Por: Pbro. Onofre Peñaranda

Acosados por el calentamiento del planeta y sudando más que cocido de maduro, todo porque hemos descuidado la madre tierra. Somos terriblemente depredadores del medio ambiente, los árboles, el aire y el agua.

Pero, no todo está perdido. La dicha puede no estar lejos. Empecemos por aplicar este proverbio chino:” si quieres ser feliz por un día mata un cerdo. Si por una semana, cásate. Si por toda la vida, cultiva un jardín”. El jardín forma parte del proyecto de agricultura familiar. Se aprovecha el trópico ventana abierta a los colores y los aromas; las mariposas amarillas y el canto de las aves.

Desde luego, muchos viven en la luna y se espantan con las flores. Cultivar un jardín nos involucra en los grandes ciclos de la tierra.

Apreciamos los diferentes periodos de crecimiento y maduración; de muerte y renacimiento en la naturaleza.

La vida del hombre es como la flor del canto, dice la escritura. Cuidemos la vida como se conserva una flor sin ajarla. En el campo de la salud la influencia de la jardinería es poderosa. Previene el estrés. Da equilibrio y serenidad para enfrentarse al día a día y disfrutar a lo lindo de las demás actividades.

No deja que el sistema nervioso se agite con tantas horas de TV. Tampoco deja perder el tiempo, volviéndose mala sangre. De alguna manera deja el mundo un poco mejor que antes. Los estresados no faltan en el templo. Se sienten alienados y aislados.

La precipitación y el desligamiento los hacen intensos e intolerables. Cultivar un jardín o una huerta se convierte en un gozoso ritual cotidiano de comunicación con la vida.

Cambia nuestro modo de pensar y levanta el corazón. Sirve para medir nuestros pasos en el proceso de la existencia, procurando crecer, madurar y renacer en el espíritu.

Puede despertar el sentido de servicio a las personas por las exigencias de la jardinería.

Podemos contemplar la presencia de Dios en una flor en un acto de alabanza que nos unimos al gozo de la creación. Cultivar un jardín nos hace más humanos, por encima de rezos y camándulas, novenas y lecturas.

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