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El Sumo Pontífice al celebrar la Misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, resaltó en la homilía del primer domingo de diciembre como una ocasión para comprender plenamente el nacimiento de Jesús en Belén y para cultivar la relación personal con el hijo de Dios.

El Papa Francisco clasificó el tiempo de Adviento en tres dimensiones: pasado, presente y futuro, tomando como punto de partida el Evangelio del día  (Mt 8, 5-11), que narra el encuentro en Cafarnaúm entre Jesús y un centurión, que pide ayuda para su siervo, paralizado en la cama. El Papa precisó que puede suceder también hoy, que nos acostumbremos a la fe, olvidando “su vivacidad”. En el sentido de que “cuando estamos acostumbrados, perdemos esa fuerza de la fe, esa novedad de la fe que siempre se renueva”.

También destacó que Jesús, con su venida, “purifica el espíritu”, es de allí donde surgen las tres dimensiones del Adviento. La primera, el pasado, “la purificación de la memoria”, recordar que “ha nacido el Señor, el Redentor que vino para salvarnos”. La segunda dimensión, la esperanza, “la purificación de la esperanza”, el prepararse “para el encuentro definitivo con el Señor”, y la tercera, cultivar la dimensión cotidiana de la fe, la fe en el día a día, eclipsada por las muchas preocupaciones de la vida sin recordar que Dios es “el Dios de las sorpresas”.

Esa última dimensión consiste en “purificar la vigilancia. Vigilancia y oración son dos palabras para el Adviento, porque el Señor vino en la historia a Belén, y vendrá, en el fin del mundo y en el fin de la vida de cada uno de nosotros”.  Asegura el Papa.