Por: Pbro. Onofre Peñaranda

La humanidad ha hecho un gran recorrido para llegar a donde estamos. Sin embargo, el hombre tiende a seguir paradigmas que tienen su origen en épocas feudales. Regresa al imperio de lo primitivo. 

El surgimiento de los medios virtuales ha despertado su conciencia hacia a la aventura del aprender a aprender. Este sueño de poder acceder al conocimiento le ha dado confianza en sí mismo y razones para comunicarse consigo. Pero, a pesar de esto, las ganas de protagonismo, la mentira y la manipulación de algunos encantadores tienden a cerrar la senda de la libertad y el sentido crítico de la razón. 

Estos afortunados carismáticos logran el regreso de tradiciones más antiguas que la pedagogía del palo y el rejo. Por eso, ni cortos ni perezosos, estos bienaventurados con cierto halo de eternidad mueven los sentimientos y emociones, los hábitos y los apuros, dejando el discernimiento en obra negra. 

Recursivos como el más se valen ya de alaridos y pataletas, frases cortas, martillazos y cacerolazos verbales. Tales como: “Jesús te sana,” “ponte en marcha”, “Dios te ve”, “sal espíritu maligno”. También hay voces de la corte celestial: “San Miguel y su espada”, San Rafael y el pez”, “Lionza y padre Pío te protegerán”. 

Con admirables sagacidad saben aprovechar todo tipo de religiosidad elemental, popular y emotiva. No pueden faltar los ungüentos y encendidos, las aguas de 7 iglesias y la sal exorcizada. Logran bucear en las oscuras zonas del subconsciente. Contraatacan las fuerzas de Belcebú y su combo. Hacen su agosto en las gentes sencillas, de los campos y las ciudades, entre desplazados y damnificados por la avalancha de la vida. Saben aprovechar la web, rápida y efectiva para abrir la mente, el corazón y el bolsillo sin que cuente una sana reflexión. 

No hay duda, la iglesia católica ha procurado ser cauta y reservada. Tiene sus hombres de Dios como el P. Pedro que expulsa, controla y previene las arremetidas del demonio, más cansón que aplanadora de pedal. 

Pero, como ve que le invaden el patio, echa mano de música estridente, misotecas, curaciones milagrosas y sanaciones a campo abierto.

Muchos carismáticos de estos se sienten con tantos poderes como el Nazareno. Más, olvidan que Jesús no usó formas rituales, encantamientos o invocación de nombres. Confío en el poder de la fe. No era la sombra de Pedro ni la oración lo que sanaba a los enfermos sino: “todo es posible para el que cree. “ Tu fe te ha curado”. Vete a casa.

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