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El mercurio (Hg) es un contaminante tóxico muy conocido y peligroso que afecta directamente los peces en todo el mundo. Un estudio reciente indica que la acumulación de mercurio en los océanos se correlaciona con la marea creciente de la contaminación mundial.

El mercurio no respeta las fronteras nacionales o regionales, puede viajar largas distancias por la atmósfera y se deposita lejos de su fuente original, donde las bacterias lo absorben y lo convierten en una forma muy tóxica, el metilmercurio, que se abre camino en la cadena alimentaria hasta llegar a los seres humanos, devastando especies enteras en su ambiente natural.

Este elemento químico se puede encontrar en la minería del oro artesanal y en pequeña escala se utilizan normalmente grandes cantidades de mercurio para procesar el mineral, a menudo en condiciones de gran inseguridad y peligrosas para el medio ambiente.

En muchos países se desalienta o incluso se prohíbe el uso de mercurio para la extracción de oro. Sin embargo, la demanda de mercurio en los países donde se realiza esta actividad continúa aumentando, sobre todo debido al aumento del precio del oro. Además, el uso de mercurio es generalmente el método dominante y preferido de extracción de oro en este sector, ya que se considera bastante fácil de utilizar y no es costoso.

En Colombia, los incidentes por contaminación mercurial comenzaron a cobrar notoriedad a partir de la emergencia ambiental en la bahía de Cartagena, al comprobarse la presencia de mercurio en aguas, sedimentos y peces. La directora de la organización Educar Consumidores, la médica Esperanza Cerón, afirmó que “este metal produce daño al sistema nervioso central, perturbaciones del comportamiento y lesiones renales, entre otras afectaciones”.