Un hombre promete cargar una cruz hasta lo alto de un monte, si se le concede cierto deseo. Dios escucha su petición. El hombre manda a hacer una cruz larga y pesada. Emprende luego el acenso a la montaña. Pasados algunos días le parece que la cruz pesa más de la cuenta. Presta un serrucho y le quita un buen pedazo. Al llegar a la cumbre ve otra hermosa montaña. Allí todo es paz y gozo, esplendor y belleza. Quiere ir pero una grieta enorme se lo impide. Es preciso un puente. Pretende servirse de la cruz pero esta le resulta corta. Se da cuenta entonces que el pedazo que le ha cortado, es exactamente lo que le falta para poder cruzar aquel abismo.

Hemos empezado la pendiente del año 2019 larga y tendida. Es preciso cargar con nuestras cruces. La cruz es la ley pareja para todos los hombres. La llevamos en nuestras limitaciones. Hay que meterle el hombro al madero en las enfermedades y la pobreza, en la abundancia y el gozo. No podemos desprendernos de ella. Dejemos el serrucho a nuestros representantes y empleados públicos. Que no nos abata la pobreza ni la riqueza nos ensalce. La cruz es el camino hacia la madurez y equilibrio. Ella nos pide oración y disciplina para poder llegar a la montaña santa del Señor.