Por: Pbro. Onofre Peñaranda

Dos palabras para tener en cuenta en los festivos del año. El trabajo un mandato divino: "Ganarás el pan con el sudor de la frente". El trabajo dignifica al hombre y le da derecho a descansar. Este descanso no se puede confundir con la ociosidad o perdedera de tiempo. El ocio o descanso es la tregua necesaria para dedicarse a las actividades propias del espíritu como la música, la lectura y el diálogo con Dios y con la naturaleza. Hoy lamentablemente confundimos el ocio con la física perdedera de tiempo o mamadera de gallo a lo motilón. Nos sentimos felices de ser campeones en festivos, el doble de USA. Desde luego, esta avalancha de fiestas, muchos las dedican a hacer dinero, convencidos que por la plata baila el perro. Con facilidad, entonces, se pierde el sentido del buen humor. La diversión sana, la buena lectura y las ganas de ir al templo no aparecen por ninguna parte. Lejos están las horas de libertad y paz, caminos hacia nuevos horizontes. Se vive así un profundo vacío, ocupados en hacer nada. Se olvida que el tiempo perdido lo lloran los santos del cielo y lo mal gastan en este gobierno. No hay duda, las horas de ocio o de tregua logran templar el corazón. Este tiempo de holgura después de un trabajo digno recarga el alma. Nace una fuente interior, verdadera riqueza del hombre que se encuentra a sí mismo. Cuando esta fuente de bienestar interior no existe, se habla de una pobreza absoluta. Lástima grande en nuestra Perla del Norte, antes ciudad basketera del país faltan muchas actividades propias del espíritu. Sitios que promuevan la sana diversión y atraigan el turismo, industria sin chimeneas, aún en pañales en nuestra frontera. Así se pensaría menos en el jolgorio y la tomata y se alejarían las destorcidas en el siguiente festivo.