En un día de crudo invierno, varios puercoespines se acurrucan para darse calor y evitar congelarse.  Pronto cada uno siente las púas de los demás y se apartan.  Cuando la necesidad de calor los obliga juntarse de nuevo, las púas hacen que se aparten.  De esta manera están acercándose y alejándose, hasta que encuentran la distancia a la cual pueden acomodarse entre sí, dándose un máximo de calor con un mínimo de dolor. 

Igual sucede en esta ciudad cibernética más rajada que casco de vaca.  El vacío y la monotonía de la vida hacen que las personas solas busquen un acercamiento social para vivir.  Pero, las actitudes ofensivas, las malas pulgas y la lengua hacen que se aparten nuevamente. Entonces, hay que buscar la distancia ideal para la convivencia que la dan finalmente la cortesía y los buenos modales.   Es todo un proceso de acomodamiento para poder satisfacer parcialmente nuestra necesidad de calor y al mismo tiempo librarse de las lastimaduras o puyas que los demás puedan producir.  De una manera especial se nos pide cuidar la lengua.  Lejos el rumor, la calumnia y el chisme.  Traen la ruina y causan mucho daño.  No nos prestemos para que las palabras sean  destrucción y conflictos con los demás.  Es mejor enfrentar los tropiezos u obstáculos que ser nosotros los causantes de las heridas de los demás.  Las buenas palabras ayudan a mejorar y resurgir la vida de muchos que van mal.

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