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San Lorenzo fue uno de los diáconos de la iglesia romana, víctima de en el año 258, al igual que lo fueron el Papa Sixto II y muchos otros clérigos romanos. A comienzos del mes de agosto del año 258, el emperador Valeriano emitió ordenó matar inmediatamente a todos los Obispos, curas y diáconos.  San Lorenzo deseó acompañar al Papa en su martirio.

Murió como mártir, asado vivo a la parrilla. Roma lo venera como uno de los más grandes santos. Estuvo al servicio de la comunidad en la celebración de la Eucaristía y en la dedicación a los más pobres.

Este 10 de agosto se celebra la fiesta de San Lorenzo, por esta razón, los Departamentos de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) ponen a disposición de los fieles y las parroquias del episcopado colombiano el subsidio para las celebraciones, que incluye el esquema de las Eucaristías y de los encuentros, entre otros.

La Diócesis de Cúcuta celebra esta fiesta a nivel de decanatos y cada uno se encarga de organizar un encuentro.  Este viernes a partir de las 6 de la tarde desde Nuestra Señora del Rosario sale una caravana haciendo un recorrido por las parroquias hasta llegar a la parroquia del Divino Niño Jesús, donde se celebrará la Santa Misa, a la cual están invitados los diáconos permanentes.

Descargue aquí el subsidio para la fiesta de San Lorenzo.

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El papa Francisco ha modificado el magisterio de la Iglesia sobre la pena de muerte, asegurando que es“inadmisible” porque “atenta contra la dignidad inherente a todo ser humano”.  La autorización es la modificación del artículo 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte. 

El Vaticano anunció este jueves, 2 de agosto, que el Papa aprobó un cambio en el Catecismo de la Iglesia Católica, la recopilación de las enseñanzas de la Iglesia. Hasta ahora, el catecismo decía que la institución no excluía el recurso de la pena capital si fuera “el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”.

La nueva enseñanza señala que la norma previa está desactualizada y que hay otras vías para proteger a la sociedad: “Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.”

El sumo Pontífice se ha pronunciado muchas veces contra la pena de muerte, que según él jamás se justifica, por atroz que sea el crimen cometido. El ministerio de los presos siempre ha sido un pilar de su vocación sacerdotal. En casi todos sus viajes ha visitado cárceles para ofrecer palabras de solidaridad y esperanza y aún mantiene contacto con un grupo de presos en la Argentina a los que asistía cuando era arzobispo de Buenos Aires.

La Santa Sede dio a conocer el octavo video de las intenciones del Papa Francisco para este 2018.  En agosto, las oraciones son dirigidas hacia las familias.

El Papa pide rezar por las familias, porque son un tesoro y en la actualidad, la presión del trabajo y el estrés del día a día, ponen en peligro esta unidad.

“No es suficiente hablar de su importancia, es necesario promover medidas concretar y desarrollar su papel en la sociedad con una buena política familiar”.  Asegura el Sumo Pontífice en su intención de oración.

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Hoy más de 60 mil monaguillos y acólitos cumplieron la cita con el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, con motivo de la XII Peregrinación Internacional que organiza el "Coetus Internationalis Ministrantium" (CIM), organismo internacional que reúne a los diversos grupos nacionales y diocesanos de "los servidores del altar" de Europa.

¿Qué puedo hacer hoy para satisfacer las necesidades de mi prójimo? Fue el interrogante que les planteó el Papa, a lo que también les dijo: “el camino hacia la Santidad no es para los vagos. Se necesita esfuerzo".  Les aclaró caminar hacia la Santidad es una gran misión, pero no imposible, solo hay que seguir el mejor ejemplo, que es Jesús.

El Papa Francisco animó a los jóvenes a llevar el Evangelio a todas partes: “buscad conocer y amar cada vez más al Señor Jesús, encontrándolo en la oración, en la Misa, en la lectura del Evangelio, en el rostro de los pequeños y de los pobres. Y buscad ser amigos, con gratuidad, de quien está en torno vuestro, para que un rayo de luz de Jesús pueda llegar a ellos a través de vuestro corazón enamorado de Él”.

Cinco jóvenes tuvieron la oportunidad de dirigirse al Sumo Pontífice y hacerle preguntas, donde tuvo relevancia el tema de la paz, así como lo es el lema de este evento: “Buscar y perseguir la paz”. 

“La paz es Su don, que nos transforma para que nosotros, como miembros de su cuerpo, podamos probar los mismos sentimientos de Jesús, podamos pensar como Él piensa, amar como Él ama”, destacó el Papa.

El encuentro de estos servidores en Roma irá hasta el 3 de agosto, donde podrán fortalecer su labor en las parroquias y a crear una relación vital con Dios.

El Vaticano ha decidido celebrar el sexto año del Pontificado de Francisco con una medalla en su honor, la cual de forma oficial se emitirá como: La medalla del VI Año del Pontificado de Su Santidad Francisco.

En su cara principal se sitúa una paloma desde la que surgen haces de luces concéntricas que iluminan el escudo papal, representando de forma simbólica los dones que el Espíritu Santo entrega a la Iglesia.

En el reverso de la medalla, en su parte superior, figura el triunfo de la paz representado con una rama de olivo y el abrazo de la Madre al Niño. Por el contrario, en la zona inferior del reverso, aparece una valla de espinos metálicos, símbolo de opresión y violencia, representando de ese modo la guerra.

Dividiendo ambas escenas, paz y guerra, se alza la tradicional flor de la amapola, símbolo de los caídos en la guerra. Bordeando todo el reverso se puede leer la frase “Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra”, pronunciada el 24 de agosto de 1939 por el Papa Pío XII en un mensaje de radio.

Por último, en el borde de la manera figura la inscripción: “E Civitate Vaticana”, junto con el número de la medalla. Cada ejemplar está acompañado de un certificado de garantía, enumerado y con sello de la Secretaría de Estado y del Instituto Poligráfico y la Casa de la Moneda del Estado Italiano.

Esta medalla es un signo de reflexión, puesto que un siglo después de finalizar la Primera Guerra Mundial, la elección entre paz y guerra todavía es un drama mundial.