Por: Pbro. Onofre Peñaranda

“Venid y vamos todos, con flores a María, con flores a porfía…” Estas y otras tonadas retumban en los templos durante el mes de mayo en honor de María. Se unen Pascua y Pentecostés para resaltar la realeza de María. Tres fiestas con origen agrícola. La Pascua que comenzaba al cortarse las primeras gavillas de trigo. Pentecostés que terminaba en la recolección de los cereales. Mayo mes de las madres y de las flores. Las flores nos han permitido vivir con mayor intensidad el espíritu pascual. Estas fiestas estaban inspiradas en un ambiente de campo, ríos y montañas. Llevar flores a María motivo de gozo y afecto a la Virgen se inspira en aquel adagio chino sobre la felicidad. “Si quieres ser feliz un día mata un cerdo. Si por una semana, cásate. Si por toda la vida cultiva un jardín”. El valor del jardín está en que siempre miraremos el futuro. Al plantar una semilla nos comprometemos en su crecimiento y descubrimos muchos misterios de la tierra y del Señor. ¿Por qué realmente no somos tan felices? Nos entretenemos en cosas que son trampas del tiempo, como el dinero, la fama y la rumba.

El cultivo de la tierra, aunque no se nos repita constantemente que Dios nos ama, sí que podemos apreciar el amor de Dios en las flores. Una flor simple como todo lo que viene de Dios. Bellas y encantadoras como el universo que nos rodea en un amanecer de primavera.

Las flores luchadoras perenes, reflejo de la eternidad. Si no se abre se marchita. En este mes de mayo regala flores a las madres en su día y a los profesores después del paro. A ti mismo una flor para que crezcas en serenidad, gratitud y alegría. Ama la vida que es como la flor del campo: Bella en su hora y no después de marchitarse.