Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El pasado viernes 9 y sábado 10 de noviembre se llevó a cabo la V Asamblea Sinodal de la Diócesis de Cúcuta, para la presentación del Proceso De Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP), donde se promueve la noticia liberadora de Cristo y se fortalece el llamado de Dios a la Iglesia Católica en el amor Divino.

El objetivo del encuentro consistió en invitar a los participantes en representación del pueblo Peregrino diocesano, a la conversión del sacramento como  experiencia vivida en el Sínodo, proclamando la fe en Jesucristo y su continua evangelización con las sagradas escrituras.

Dentro de los asistentes y representantes de la Iglesia, se encontraba, Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, Obispo de Cúcuta; Monseñor José Miguel Gómez, Obispo de Facatativá; sacerdotes; diáconos; miembros de las Comisiones diocesanas, participantes de los Movimientos Apostólicos, religiosas, seminaristas y representantes de la Escuela Diaconal.

La conferencia del viernes tuvo lugar en la Catedral San José, donde a partir de las 7:00 p.m. se dio la apertura del evento con el himno sinodal, para luego a las 7:45 p.m. Monseñor Víctor, hablar sobre Iluminación doctrinal, “Bautizados y Enviados”, invitando a la Iglesia a vivir en el amor de Cristo.

El sábado, el Centro de Evangelización Beato Luis Variara de Villa del Rosario, fue el epicentro de la Presentación PEIP por Monseñor Gómez, que se extendió desde las 9:45 am. Hasta las 12 del mediodía, recalcando a los asistentes el valor de una Iglesia fortalecida y construida desde los valores cristianos: “En la Diócesis de Cúcuta se experimenta como no se puede experimentar en ninguna otra parte, la Iglesia, una santa Católica y Apostólica. Que la Iglesia sea una, la garantiza primero la presencia del pastor propio, cuyo carisma fundamental, es la unidad, el pastor de un rebaño que se acoge a él a sus enseñanzas y que colabora”.

Gómez, exhortó a todos los fieles creyentes a que sigan construyendo Iglesia Católica, a que mantengan las enseñanzas bíblicas presentes, a no dejarse caer por los errores de las personas, ya que la verdadera Iglesia Viva se construye desde el amor de Dios y no desde la justificación de los actos, por lo tanto, “estamos llamados a seguir siendo pastores de ovejas”.

“El mandato misionero es para todos y acuérdense que el mundo entero no comienza de la frontera para allá, el mundo entero a veces comienza en el apartamento de al lado, donde hay alguien que no va a misa o en la casa vecina, donde hay alguien muy lejano de ellos; el mundo entero no está lejísimos, y yo no soy misionero sólo rezando. Todo este proyecto, es el espíritu misionero del proceso evangelizador de la Iglesia”.

La clausura del evento estuvo a cargo de Monseñor Víctor Manuel Ochoa, quién dio la bendición final a todos los participantes del encuentro y agradeció el ser partícipes de este momento tan importante para la Diócesis de Cúcuta.

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Centrales Eléctricas del Norte de Santander (CENS) es una firma colombiana de distribución, transmisión y comercialización de electricidad, principalmente para clientes residenciales.  Desde 2009 es subsidiaria del grupo colombiano de servicios públicos Grupo Empresarial EPM. Distribuye energía eléctrica a más de 435.000 clientes en 47 municipios.

Este jueves 1 de noviembre, CENS inauguró oficialmente el nuevo alumbrado embellecedor de la Catedral San José, luego del trabajo realizado por un equipo de especialistas, los cucuteños podrán apreciar en las noches la iluminación del recinto religioso.

CENS busca convertir a la ciudad motilona en un lugar más turístico, con monumentos y lugares exóticos a la vista, que sea puerta de conexión con los demás municipios.   

Por: Pbro. Carlos Fernando Duarte

Párroco Santa Mónica 

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

 En el Credo de los Apóstoles rezamos al final: ...Creo en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro. Amen. Estos tres artículos están íntimamente conectados y podemos estudiarlos más fácilmente en el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales 976-1064, sin embargo, nos detendremos un poco en reflexionar sobre la importancia de orar por los difuntos o los muertos y qué sentido tiene; teológica y bíblicamente en qué nos apoyamos para realizar esta oración de intercesión por quienes han vivido la muerte de la carne.

En primer lugar debemos decir que como cristianos creemos en las promesas hechas por Nuestro Señor Jesucristo de que los que creyeran en él vivirían para siempre aunque murieran (Jn 11, 25-26). Sin embargo, no podemos olvidar que tenemos nuestra tendencia al pecado y aunque creamos en Dios y en sus promesas, muchas veces somos engañados por el maligno y caemos en el pecado, lo que hace que perdamos la gracia, es decir, la posibilidad de alcanzar el Reino del cielo prometido por el Padre.

Precisamente, siendo conscientes de esta realidad de pecado, nos damos cuenta que muchos hermanos no mueren en estado de gracia, mueren entonces en pecado, situación que les puede hacer perder la posibilidad de pasar a la presencia de Dios.

Digo que el pecado les puede hacer perder, porque hay unos que mueren en situación de pecado mortal, perdiendo toda posibilidad de salvación (Jn 5, 29; Dn 12, 2), pero hay otros que mueren en situación de pecado venial (que no hace perder totalmente la gracia), es decir, que aún pueden y les falta purificarse; ellos tienen la posibilidad de salvarse, pues creían en las promesas de Dios y trataron de vivir según su voluntad, y lo pueden lograr si nosotros hacemos oración de sufragio por ellos, es decir, una oración de intercesión pidiendo el perdón de sus pecados y darles así la salvación que esperaban y esperan.

Bíblicamente hay un texto bastante explicito que nos invita a orar por los muertos, para pedir por ellos el perdón de sus pecados y la resurrección; lo encontramos en el segundo libro de los Macabeos 12, 38-46. En este texto, Judas Macabeo, después de descubrir que muchos de los soldados de su ejército que habían muerto, tenían escondido bajo sus vestiduras objetos consagrados a los ídolos, cosa que era grave pecado para los judíos, comprende que ellos habían muerto en pecado, transgrediendo la ley del Señor y por tanto era necesario orarle al mismo Señor del cielo para que fueran perdonados o limpiados del pecado cometido.

A la vez pide a los demás integrantes de su ejército, alguna ofrenda para enviarla al templo de Jerusalén y que ofrezcan los sacerdotes un sacrificio por el pecado de los muertos en combate. Desde allí, muchos judíos ofrendaban al templo y cumplían sacrificios y oraciones pidiendo el perdón de sus muertos para que lograran alcanzar la resurrección.

Es claro que los muertos no pueden hacer ya nada por sí mismos, ya no pueden ni poner ni quitar para el bien de su alma, pero quienes quedamos en esta Iglesia Peregrinante en la tierra, podemos, siguiendo este ejemplo y escuchando la enseñanza de Cristo, orar al Padre para que en su infinita misericordia perdone a nuestros hermanos difuntos que murieron en situación de pecado. El mismo Señor Jesús nos dice: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá (Mt 7, 7-12). Por tanto, nuestra oración por los difuntos, nuestros sacrificios y ofrendas para que sea ofrecido el sacrificio maravilloso e invaluable de la misa por ellos, es no sólo cuestión de tradición, sino que bíblicamente está fundamentado.

Teológicamente, como lo decimos en el credo, creemos en la resurrección de los muertos, aspecto que proclamamos en el credo y con la cual afirmamos que al final de los tiempos los que hayan creído y vivido según la voluntad de Dios, obtendrán la vida eterna, vida en abundancia al lado del Creador y Señor del universo. Pues como dice el Catecismo de la Iglesia, «Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día» (CIC 989).

El deseo de Dios es salvar a todos los hombres (1Tm 2, 4), esa fue y es la misión de Cristo Jesús al encarnarse y asumir la condición humana, para levantarla y sanarla del pecado que produce la muerte, pero a la vez debe ser el deseo de cada cristiano, pues por amor a Dios y al prójimo buscamos tener los mismos sentimientos de Cristo y cumplir su misma misión, manteniendo la salvación recibida y ayudando a que aquellos más alejados de Dios por el pecado, la puedan aceptar y se salven. Debemos tener por tanto los mismos sentimientos de Cristo (2Fil 2,5) para con nuestros hermanos extraviados, ya que Él se abajó haciéndose uno de nosotros, para salvarnos desde nuestra misma condición, a través de su muerte en cruz por pura obediencia al Padre. Entonces, si Él ha hecho tal sacrificio por la salvación de los hombres, nosotros debemos buscar la manera de ayudar en este proceso de salvación, para que la gracia alcance a los hermanos muertos en pecado; y qué mejor que hacerlo con nuestras oraciones, plegarias y sacrificios, especialmente el de la Misa como sufragio por los difuntos.

También en la Patrística podemos encontrar muchos ejemplos y reflexiones relacionadas con este tema de orar por los difuntos, sin embargo quisiera simplemente mencionar uno; es el caso de Tertuliano (155-225), quien en escritos tales como: «De Corona Militis, donde pide que se ore por los difuntos, pues es una orden de los apóstoles; también en De Monogamia (Cap. X, P. L., II, col. 912) aconseja a una viuda “orar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participación en la primera resurrección”; además, le ordena “hacer sacrificios por él en el aniversario de su defunción,” y la acusó de infidelidad si ella se negaba a socorrer su alma» (primeroscristianos.com).

Todos estos elementos bíblicos, teológicos, la tradición y los Padres de la Iglesia, nos enseñan entonces que es fundamental y muy bueno orar por las almas de los difuntos, interceder con estas oraciones por el perdón de sus pecados para que reciban la gracia de participar en la gloria del cielo y puedan contemplar la Luz del Rostro de Dios.

Foto: Centro de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

El 2 de noviembre de cada año, se celebra la conmemoración a los Fieles Difuntos, cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

Las principales Iglesias (Iglesias Cristianas Ortodoxas Occidentales, Unión de Utrecht, Comunión de Porvoo, Comunión anglicana e Iglesia católica) acordaron tener el mismo calendario y días de celebraciones religiosas y santoral, para facilitar la asistencia a los creyentes en su respectiva celebración.

Esta actividad  tiene orígenes prehispánicos, en todas las culturas del México antiguo (Maya, Olmeca, Mexicas) la muerte ocupaba un lugar importante, en las culturas mesoamericanas, los nativos consideraban a la muerte como el paso a seguir hacia una nueva vida. 

En el 2008 la Unesco declaró la conmemoración mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, cuando la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO entró en vigor. Pero ya desde 2003 se le consideraba en el proyecto anterior de salvaguarda de manifestaciones culturales de la organización internacional.

Este 2 de noviembre, el Papa Francisco en su homilía en la Eucaristía en el cementerio Laurentino de Roma, oró por el eterno descanso de quienes han abandonado este mundo, e hizo especial hincapié en que contemplando el misterio de la resurrección de Jesús, el cristiano tiene la certeza de que la muerte no es el final; sino un paso más hacia la vida plena junto al Padre.

El 26 de octubre de 1962, la Diócesis de Ocaña fue erigida por el Papa Juan XXIII, la cual abarca algunos municipios de Norte de Santander y Cesar.  Su creación se le debe en primera estancia al señor Simón y Rodenas, quien quedó prendado de la piedad de los ocañeros y la filial devoción hacia la reina universal bajo la advocación de Nuestra Señora de Torcoroma. Uniéndose al prelado de Riohacha acordaron tratar con la Santa Sede sobre dicha creación.

El primer Obispo de la Diócesis de Ocaña fue Monseñor Rafael Sarmiento Peralta, quien fundó las emisoras de Radio Catatumbo y la voz de Aguachica, así como el Seminario Mayor en las antiguas instalaciones de Villa María y el Seminario Menor Juan Pablo II en San Calixto, Norte de Santander.  Durante su servicio pastoral en esa Iglesia particular, se creó la Cooperativa Integral de Servicios Campesinos “Coopservir LTDA” (Hoy Crediservir), y las parroquias: San Pablo, San Alberto Magno, Pueblo Nuevo, San Rafael, María Madre de la Iglesia, San Vicente de Paúl, Inmaculada Concepción, Sagrado Corazón de Jesús y la cuasiparroquia de San Antonio.

El actual Obispo es Monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, fue nombrado por el Papa Francisco el 15 de mayo de 2014.

El día de hoy en el marco de la Jornada del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco envió un fraternal saludo de felicitación a la Diócesis de Ocaña por su aniversario número 56: “No dejen de Luchar por la paz, destruyan la guerra con la paz”, un mensaje de esperanza en medio de la situación de conflicto que se vive en la región.