Algo tiene que estar pasando para que Colombia ostente una de las tasas de cesáreas más altas del mundo, sin que esto se refleje de manera directa en los indicadores de la salud y el bienestar materno infantil, al punto de que los partos naturales han dejado de ser la norma para convertirse, casi, en la excepción.

Aunque este fenómeno que muestra su mayor crecimiento desde el 2005 no ha sido uniforme en todas las regiones del país, deja entrever que en departamentos de la costa Caribe, como Atlántico, más de 7 de cada 10 niños llegan al mundo mediante este procedimiento quirúrgico, que, en ese contexto, valga decirlo, diluye los reconocidos beneficios que ha tenido desde siempre.

“Temores de las gestantes, caprichos para forzar la fecha de los nacimientos, riesgos de demandas a los médicos y hasta una forma descarada de negocio figuran entre las causas de esta situación”.

Lo curioso es que todo esto es conocido, esencialmente, por los médicos, quienes deciden la mejor forma como debe ser atendido el parto de sus pacientes, pero que, al parecer, dejan a un lado la evidencia científica para ceder ante factores ajenos a la clínica y deslizarse por este tobogán, a causa del cual hoy más de la mitad de la población nace sin que medie el benéfico trabajo de parto.

Ligereza del cuerpo médico y desconocimiento suyo de los riesgos, carencias en los equipos de trabajo, mitos sobre efectos en el cuerpo de la mujer, temores de las gestantes, caprichos para forzar la fecha de los nacimientos, riesgos de demandas a los médicos y hasta una forma descarada de negocio figuran entre las causas de esta situación, que ya preocupa no solo a las autoridades de salud, por su impacto negativo en la calidad de la atención de la gente y en sus famélicas finanzas sectoriales, sino también a los especialistas.