follow url Por: Pbro. Onofre Peñaranda

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source link Noviembre es un mes para reflexionar sobre las cosas importantes de la vida. Entre ellas, la muerte es la más trascendental de todas. Sencillamente, porque caminamos en dirección de ella. Nos ronda a cada paso sin saber el momento de la partida. Está en todas partes. Es el punto culminante de la vida. La muerte es la gran prueba de madurez, la despedida antes de un nuevo saludo, el final para un nuevo amanecer. Es una lámpara que se apaga para dar comienzo a la plenitud en el Señor. Por eso, se le compara a la luces de un carro que nos sigue por una carretera sinuosa. A veces la luz se pierde de vista y en ocasiones aparece demasiado cerca o se apaga definitivamente. Este carro imaginario nunca se detiene y termina alcanzándonos. La muerte es un misterio insoportable al corazón humano. Jamás se acomoda por ser algo extraño a la razón. Algo radical y profundo que necesariamente significa el fin del hombre entero. Es preciso por tanto rodearla de respeto. Mirar alrededor nuestro y dar gracias a Dios por cada momento de vida.

http://www.apisalud.es/?strengths-as-a-writer-essay No olvidemos que una vida inútil o una existencia sin sentido es una muerte anticipada. Hay que valorar la vida como un don del cielo. No importa las muchas piedras del camino, pues, más vale hueso roto que velorio con tamales. Se debe abrazar la cruz del sufrimiento, el dolor y la pobreza porque es muy cierto que más vale barbado vivo que muerto afeitado. A luchar día y noche nunca retroceder porque tiene razón la gente humilde del pueblo cuando afirma que más vale cobarde vivo que valiente muerto. Dios no nos ofrece otra vida, distinta de la nuestra, sino que nos garantiza la salvación de nuestra propia vida