La verdadera señal eres tú

Hoy el Evangelio nos presenta a Cristo en uno de los momentos más airados, más duro en sus palabras hacia los que le escuchan. Podríamos decir que está reprendiendo con firmeza. Y esa “reprimenda” viene cargada de citas de las Escrituras y de ejemplos sencillos y fáciles de entender. ¿Queréis pruebas?, ¿queréis señales? Estoy delante de vosotros y no me veis ¿qué más señales? Y cita el pasaje de Jonás y de cómo fue atendido tan solo a través de sus palabras, sin “efectos especiales”. Carga duramente contra los que deberían ser ejemplo de la sociedad (los doctores de la Ley y los fariseos) y les pone ante un espejo para que se vean, para que conozcan sus errores... Cuántas veces hemos deseado una señal, cuántas veces hemos dicho o pensado “Dios mío si tú hicieras esto o aquello para que la gente creyera”. Estamos actuando como los judíos de hace dos mil años, parece que Cristo estuviera hablando hoy, en este momento, a nuestra sociedad. 

¿Señales? ¿Prodigios? Miles de muertos en las aguas del Mediterráneo ante nuestra pasividad: guerras interminables por motivos étnicos y religiosos; hambrunas mientras a diario tiramos toneladas de comida... Misioneros dando su vida por los demás; hermanas de vida activa que no abandonan a los perseguidos; hombres buenos que se juegan la vida en el mar rescatando pateras... Gobiernos que actúan como fariseos acogiendo a unos cuantos refugiados; ONG de colorines; imposición de lo “políticamente correcto” para callar conciencias... Y Cristo hablándonos a gritos desde el Evangelio ¿Quieres más señales?

Una vez más la Palabra se nos presenta de plena actualidad, y somos nosotros, NOSOTROS, los que debemos dar esas señales que tanto pedimos. Nosotros somos los que tenemos que ver a Jesús en esas señales de nuestro mundo y los que debemos actuar, ponernos en camino como nuestro Padre Santo Domingo, para corregir nuestra actitud como hicieron los habitantes de Nínive y escuchar, escuchar con el corazón, lo que Dios nos pide. Sin duda este mundo sería mucho mejor si nuestros oídos, nuestra mente y nuestro corazón supieran escuchar la Palabra de Dios y la pusieran en práctica.

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