Por: Pbro. Onofre Peñaranda

La riqueza y belleza de la Navidad es algo incomparable. Representa una de las grandes fiestas que celebran creyentes y no creyente. Es, no solo, un tesoro cultural, sino una fuente de inspiración artística y un tesoro literario, soberano y profundo. Es un tiempo maravilloso para vivir la cultura de los pueblos firmes en el arte y la literatura. Como creencia metafísica y religiosa la Navidad interpela nuestro mundo hoy más meloso que perro faldero y sobretodo esta frontera más alzada que calcetín de campesino. Pero, ante todo, Navidad es constructora de protocolos que llevan a pensar en la vida eterna, la obediencia y la oración que hacen crecer en fe y caridad. Hay en Navidad un gran derroche de arte que resplandece en adornos, imágenes, luces y pesebres, cenas y encuentros. El canto, la música y la poesía se hacen sentir en grandes y pequeños, en tuntainas y antones. La nueva evangelización trata de aceptar y mantener las verdades de puño o su espíritu. Cuando el imaginario folclórico de la gente empieza a desbordarse, la Iglesia invita a ir más allá de lo mítico, lo poético y mágico, esto es, que nos arrimemos mucho al burro o al buey, a la mula y las pajas, los magos y sus presentes. Permitamos que esa luz navideña sea la energía y el amor de la familia. Esa misma luz se convierta en fuerza infinita y presencia de un Dios que entrega provisiones de paz verdadera, salud y mucho amor. Penetre en nuestros corazones y nos depare un año nuevo lleno de bendiciones.

go to site Que esta luz ilumine el camino del 2018 y resplandezca ante el mundo con plenitud y dignidad. Con mis Apuntes un feliz año nuevo.