Por:  Pbro. Onofre Peñaranda

Al terminar el Año de la Misericordia, viene como anillo al dedo, el nuevo Código de Policía y Convivencia. Un manual de relación humana que busca una mejor calidad de vida en esta frontera más rajada que yuca asada. Un código para prevenir y garantizar una mayor seguridad.

Un manual de normas básicas que nos puede llevar a los tiempos de la Urbanidad de Carreño, hoy por el suelo como la honestidad de nuestros dirigentes. Es una herramienta necesaria para reencontrar los caminos de la paz duradera. Una buena oportunidad para hacerle frente a la intolerancia y la indiferencia que nos tienen al borde del precipicio. Un reto social que puede llevarnos nuevamente al civismo, ave rara en todas las esferas de la sociedad.

No hay duda, estamos frente a muchos malos comportamientos tanto de chicos como de adultos. Con qué tranquilidad se orina en la calle y se bota la basura en sitios públicos, el popo de las mascotas no se recoge y nos sobran ganas de provocar riñas y hacer ruidos altisonantes. Poco interés para restringir la presencia de los menores en las fiestas y pachangas. Sin ningún control en sitios públicos el consumo de bebidas embriagantes y uso de drogas.

La tentación de la maracachafa está a la puerta. Estas y muchas más bellezas hacen que nuestra Perla del Norte sea una gran cantina y que el desprecio por la vida lleguen a niveles muy altos. Así volveremos hacer de Cúcuta una ciudad viable, de bienestar social y la cultura de la legalidad. Es preciso aprender la lección.

Este mensaje no debe ser letra muerta. Se puede lograr con un poco de esfuerzo. Aunque piensen algunos que es más fácil elevar una cometa con alambre de púa que recuperar el rumbo de las buenas costumbres.

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