias y se quedan fuera, se les cierra la puerta»; el infierno es, «perder la herencia del Reino» (1 Cor 6,9-10; Gál 5,21), «no ver la vida» (Jn 3,36)... Si el cielo es «vida eterna», el infierno es «muerte eterna» o «segunda muerte». (Lc 13,3; Jn 5,24; 6,50; Ap 20,14; Rom 5,12..) El infierno existe y es eterno, como aparece en el Evangelio (Mt 25,41; 5,9; Lc 13,28)


Por: Calah Alexander, es.aleteia.org

1.    Hacer pan dulce con antelación y congelarlo

Yo prefiero las koulourakias, postre griego, y unos panecillos de Pascua típicos anglosajones, pero casi cualquier tipo de pan puede hacerse con antelación, se envuelven individualmente y se congelan una vez hechos o a medio hacer. Solo hay que descongelarlos de 4 a 5 horas antes de cuando se quieran servir (añade más o menos una hora más para los panes que tienen que crecer de nuevo), al horno o recalentándolos, y cubiertos con mantequilla derretida o glaseado, como sea costumbre.

2.    Preparar cesta de Pascua o regalos

Voy a preparar las cuatro cestas de Pascua que tenemos, y buscaré libros, dulces, juguetes y ese horrible césped de plástico para llenarlas. Si sois de los que organizáis búsquedas de huevos de Pascua, este es el momento de preparar los huevos de plástico y los dulces que van dentro, en vez de esperar hasta el Sábado Santo para quedarte los restos que queden en las tiendas.

3.    Desempolva la mantelería buena

No seas como yo y esperes hasta la mañana de Pascua para darte cuenta de que solo tienes manteles con manchas. Localiza todo lo necesario para preparar la mesa de Pascua ahora y así tendrás tiempo de sobra para darle brillo a la plata, planchar el lino y encontrar la otra pareja del juego de velas o jarrones.

4.    Encontrar tiempo para estar en silencio y escuchar

Busca la forma de dedicar 15 o 20 minutos a la familia todas las noches, a escuchar los problemas y las motivaciones de los demás durante esta segunda mitad de la Cuaresma. Pregunta a tus hijos cómo viven este tiempo y hablen de para qué se están preparando. Recuerda que, como madres y esposas, todo lo que hacemos es en última instancia un regalo para nuestra familia y para Dios, así que usa este tiempo para reorientarte.

Sea lo que sea lo que hagas (o dejes de hacer), recuerda que la Pascua no es ningún premio por las victorias de la Cuaresma. Es el regalo definitivo de Dios para nosotros y a veces fracasar en Cuaresma nos recuerda cuánto lo necesitamos.

Foto: natursan.net

Abrazar reduce la cantidad de cortisol (hormona del estrés) en el cuerpo, liberando tensión y enviado mensajes tranquilizadores al cerebro.  Por esta razón, abrazar puede traer 10 beneficios inmediatos:

  1. El abrazo acerca

Un abrazo crea confianza y una sensación de seguridad. Eso ayuda a una comunicación abierta y honesta.

  1. El abrazo calma

Los abrazos pueden aumentar instantáneamente los niveles de oxitocina, que curan el sentimiento de soledad, aislamiento y rabia.

  1. El abrazo alegra

Abrazar durante un tiempo prolongado eleva los niveles de serotonina, elevando el humor y creando felicidad.

  1. El abrazo cura

Los abrazos fortalecen el sistema inmunológico. La presión suave sobre el esternón y la carga emocional que eso crea estimulan la glándula timo, que regula y equilibra la producción de glóbulos blancos del cuerpo, lo que te mantiene saludable y libre de enfermedades.

  1. El abrazo es multiplicación

El intercambio de energía a través del abrazo es una inversión en la relación. Incentiva la empatía y la comprensión.

  1. El abrazo relaja

El abrazo relaja los músculos. Los abrazos liberan tensión del cuerpo. Los abrazos pueden incluso quitar el dolor, ya que aumentan la circulación de los tejidos blandos.

  1. El abrazo equilibra

 Los abrazos equilibran el sistema nervioso. La respuesta galvánica de la piel de alguien que recibe y da un abrazo muestra un cambio en la conductancia de la piel. El efecto en la humedad y electricidad de la piel sugiere un estado más equilibrado en el sistema nervioso parasimpático.

  1. El abrazo es división 

Los abrazos nos enseñan a dar y recibir. Existe un valor igual en recibir y ser receptivo al calor, cuanto en dar y compartir. Los abrazos nos enseñan cómo el amor fluye en ambos sentidos.

  1. El abrazo es conexión

Los abrazos son mucho más parecidos a la meditación y la sonrisa. Éstos nos enseñan a dejar ir y a estar presentes en el momento. Los abrazos te liberan de tus patrones de pensamiento circulares y te conectan con tu corazón, tus sentimientos y tu respiración.

  1. El abrazo es amor 

El abrazo aumenta la autoestima. Desde el momento en que nacemos, el toque de nuestra familia nos muestra que somos amados y especiales. Las asociaciones de autoestima y sensaciones táctiles de nuestros primeros años aún están insertadas en el sistema nervioso de adultos.

Los abrazos que recibimos de nuestra madre y padre mientras crecemos siguen impresos a nivel celular, y los abrazos nos recuerdan eso a nivel somático. Los abrazos, por lo tanto, nos conectan a nuestra capacidad de amor propio.