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Este miércoles 12 de septiembre en la audiencia general del Papa Francisco, trató el tercer mandamiento del Decálogo,  el cual se refería al día de reposo. El libro del Deuteronomio establece este mandamiento para que el esclavo también pueda descansar y celebrar así el recuerdo de la Pascua de liberación, es decir, “en el reposo se conmemora el final de la esclavitud”, ya que los esclavos por definición no podían descansar. 

La significación que le da el Sumo Pontífice a este mandamiento, es que existen muchos tipos de esclavitud, fruto de opresiones, violencias e injusticias, la mismas que día a día hacen menos posible una felicidad plena en el convivir, creando espacios de impotencia individual que luego serán transmitidas en la atmósfera social, donde las energías negativas priorizan el actuar del ser; también se crean prisiones interiores, como los tormentos, los complejos o los obstáculos psicológicos que encierran la mente y solo visualiza problemáticas, no dejan avanzar como persona íntegra para una sociedad pacífica .

El Papa exaltó que hay una esclavitud que es más fuerte que cualquier otra: la esclavitud del propio yo, el “ego”, es una situación en la que el hombre se enfrenta así mismo, pero sus escrúpulos interiores se hacen cada vez más fuerte, gracias a que es alimentado por la codicia y el placer, olvidándose de su verdadero propósito servicial, que es el don que Dios dejo para los buenos samaritanos; aferrarse a cosas materiales y al dinero, cuando lo verdaderamente la felicidad está en cosas sencillas, en valorar la familia, en el encuentro con la Palabra y en el amor por el prójimo.  Su Santidad afirma que “la verdadera esclavitud, es la de no saber amar”.